“Hay ­crisis, pero no en ­Europa”

Filippo Grandi, Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, sobre cuestiones de migración y huida, y la politización del debate.

Filippo Grandi
Filippo Grandi conoce la realidad de la vida de los refugiados REUTERS/Thomas Mukoya

Filippo Grandi trabaja desde hace tres décadas y media con refugiados. Hablamos con el Comisionado de las Naciones Unidas para los ­Refugiados en Ginebra.

Señor Grandi, Europa lleva años hablando de la ­crisis de los refugiados. En su opinión, ¿hay ­realmente una crisis?

Sí, hay una crisis, pero no en Europa. Hace poco estuve en África, y ahí sí hay una crisis. Y no solo una, sino muchas. Los países pobres del mundo acogen a más del 80 por ciento de todos los desplazados por la violencia. Europa experimentó un fuerte aumento del número de refugiados en 2015 y 2016, inicialmente como resultado de la guerra civil siria. El empeoramiento de la situación en Siria y la disminución del apoyo a los refugiados en los países vecinos creó un mercado para los traficantes de personas. Europa ha tenido un sistema de asilo muy bueno durante décadas, pero fue concebido para acoger a pocos refugiados. Cuando este sistema colapsó, Europa tuvo la percepción de una crisis mucho mayor que la situación real.

¿Ha aprendido Europa de su experiencia?

Europa todavía no está preparada. La UE no ha aprovechado la reciente disminución del número de refugiados para reformar el sistema de Dublín, acordar cuotas o incluso un procedimiento para los refugiados rescatados en el Mediterráneo. Si ­volvieran a llegar más refugiados, habría una nueva crisis, en la percepción de la gente y posiblemente en la realidad. Hay políticos y partidos que abogan por la construcción de muros y el cierre de fronteras, que se benefician en gran medida de toda esta confusión. Estoy convencido de que no quieren una solución. Quieren que todo siga siendo incierto para poder venderse a sí mismos como salvadores de Europa, cosa que no es así.

 

Angela Merkel ha demostrado que un país puede acoger a muchas personas y cuidar de ellas cuando la necesidad lo exige.

Filippo Grandi, Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados

En su opinión, ¿qué papel desempeña Alemania?

La canciller Angela Merkel fue criticada por muchos por no cerrar las fronteras de Alemania en 2015. Creo que tomó la decisión correcta. Demostró que un país puede acoger a muchas personas y protegerlas cuando la necesidad lo exige. La mayoría de los refugiados eran sirios que huían de una guerra que la comunidad internacional no podía ­resolver políticamente. Merkel fue abandonada por el resto de Europa, lo que provocó una reacción violenta en Alemania. Pero el Gobierno alemán sigue manteniendo posturas muy razonables hoy en día. Se han endurecido algunas leyes, pero en menor medida que en otros lugares. Alemania sigue ­liderando el camino y es un gran defensor de la solidaridad europea. Y hoy es, con mucho, nuestro segundo donante bilateral más importante, lo que nos ha permitido ampliar nuestra labor, en particular en África y Oriente Medio.

Alemania está haciendo de la reducción de las causas que originan la migración, una prioridad de su mandato en el Consejo de Seguridad. ¿Cuál es el significado de este tema?

No se debe impedir que alguien escape si tiene que salvar su vida o ponerse a salvo. Pero si estabilizamos la situación en los países vecinos de las ­zonas de conflictos bélicos, porque allí es donde llega la gran mayoría de los refugiados, estoy seguro de que muchos decidirán quedarse. Pero en ­estos países hay mucho por hacer, sobre todo en lo que se refiere a las perspectivas: educación, ­alimentación suficiente, pago de ayudas y acceso a sistemas sanitarios. Y también debemos apoyar a los países que acogen refugiados, por ejemplo, construyendo la infraestructura necesaria. El impacto allí es mucho mayor que en cualquier otro país europeo.

¿Cómo se manifiesta eso?

