Ciudad de los Derechos Humanos

Núremberg asume su pasado y quiere ser ejemplo de compromiso y humanidad.

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Núremberg le agradó a Evelyn Konrád. El Castillo Imperial, la antigua cultura, “eso nos falta naturalmente en los Estados Unidos”. Pero, subraya, lo que más la impresionó fue que “Núremberg defienda tanto los derechos humanos”. No lo sabía, agrega, y lo divulgará en su país. El episodio conmovió recientemente a Núremberg. Sobre todo por una razón: Evelyn Konrád tiene 84 años de edad y su visita a Núremberg en enero de 2013 fue la primera desde que abandonó la ciudad a los tres años. Debió abandonarla. Su padre, Jenö Konrád fue de 1930 a 1932 entrenador del entonces famoso club de fútbol 1. FC Núremberg. Y era judío, por lo cual el libelo periódico antisemita “Der Stürmer” atacó despiadadamente al exintegrante de la selección húngara de fútbol. Konrád se marchó. Emigró a Estados Unidos junto con su esposa, Evelyn, y su hija, Grete. El panfleto, hoy amarillento por el paso del tiempo, se halla expuesto en el pequeño museo del club de fútbol.

Adolf Hitler transformó a Núremberg en la ciudad de los congresos del partido nazi. Por ello, Núremberg es relacionada más que otras ciudades con el nacionalsocialismo. Y por ello se esfuerza más que otras ciudades por analizar críticamente su pasado. Núremberg desea ser una ciudad de la paz y los derechos humanos. La primera frase de la declaración de principios que formuló en 2001 reza: “Debido a la particular responsabilidad histórica de Núremberg, nos comprometemos con la defensa activa de los derechos humanos”.

La responsabilidad histórica marca a Núremberg. Los restos de los delirios de grandeza de Hitler aún pueden verse: en el antiguo recinto de los congresos del partido se halla la Tribuna Zeppelin, desde la que Hitler encantaba a las masas. En la Sala de Congresos, nunca terminada, está albergado desde hace once años el Centro de Documentación Recinto de los Congresos. Más de un millón de personas lo han visitado ya. En Núremberg se discutió una y otra vez si es correcto conservar las ruinas nazis. Solo para la conservación de la Tribuna Zeppelin son necesarios 75 millones de euros. “Son lugares claves de la historia del siglo XX”, dice Hans-Christian Täubrich, director del Centro de Documentación, por lo cual no duda de que las construcciones deban ser conservadas. Agrega que sobre todo del exterior recibe muchas cartas en las que los remitentes exigen justamente eso.

Las convenciones del Partido Nacionalsocialista y las Leyes de Núremberg sobre la raza, con las que Hitler cimentó jurídicamente en 1934 la persecución y discriminación de los judíos y a las que Täubrich califica de “ruptura de la civilización”, transformaron a Núremberg en un “lugar de hechos criminales”, como lo formuló Ulrich Maly, primer alcalde de la ciudad. Núremberg asume esa responsabilidad. Pero parte de la historia son también los Procesos de Núremberg, llevados a cabo en cabo en 1945 y 1946, un hito en el derecho penal internacional. La sala 600 del Palacio de Justicia de Núremberg, en la que fueron condenados los dirigentes nazis, continúa siendo una sala de audiencias. Una parte del banquillo original de los acusados se halla hoy en el ático del Palacio de Justicia, donde en noviembre de 2012 fue abierto el “Memorium Procesos de Núremberg”: una exposición en la que se informa sobre los procesos y sus consecuencias, que llevan hasta la creación de la Corte Penal Internacional, en La Haya. Actualmente se está creando la “Academia Internacional Principios de Núremberg”, que aspira a seguir desarrollando los “Principios de Núremberg”, surgidos en los procesos y que se transformaron en base para el derecho internacional.

La oficina de Martina Mittenhuber, directora de la Oficina de Derechos Humanos de la ciudad de Núremberg, es el corazón de las actividades de defensa de derechos humanos de la ciudad. En una pared cuelga un galardón de la UNESCO, del año 2000, por “Human Rights Education”. “Núremberg logró transformar un difícil legado histórico en una tarea positiva para el futuro”, dice la historiadora Mittenhuber, y explica por qué Núremberg es la única ciudad alemana que mantiene una oficina de derechos humanos. Todo comenzó en 1955 con el Premio de Derechos Humanos que la ciudad otorga desde entonces cada dos años. El objetivo era crear un símbolo: que de Núremberg nunca más saldrían otras señales que de paz. El premio estuvo pensado también como protección a los galardonados en peligro por su compromiso con los derechos humanos. El primer premio, en 1995, fue otorgado al ruso Sergei Kovaliov, por su clara postura contra la guerra de Chechenia. En 2013 es premiada Kasha Jacqueline Nabagesera, de Uganda, por su lucha contra la homofobia.

“Ya en los comienzos quedó claro que la defensa de los derechos humanos no solo debía tener efectos hacia afuera, sino también hacia adentro”, dice Martina Mittenhuber. Así surgió la Oficina de Derechos Humanos. Sus efectos hacia adentro significan, por ejemplo, que todos los funcionarios municipales deben asistir a cursos de educación en derechos humanos. “Queremos generar un determinado comportamiento, tratar con respeto a todos los seres humanos”, agrega. Núremberg es también el único municipio que ha creado una Autoridad Antidiscriminación. Martina Mittenhuber y sus cinco colaboradores se ocupan de cuestiones que afectan a refugiados, luchan contra el extremismo de derecha y desarrollan principios de ética en el cuidado de ancianos y enfermos. “Llevamos la defensa de los derechos humanos a la sociedad”, dice, “y en ello somos la vanguardia en Alemania”. La defensa de los derechos humanos también es visible. Son, por ejemplo, los casi 70 árboles ginkgo plantados en toda la ciudad, que representan los artículos de la Declaración Universal de los DD. HH. Y quien visita el Museo Nacional Germánico, atraviesa primero la Calle de los Derechos Humanos, una obra del artista israelí Dani Karavan. Columnas blancas bordean el camino. En cada una de ellas está grabado un artículo de la Declaración Universal de Derechos Humanos en alemán y en un segundo idioma. En la primera columna se lee: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. En ídish.

También Evelyn Konrád lo leyó y quedó conmovida, dice. No critica a la ciudad, de la que casi no tiene recuerdos. Sus padres fueron muy felices en Núremberg. Hasta que fueron echados. Aunque echados no es la palabra correcta, agrega: “fue la voz de los nazis, no la voz de la ciudad”. ▪