“Impulsos tecnológicos”
Wolfgang Schuch, director del Instituto Fraunhofer en América del Sur, sobre el difícil comienzo y vacunas para salmones.
Sr. Schuch, en 2011 fue inaugurado el “Fraunhofer Chile Research” (FCR) como primer Instituto Fraunhofer en América Latina. ¿Por qué debe estar presente la Sociedad Fraunhofer con institutos propios en el exterior?
Nuestra visión fue apoyar a las empresas alemanas con investigación y desarrollo, como lo hace la Sociedad Fraunhofer en Alemania. La pregunta de cómo puede funcionar en Chile y por qué estamos representados aquí con un instituto propio es legítima. También se la plantea la Sociedad Fraunhofer. Por eso existen claras directivas: primero trabajar con empresas alemanas, en tanto sea posible. Segundo, cooperar con empresas de otros países europeos. Tercero, trabajar junto con talentosos investigadores locales y crear innovaciones para el entorno.
¿Por qué fue elegido Chile para crear el primer instituto en América Latina?
Chile es uno de los más modernos y estables países de la región. No hay corrupción, el sistema político y económico es abierto y democrático. Además, el Gobierno estuvo dispuesto a poner a disposición una financiación básica. Nuestro contrato a diez años es un buen punto de partida para demostrar que el modelo Fraunhofer también es aplicable aquí.
¿Cuáles son sus socios en la investigación?
Investigamos en cuatro áreas, en las que cooperamos con diferentes socios. En el área de la agricultura lo hacemos con la Universidad de Talca. Con la Universidad Católica de Valparaíso investigamos conjuntamente sobre energías renovables y bioenergía. Además tenemos un programa de acuicultura, en el que el principal socio es la Fundación Chile. Con la Universidad Andrés Bello llevamos adelante un proyecto de nanomedicina. Las universidades chilenas poseen un gran potencial. Es un grupo pequeño, pero están altamente especializadas. Además cooperamos con otras organizaciones de investigación.
¿Cuán grande es Fraunhofer Chile Research?
Comenzamos con cuatro o cinco colaboradores, hoy FCR da empleo a más de 90 personas de siete países. La mayoría son chilenos, pero también científicos de Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y otros países de América Latina vienen al FCR debido a las buenas condiciones de investigación que ofrecemos. Logramos crear una gran organización que ahora está en condiciones de cooperar con la industria local.
¿Cuán difícil fue llegar a ese punto?
Los primeros años los debimos dedicar al desarrollo de nuestra infraestructura. Al comienzo no teníamos gente propia ni contactos. Hoy tenemos una serie de contratos con empresas en estado de negociación o ya firmados.
La economía de Chile es exitosa, pero se limita a unos pocos sectores, como por ejemplo la minería y la cría de salmón. ¿Desea desarrollar nuevas soluciones para sectores de negocios ya existentes o confía en hallar interesados en innovaciones para nuevas áreas?
Ambas cosas. Trabajamos para dar impulsos tecnológicos, por ejemplo en la nanomedicina. Por otro lado atendemos también las necesidades de las empresas locales. Es cierto que la economía chilena se concentra en unos pocos sectores y es por ello vulnerable, como se ve en la cría del salmón.
Que fue seriamente afectada por enfermedades de los peces…
Enfermedades virales causan pérdidas en muchos sectores. La industria del salmón es un claro ejemplo. Actualmente buscamos una solución a ese problema específico, pero nuestro objetivo es poner a disposición tecnologías de defensa contra enfermedades sobre una ancha base. Los resultados de nuestras investigaciones sobre prevención pueden ser aplicadas por ejemplo también en el caso de los vacunos y las aves.
¿Qué soluciones desarrolla?
Recurrimos a análisis computarizados para identificar virus peligrosos. Sobre la base de esos conocimientos podemos desarrollar vacunas y evitar grandes irrupciones de enfermedades. El enfoque es sencillo: ¿dónde puede bloquearse el proceso para detener el crecimiento de un organismo peligroso? Nuestro grupo de investigación en Valparaíso halló un método para hacerlo.
Volvamos al “impulso tecnológico” que quiere lograr. ¿Qué otros temas, además de la nanomedicina, pueden ser importantes para el futuro?
Una de las tecnologías más demandadas en el futuro será la informática. Por eso es fantástico que estemos aquí. Chile posee un sector de TI activo, con muchas pequeñas y medianas empresas y algunas grandes e internacionales. Además crece la demanda de energía en América Latina. Por eso intentamos incluir también al Fraunhofer ISE, el Instituto Fraunhofer de Sistemas de Energía Solar.
¿Hay en América Latina enfoques de industria 4.0?
La idea acaba de llegar. Junto con el Instituto Fraunhofer de Sistemas de Comunicación Abiertos (FOKUS), en Berlín, desarrollamos desde Chile un primer proyecto en relación con “edificios inteligentes”, en los que se ahorra energía y los sistemas de seguridad y comunicación se hallan interconectados.
¿Planea extender sus actividades a otros países latinoamericanos y puede el FCR ser incluso un modelo para la creación de otros institutos?
Gracias al entorno que nos apoya en Chile, esperamos estar en condiciones de ayudar a empresas en toda la región. Ya han llegado solicitudes de otros países. Estamos negociando, por ejemplo, con una asociación agrícola de Uruguay en relación con un proyecto para la mejora de semillas. El modelo Fraunhofer se necesita en muchos lugares. Con otro país latinoamericano desarrollamos conversaciones con miras a una más intensa cooperación. ▪
Entrevista: Helen Sibum
El Dr. Wolfgang Schuch es director de Fraunhofer Chile Research (FCR), Santiago de Chile. Anteriormente fue presidente de una empresa asesora en biotecnología. Schuch estudió en Tubinga y se doctoró en genética en la Edinburgh University.