Los refugiados son una cuestión política no solo en Europa, sino también en Tanzania, Líbano y Etiopía. En estos tres Estados se están haciendo muchos esfuerzos en favor de los refugiados, pero esta generosidad tiene un precio político. Tendemos a adoptar una visión colonialista de las cosas: Europa puede acoger a unos pocos refugiados, preferiblemente los más cualificados, y los demás deberían quedarse donde están. Presumimos que eso es un problema menor. Pero eso no es cierto: la mayoría de los países que acogen a un gran ­número de refugiados tienen pocos recursos y ­poblaciones necesitadas. No es nada natural que se esté ayudando a los refugiados allí.

¿Es hoy más difícil distinguir entre refugiados y migrantes?

Se ha vuelto más complejo. Desafortunadamente, a menudo es el traficante quien decide quién huye. Y para ellos la distinción entre refugiado y migrante no importa, por lo que surgen grupos mixtos. Además, el fortalecimiento de la seguridad fronteriza casi ha disparado el auge de las bandas de traficantes. Los migrantes suelen abandonar sus países de origen por razones sin duda imperiosas, por la pobreza o en busca de oportunidades. Pero los refugiados huyen de la guerra y la persecución, y si son devueltos a su patria, sus vidas corren peligro. Por eso hay que tratar a los refugiados de forma diferente, y eso es algo relativamente sencillo en el marco de un procedimiento de asilo. El asunto se complica cuando hay gente que abusa del régimen de asilo, lo que ocurre principalmente en Europa. En tales casos, debería haber procedimientos para devolver a su patria de una manera humana a quienes no tienen derecho a protección como refugiados. Para ello, Europa necesita una gestión de la migración mejor planificada y más uniforme.

 

Lo que aún me emociona después de 35 años de trabajo con los refugiados, quizás incluso más que antes, es la resistencia y la dignidad de los refugiados.

Filippo Grandi, Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados

¿Hasta qué punto mejorará la situación el Pacto Mundial sobre los Refugiados aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en ­diciembre de 2018?

Las crisis de los refugiados son consideradas tradicionalmente como desafíos puramente humanitarios. Pero como los conflictos duran cada vez más, hay muchos refugiados que sienten que tienen que soportar la situación para siempre. Por ejemplo, los afganos, los somalíes o, después de ocho años, los sirios. La ayuda humanitaria de emergencia por sí sola es suficiente solo para los primeros años, pero luego su eficacia disminuye. Lo que queda es una clase de desfavorecidos, la clientela perfecta para los traficantes de personas. En el Pacto Mundial participan ahora actores de la cooperación para el desarrollo, como el Banco Mundial, y también del sector privado. Deberían ayudarnos a dejar atrás el mero suministro de tiendas de campaña y medicamentos, y dedicarnos a invertir en educación, economías locales, agricultura, suministro de energía o medio ambiente. Se trata de un magnífico plan para abordar la problemática de los refugiados. Pero el panorama es mixto. Me preocupa bastante el tema del reparto de las cargas.

Usted es el diplomático más importante en materia de refugiados. ¿Es difícil para usted reprimir la ira?

Es muy difícil porque la retórica utilizada es ina­propiada e irracional. El número de refugiados es grande, pero es un problema que se puede resolver. Si consideramos los horrores de los que huyen estas personas, todos deberíamos entender que necesitan nuestra ayuda. A menudo, un debate sensato solo es imposible porque se politiza el tema.

Usted suele hablar con refugiados. ¿Qué es lo que más le conmueve?

El inmenso horror de sus destinos, como por ejemplo las inimaginables atrocidades de los que me ­informan los miembros de la minoría rohingya en Bangladesh. Algunas historias me parten el corazón, como la de un médico venezolano que tiene que sobrevivir como vendedor de mercado, lo cual demuestra la gravedad de la crisis de la que huyó. Pero lo que aún me emociona después de 35 años de trabajo con los refugiados, quizás incluso más que antes, es la resistencia y la dignidad de los refugiados. No es en absoluto como algunos quieren hacernos creer que quieren aprovecharse de nuestra prosperidad. Por el contrario, la mayoría de la
gente quiere contribuir y ayudar a los demás hasta que finalmente reine la paz y puedan volver a
casa.

Entrevista: Marc Engelhardt

© www.deutschland.de

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