Una asociación con altibajos

Una conversación con Detlef Nolte, director del Instituto GIGA para Estudios sobre América Latina de Hamburgo.

Cuando cayó el Muro en Alemania, varios países de América Latina atravesaban también situaciones de cambio político. En Chile, Paraguay o Nicaragua, por ejemplo, también se producían señales de cambio. ¿Es por ello que la mirada se dirigió desde allí de forma especial hacia Alemania? Y, ¿cómo han evolucionado las relaciones entre América Latina y Europa en los últimos 25 años? Una conversación con Detlef Nolte, director del Instituto GIGA para Estudios sobre América Latina.

Profesor Nolte, ¿cómo se percibió la reunificación alemana en América Latina?

Se contempló dentro del contexto más amplio del fin del conflicto Este-Oeste, que sin duda tenía repercusiones para América Latina. En Centroamérica, por ejemplo, muchos conflictos internos se solapaban con el conflicto Este-Oeste. Aun así, la gente en América Latina evidentemente supo de la reunificación y se preguntaba qué consecuencias tendría. Se temía que Alemania, en un principio, solo se ocupara de sí misma. Y, en cierto modo, así ha sido.

¿En qué sentido?

Cuando se produjeron los grandes procesos de privatización en América Latina en los años 1990, las empresas alemanas apenas participaron. Estaban más bien ocupadas con la reunificación, además, las perspectivas en el espacio europeo recién ampliado eran en un primer momento más interesantes, especialmente para las empresas medianas. Las multinacionales alemanas, por el contrario, ya estaban presentes en América Latina antes de 1990 y lo siguen estando. Alemania siempre ha tenido buenas relaciones económicas con América Latina, en ese ámbito existe una gran continuidad desde los años 1950.

¿Cómo ha evolucionado la relación?

Siguiendo un movimiento ondulatorio. La concentración temporal de Alemania y Europa en sí mismas hizo que en América Latina aumentara la cooperación con Estados Unidos. A finales de los años 1990, los europeos se dieron cuenta de que quizás estaban perdiendo a un socio. En paralelo a la Cumbre de las Américas se puso en marcha la Cumbre UE-América Latina. No obstante, entretanto ambas regiones han vuelto a alejarse un tanto debido a que hay un nuevo actor en la escena política internacional. China es ahora el socio comercial más importante de muchos países latinoamericanos.

La Unión Europea apostó durante mucho tiempo por grandes alianzas como Mercosur, pero después tendió más bien a acuerdos bilaterales. ¿Cuál es la tendencia actualmente?

La Unión Europea tiene acuerdos con la mayoría de las organizaciones regionales, como el Sistema de la Integración Centroamericana, la Comunidad del Caribe y la Comunidad Andina. Será interesante ver si el acuerdo de libre comercio con Mercosur llega a firmarse o si se siguen firmando más acuerdos bilaterales, con Brasil, por ejemplo, con el que la UE ya ha consolidado una asociación estratégica. Lo que ha cambiado en los últimos 25 años es el peso de los países dentro de América Latina. Brasil es notablemente más dominante que en 1990; y Colombia también ha cobrado más relevancia. La importancia relativa de Argentina, sin embargo, ha disminuido.

¿Sigue siendo la UE un modelo de integración para Latinoamérica?

A principios de los años 1990, efectivamente, Europa era un ejemplo a seguir en América Latina, pero ahora ya no tanto. Si bien los latinoamericanos también han impulsado procesos de integración, estos se diferencian del amplio modelo europeo que implica la cesión de derechos soberanos. El atractivo del modelo de la UE ha vuelto a disminuir con la crisis actual.

Hoy en día existe un mayor intercambio en las áreas de educación e investigación. Un ejemplo es el programa brasileño de becas “Ciencia sin fronteras”. ¿Constituye este un modelo con futuro?

Alberga sin duda posibilidades. En los años 1960 era muy popular entre la elite latinoamericana ir a estudiar a Europa. Las elites económicas de hoy en día, por el contrario, reciben su formación en EE. UU. Pero esto ha vuelto a equilibrarse un poco. Europa vuelve a ser un socio interesante, sobre todo cuando existen atractivas ofertas de becas. Las escuelas alemanas en el extranjero también son un punto en el que debería trabajarse para despertar el interés por Alemania entre la gente joven de América Latina.

Entrevista: Helen Sibum