El poeta global

El artista lírico brasileño Ricardo Domeneck interconecta la escena artística internacional berlinesa.

Camisa negra, en la mano un cigarrillo liado a mano, sobre la mesa el café se 
le ha quedado frío: a simple vista, la imagen de 
Ricardo Domeneck sentado en la terraza de un café del barrio berlinés de Prenz­lauer Berg encaja perfectamente con la imagen clásica de un joven poeta. Hace años, el artista brasileño hizo una parodia de sí mismo en una videoperformance: leyendo en cuclillas sobre la cama con un paraguas colgando encima, imitando así el famoso cuadro “El poeta pobre” 
de Carl Spitzweg. Además, leía textos 
de Wladimir Majakowski, John Keats, Ludwig Wittgenstein y Gertrude Stein.

El autor de 38 años es un nómada literario que viaja por diferentes mundos haciendo diestros malabarismos con citas procedentes de muchos idiomas y épocas. Nacido cerca de São Paulo, vive en Berlín desde 2002 y pertenece a una nueva generación de artistas líricos que no se detienen ante las fronteras ni las limitaciones mediáticas. Un libro es para él tan importante como una fugaz entrada en Internet, una voz declamadora tan relevante como la letra impresa. Si bien Domeneck es conocido en su país sobre todo por sus entretanto cinco libros de poemas, para él la lírica puede darse tanto en Twitter como aparecer en el texto de una canción o 
como lenguaje hablado en una performance. “Mi obra no solo se compone de libros”.

Domeneck entró en contacto con otras culturas a una edad temprana; por primera vez en los años 1990 como estudiante de intercambio en EE. UU. Más adelante, mientras estudiaba la carrera de Filosofía en São Paulo, pasó unos meses en Múnich y comprobó cómo el shock cultural y la entonces desconocida lengua alemana influían en su escritura. “En Múnich surgieron los primeros poemas que posteriormente publiqué“. Se instaló en Alemania, pero, en vez de Múnich, prefirió el variopinto y cosmopolita Berlín.

A través de Internet, medio que Domeneck utiliza de forma polifacética –entre otras cosas, gestiona la revista de arte en línea de carácter transgenérico “Hilda”–, la imagen profesional del poeta ha cambiado por completo. “Ahora puedo difundir mis textos de manera mucho más fácil”. Los poemas satíricos, por ejemplo, en los que trata temas políticos de actualidad, los publica de inmediato. Su dinero lo gana, sobre todo, con las actuaciones en directo. En Europa, con su alta densidad de festivales, funciona bastante bien. Durante la temporada, que va de mayo a 
octubre, Domeneck para poco. Aun así le gustaría que hubiera un mayor intercambio. “Aunque en Berlín hay una extensa escena literaria internacional, raras veces veo a autores alemanes en las lecturas de compañeros extranjeros”. Con frecuencia, el idioma es el problema.

Domeneck, que también trabaja como traductor, quiere cambiar este aspecto. Por eso organiza, junto con el artista estadounidense Ellison Glenn, alias Black Cracker, veladas multilingües, en las que poetas, músicos y artistas de vídeo presentan sus trabajos. Para Domeneck esto supone también un retorno a las raíces 
de su arte: “La lírica es el tipo de arte más popular del mundo, en la tradición oral”. ▪