La verdadera estrella de la Expo

Una tableta de cartón causa sensación y atrae a numerosos visitantes al Pabellón Alemán en la Expo de Milán 2015.

Deutscher Pavillon Expo 2015/B. Handke - Expo Milano 2015

La primera mitad de la Expo Milán 2015 ya ha pasado. El balance de Alemania es muy positivo. “La afluencia de público es enorme; la atmósfera en el recinto ferial, magnífica y el Pabellón Alemán es visitado por numeroso público. Para la Gazzetta dello Sport, uno de los periódicos más importantes de Italia, el Pabellón Alemán es incluso el mejor de la Expo, dice Dietmar Schmitz, comisario general del Pabellón Alemán, del Ministerio Federal de Economía y Energía (BMWi). Las cifras de visitantes en los dos primeros meses en la Expo en total –más de seis millones– subrayan el buen porcentaje del Pabellón Alemán, que recibe unos 12.000 visitantes por día.

Una tableta de cartón: ¿cómo funciona?

La verdadera estrella de la Expo es un simple pedazo de cartón. Cada visitante lo recibe al entrar al Pabellón Alemán. Mide plegado en dos veinte por diez centímetros y al abrirlo, se ve un papel blanco con un par de puntos en el borde superior. Un par de pasos más adelante, sin embargo, el extraño cartón despierta a la vida. En el papel comienzan a verse imágenes y textos. Como en una tableta digital. ¿Cómo funciona? El dispositivo en sí, llamado SeedBoard, no lleva electrónica. Lo que el visitante tiene en la mano es una superficie de proyección. En un medio lo transforman los puntos en el borde, ya que sirven de marcas. El verdadero secreto de la técnica cuelga de los cielorrasos de las salas de exposición. Cada objeto virtual expuesto es prácticamente una vitrina invisible, sobre la que se halla una cámara infrarroja. Esta identifica los puntos de los SeedBoards y registra con exactitud milimétrica su posición en el espacio. Esa información es enviada a un sistema de computación que analiza los datos, los interpreta y a partir de los resultados comanda a su vez un proyector, que envía imágenes y textos a los SeedBoard abiertos.

Las representaciones son muy dinámicas. Las cámaras no solo registran la ubicación, sino también todo cambio de posición del dispositivo de cartón. Se lo puede ver muy bien, por ejemplo, en una presentación del ecosistema suelo, dice Thomas Frenzel, director del Laboratorio de Innovaciones de la agencia de comunicación Milla & Partner, de Stuttgart, que desarrolló el Seedboard especialmente para esta ocasión. “Moviendo hacia arriba y hacia abajo la superficie de proyección, los objetos expuestos pueden observarse en tres dimensiones”. Capa tras capa, centímetro tras centímetro. En otros lugares se proporciona información en varios cuadros explicativos virtuales sucesivos. El observador puede pasar las páginas como en un libro. Para ello solo necesita inclinar algo su Seedboard.

Pero, ¿cómo reconoce el sistema qué idioma prefiere el visitante? También en ese caso, decisivos son los puntos. Su número no es siempre el mismo. Cada SeedBoard tiene por lo menos cinco, pero algunos tienen seis, siete e incluso ocho. Las cámaras infrarrojas reconocen esa diferencia. El número de puntos es la clave de reconocimiento. Ocho, por ejemplo, significa: la persona quiere ser informada en francés. La preferencia de idioma es preguntada al entregarse el SeedBoard. Por razones técnicas y financieras solo pudieron ser tenidos en cuenta cuatro idiomas, dice Thomas Frenzel: alemán, inglés, italiano y francés. El nombre del dispositivo fue elegido con cuidado. “Hay que recoger ideas y estas deben germinar luego en las cabezas de los visitantes”, dice Frenzel. Como semillas, en inglés, seeds.

Visitantes de exposiciones tendrán en el futuro contacto más asiduamente con el SeedBoard. Se lo seguirá desarrollando y usando. Por ejemplo en la pedagogía museística, donde puede abrir nuevas perspectivas. “Exposiciones de contenidos no interactivas a menudo no llegan al visitante”, dice Frenzel. El Seedboard, por el contrario, es una llave perfecta para los cerebros.

Expo Milán 2015, sobre el tema “Alimentar el planeta, energía para la vida”, hasta el 31 de octubre de 2015 

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