Ganas de sumergirse

El “Año de la Ciencia – Mares y Océanos” centra la mirada en una investigadora extraordinaria: Antje Boetius explora por barco nuevos mundos.

Si se sumaran todas las expediciones y salidas que ha hecho, Antje Boetius habría pasado varios años en barcos. Ha viajado con frecuencia en el rompehielos de investigación Polarstern por la banquisa ártica y ha explorado volcanes de lodo en el Mediterráneo. Ha estado en el mar Negro y mar adentro en el Pacífico. Ha descendido decenas de veces con submarinos hasta la lejana oscuridad, donde a la luz de los focos ha visto pálidos peces abisales, coloridos pepinos marinos, extravagantes gusanos gigantes y delgadas estrellas serpiente. Antje Boetius es bióloga marina. El tema que encabeza su investigación es el papel del fondo marino y sus habitantes en la vida del mar y de todo el planeta. Presta especial atención a los microorganismos abisales, que si bien son diminutos, influyen con su metabolismo incluso en el clima de la Tierra.

Antje Boetius denomina su labor “investigación de descubrimiento“. Desea entender la diversidad de los sistemas ecológicos y la distribución de los seres vivos en regiones desconocidas. No es una investigadora aislada en su torre de marfil. Dirige el equipo puente de Ecología y Tecnología Abisales entre el Instituto Max Planck de Microbiología Marina de Bremen y el Instituto Alfred Wegener de Investigación Polar y Marina de Bremerhaven. Además es catedrática de Geomicrobiología en la Universidad de Bremen y vicedirectora del clúster de excelencia The Oceans in the Earth System del Centro de Ciencias Medioambientales Marinas de Bremen (Marum).

Supo que quería ser oceanógrafa desde muy temprano. Su familia solía pasar las vacaciones en el mar. Cuando tenía doce años, recibió de su padre un pequeño equipo de exploración: una estación de meteorología, unos prismáticos, una lupa estereoscópica y una pequeña centrifugadora. Quería estudiar en Hamburgo, donde hay muchos barcos y el mar al alcance de la mano. Quería experimentar el mar como investigadora.

En el ámbito científico, Antje Boetius se ha dado a conocer mediante varias publicaciones. Presentó su primer gran artículo en la revista Nature a principios del milenio. En aquel entonces, las reservas de metano en el mar eran un gran tema. El hidrato de metano es un compuesto sólido semejante al hielo consituido por agua de mar y metano, que se forma a grandes profundidades y bajas temperaturas. Esta sustancia es interesante porque podría suponer una nueva fuente de energía. Por otro lado se teme que el hidrato se derrita debido al calentamiento global y el metano, un potente gas efecto invernadero, ascienda a la atmósfera desde el fondo del mar. Para Antje Boetius, los hidratos de metano eran interesantes porque están densamente poblados por extraños gusanos, moluscos y muchos microorganismos. Nadie sabía entonces de qué vivían estos animales, puesto que no se conocía ninguno que aprovechara directamente el metano.

Antje Boetius es curiosa. “Cambio de tema cada cinco años más o menos“, dice. Y esta cualidad le fue muy útil en aquel entonces. Acababa de centrarse en las nuevas técnicas para investigar bacterias. Junto con su compañera, estudió con más detenimiento las bacterias de los hidratos de metano y dio en el blanco. Se trata de dos grupos distintos de microorganismos que, en simbiosis, transforman el metano en composiciones muy energéticas, poniendo así alimento a disposición de los animales de forma indirecta y creando la base para la vida en los hidratos de metano. Esta noticia supuso una sensación en el ámbito científico.

Antje Boetius profundiza y se entrega. “Siempre tengo ganas de asumir nuevas tareas“, explica. “Hay que darle una oportunidad al azar para encontrar una”. Y eso es lo que hizo ya durante la carrera. Tras hacer la selectividad viajó a Hamburgo para preguntar al conocido investigador de aguas abisales Hjalmar Thiel cómo podía convertirse en oceanógrafa. Este, en un principio, frenó sus expectativas y le aconsejó que volviera a pasarse tras los exámenes de mitad de carrera. Así lo hizo. Asistió a todas las clases e hizo su primer viaje de investigación. En algún momento, Thiel le preguntó si no tenía ganas de pasar un año en 
EE. UU., había un puesto libre en el Instituto Scripps de Oceanografía. Antje Boetius no se lo pensó dos veces e hizo las maletas para irse a EE.UU., donde además de trabajar hizo todas las prácticas y cursos posibles, de modo que en Hamburgo le convalidaron lo que le quedaba de carrera con el tiempo que pasó en Scripps.

 

Hoy también espera iniciativa propia de sus más de 60 empleados. Entretanto, coordina numerosas expediciones como directora científica. De Hjalmar Thiel y sus compañeros ha aprendido que a bordo hay que trabajar duro para realizar todas las operaciones y extracciones de muestras en poco tiempo. “Aun así se encuentran momentos para celebrar y bailar“, por eso, además de la botas de agua, siempre lleva a bordo unos zapatos. Mientras habla, uno percibe lo mucho que le entusiasma su trabajo. Además, le gusta contagiar ese entusiasmo. Responde a todas las preguntas, ya sea para la televisión, la radio, podcasts o la prensa. Especialmente le gusta tratar con niños que preguntan, por ejemplo, cómo pueden ser oceanógrafos o cuánto dinero se gana siéndolo. Guarda las cartas de los niños en un archivador. Le encanta conversar con ellos porque los niños le recuerdan a sus comienzos como científica y porque “esa curiosidad innata por todo es algo decisivo“.

Desde 2015, es la encargada de la divulgación científica como ­directora del comité de dirección de “Wissenschaft im Dialog” (Ciencia en diálogo), una iniciativa de las organizaciones de investigación alemanas que se ocupa de trasladar la ciencia hasta la opinión pública, especialmente en el marco del Año de la Ciencia 2016*17 – Mares y Océanos que han organizado conjuntamente el Ministerio Federal de Educación e Investigación y Wissenschaft im Dialog. “Aún se habla demasiado poco de que los océanos ocupan la mayor parte del planeta Tierra y de lo importantes que son para nuestra vida en la Tierra“, afirma 
Antje Boetius. Para ella está claro: “Tenemos que explicar nuestras investigaciones a todos los niveles”. Lo que más le atrae de su trabajo en Wissenschaft im Dialog es poder reunirse con ­todos los divulgadores científicos de todos los centros de investigación alemanes para plantearnos cómo entusiasmar aún más a la gente por la ciencia. Ella va dando ejemplo. En Internet se encuentran vídeos en los que explica con gancho su trabajo y la investigación en las aguas abisales. Por tanto, es fácil divulgar la ciencia, solo hay que salir y contar historias sobre la investigación como lo hace Antje Boetius. ▪