Un lugar para seguir siendo quien soy

Antonio Skármeta huyó en 1973 de Chile a Berlín Oeste. Más tarde vivió de nuevo en Alemania como embajador de su país.

La novela de Antonio Skármeta “Ardiente impaciencia” fue un homenaje al Premio Nobel Pablo Neruda. La versión cinematográfica “Il Postino” (“El cartero”) confirió fama internacional al autor. Su vida ha sido similar a la del hombre a quien él describe: al igual que Neruda, Skármeta fue diplomático. Ambos apoyaron a Salvador Allende, quien fue depuesto en 1973 por el Gobierno militar de Augusto Pinochet. Neruda murió doce días después del golpe. El joven Skármeta de 35 años huyó de Chile con rumbo a Europa.

Sr. Skármeta, usted se exilió en Berlín Occidental. ¿Por qué justamente allí?

Me ofrecieron una beca del programa para artistas de Berlín del Servicio de Intercambio Académico Alemán. Más tarde tuve la oportunidad de traer a mi familia a Alemania. Fue una época muy intensa no solo emocionalmente sino también en lo relativo a mi trabajo creativo.

En Berlín Occidental usted vivía como en una isla rodeada de otra dictadura. ¿Cómo se sentía en esa situación?

Lo bueno de Berlín Occidental era su ambiente alegre, liberal y cosmopolita. Aunque la experiencia del exilio fue dolorosa, gracias a las inmensas oportunidades y numerosas actividades culturales pude seguir creciendo como artista en Berlín y siendo yo mismo. También mis colegas artistas alemanes nos trataron a los exiliados chilenos de forma muy cálida y empática.

¿Cómo veía entonces a la República Democrática de Alemania?

Nuestra percepción era ambivalente y estaba fuertemente 
influenciada por nuestra propia situación. Por un lado, el gobierno de Alemania del Este ofrecía refugio a muchas familias chilenas y abordó de un modo diferente las consecuencias del drama en Chile. Al mismo tiempo, los chilenos de izquierda 
estábamos desilusionados por la fatal existencia fatal del Muro y la rígida política de la República Democrática de Alemania para con su población.

¿Pensó alguna vez que sería posible la reunificación alemana?

No de la forma decidida, clara y pacífica en que sucedió. Pensé que sería un proceso largo y difícil. Pero la caída del comunismo en Europa del Este fue una fuerza global que aceleró el proceso.

¿Veía paralelismos entre los cambios políticos en Alemania y en su patria?

En el proceso de transición pacífica a la democracia hay sin 
duda un interesante paralelismo. Pero por lo demás los dos regímenes tenían poco en común.

En 2000 regresó a Alemania como embajador de Chile. ¿Cómo vio entonces a la Alemania unida? ¿Qué le llamó más la atención?

La energía y el entusiasmo con que los alemanes encararon la tarea de conducir a los nuevos estados federados al mundo moderno. La madurez y sensibilidad para enfrentar obstáculos y voces críticas. El inmenso ingenio arquitectónico con el que Berlín ha sido transformado en una ciudad que luce de formas tan múltiples. Berlín se ha convertido en un polo de atracción para 
jóvenes de todo el mundo que encuentran allí un amplio espacio para una vida alternativa y vanguardista.

La reunificación alemana cumple en 2015 su 25º aniversario. A su juicio, ¿cómo ha superado Alemania este proceso? ¿Qué queda por hacer?

La unidad fue y sigue siendo un gran reto, pero mi impresión es en general positiva. La preocupación inicial acerca de las dificultades de una integración inmediata de un estado nacional en otro estaba en principio justificadas, pero resultaron, en su dimensión final, exageradas. Lo que queda por hacer es hacer más visible los elementos de la cultura alemana en la vida cotidiana de los ciudadanos y no solo conservarlos en bibliotecas, museos, monumentos y teatros.

Entrevista: Helen Sibum