Adiós al buen chico

De objetor de conciencia a hombre de mundo: Daniel Brühl se ha consolidado en el cine internacional.

picture-alliance/dpa - Daniel Brühl as Niki Lauda

Al cine le encanta el perdedor, pero, en la película “Rush”, que muestra el duelo que mantienen durante muchos años dos pilotos de carreras, ¿quién es el perdedor? James Hunt, el personaje interpretado por Chris Hemsworth, un esbelto playboy de melena rubia, conquistadora sonrisa juvenil y apariencia rebelde; o Niki Lauda, interpretado por 
Daniel Brühl, un hombre más bien pequeño y pedante de rostro amargado, que prefiere irse pronto a la cama para dormir bien y sacar el máximo rendimiento de su equipo. La respuesta de la película –y este es uno de los secretos de su éxito– es que ambos son a su modo perdedores que luchan contra sus respectivos demonios interiores y adversidades externas.

“Rush” es un triunfo para Daniel Brühl como actor. Su Niki Lauda resulta al principio antipático y puntilloso, la perfecta imagen detestable para que Hemsworth quede mejor en su papel de Hunt. Pero a lo largo de la película Lauda va ganándose el respeto de los espectadores. Es su personaje, con todas sus contradicciones, el que al final engancha al público. Y es mérito de Brühl que el personaje que en realidad es el secundario se convierta así en un protagonista que está a la misma altura que el héroe de pantalla de Hunt. Si se les da crédito a los pronósticos correspondientes, Brühl tiene muchas posibilidades de ser nominado al Oscar como mejor “Supporting Actor”.

Más de un espectador alemán se restregará los ojos y se preguntará si ese es realmente Daniel Brühl. No solo porque, gracias al buen trabajo de caracterización de los maquilladores, se le podría confundir con Niki Lauda tanto antes como después de su trágico accidente en Nürburgring en 1976, sino también porque por primera vez se le ve como a un hombre adulto. Y es que, la mayoría del tiempo, la imagen de Brühl ha estado caracterizada por el papel que le hizo famoso de la noche a la mañana a principios de siglo: el del joven que presta el servicio civil sustitutorio en la película de Benjamin Quabeck “Nichts bereuen” del año 2001. En 2004 se estrenó “Los edukadores”, en la que interpreta a un joven idealista que se las da de revolucionario, pero al que a veces parece interponérsele en el camino su propio carácter afable. En resumen, la imagen de un joven realmente simpático, buen chico, pero también un poco aburrido.

Autenticidad y naturalidad eran cualidades muy solicitadas en el floreciente cine joven alemán del momento y él las poseía. No contaba con formación clásica de arte dramático. De joven, Brühl acumuló experiencia, por ejemplo, participando en la serie del canal de televisión ARD “Verbotene Liebe”. Sabía combinar el encanto de la naturalidad con la dosis adecuada de timidez y torpeza, algo que siempre hacía que resultase fácil identificarse con él. Lo mismo puede decirse de su papel de fiel y protector hijo en ”Good Bye, Lenin!”. La película se convirtió en un inesperado éxito de taquilla con nueve millones de espectadores en la UE. Con ello se convirtió en el rostro más representativo del cine alemán de entonces, aun cuando la etiqueta de “típico alemán” siempre haya sido la errónea para Brühl que nació en Barcelona en 1978, hijo de un director de televisión alemán y una maestra española, y se crió en Colonia. Además de alemán, español y catalán, habla francés e inglés con fluidez.

Cuando la oferta de personajes del cine alemán le resultó muy aburrida, trabajó en el cine español. El papel principal en la película “Salvador” le hizo cosechar el reconocimiento de todos en su país natal: según él mismo, allí muchos omiten casi por completo su lado alemán. Pero es una cuestión de perspectiva, como él admite: “Mi lado español está dividido entre catalán y andaluz. Y de los catalanes en España dicen que son como los alemanes”. Pero Brühl no se limitó a España. ­Sus actuaciones más destacadas antes de “Rush” fueron en “El ultimátum de Bourne” y en “Malditos bastardos” de Tarantino, en la que interpretó el papel del inocente y torpe francotirador alemán Fredrick Zoller.

„Rush“ supone el inicio de una etapa muy importante para el actor, que entretanto ha cumplido 35 años, porque por primera vez interpreta un papel que se aparta de los personajes que ha encarnado hasta ahora. El papel del amargado Lauda es a primera vista un trabajo ingrato. Lo que Brühl consigue sacar del personaje es una muestra de complejidad con la que demuestra tener ambición y estar dispuesto a correr riesgos.

Peter Morgan, el guionista de “Rush”, declaró hace poco a LA Times: “Si Daniel fuera un actor americano o británico, hace tiempo que sería conocido por todos, no solo por su talento como actor, sino por cómo es él: 
tenaz, muy inteligente, equilibrado, razonable... una persona lo suficientemente compleja como para estar a la altura del más complejo de los personajes”.

Con el gran éxito de “Rush”, Brühl parece haberse consolidado definitivamente en el cine internacional. A esto contribuye también que su actuación en la película biográfica de Julian Assange “El quinto poder” (basada en el libro “Inside Wikileaks”) haya sido destacada positivamente, mientras que la película, por lo demás, ha sido valorada críticamente. Brühl interpreta al informático alemán antiguo portavoz de 
Wikileaks Daniel Domscheit-Berg. En realidad, en la película debía lucirse Benedict Cumberbatch, que encarna a Assange, pero ha resultado ser una nueva plataforma promocional para Daniel Brühl.

Del joven que prestaba el servicio civil sustitutorio de aquel entonces apenas queda nada. El próximo proyecto del cosmopolita Brühl es la adaptación cinematográfica de la novela de Daniel Kehlmann “Yo y Kaminski” por parte de Wolfgang Becker y en la adaptación de una novela de John-Le-Carré por el holandés Anton Corbijn. Además, desarrolla otros talentos: en 2012, publicó “Un día en Barcelona”, una guía de viaje personal para recorrer su segunda ciudad de residencia, Barcelona, a la que va y viene con regularidad desde Berlín. ▪