Ir al contenido principal

Todos los 
 domingos...

Por qué Alemania es una gran familia cuando pasan el “Tatort” en la televisión.

13.08.2014
© Tatort

Si extraterrestres se propusieran alguna vez invadir 
Alemania, el mejor momento para hacerlo sería un domingo por la noche. Entre las 20.15 y las 21.45 horas, los alemanes no miran qué pasa afuera, sino el “Tatort” (“El lugar del crimen”). Todos los domingos desde el 29 de septiembre de 1970, cuando fue emitido el primer episodio de la serie policiaca más exitosa y longeva del área germanohablante, cuyo título fue “Taxi a Leipzig”. El caso: en un aparcamiento de la RDA es hallado muerto un joven que lleva ropas de Alemania Occidental. Comienza una investigación a un lado y otro de la frontera entre las dos Alemanias. Exitosa, por cierto. Al igual que el comienzo de la serie “Tatort”. El éxito es tal que hasta hoy han sido rodados más de 900 episodios. Esa necesidad de sentarse los domingos delante el televisor debe de estar registrada hoy ya en el ADN alemán. Probablemente junto a la pasión por los partidos de la Bundesliga.

Por qué los alemanes le son tan fieles al “Tatort” se explica menos por la brillantez de los guiones o los directores –que también existe– como por la genial mezcla de elementos conocidos y sorpresas. Lo primero en una dosis algo mayor en Alemania, el país del pensamiento en categorías seguras. El “Tatort” fue siempre también un espejo del localismo, una imagen del orden federal del país. Cada una de las emisoras pertenecientes a la 
cadena ARD, es decir, prácticamente todos los estados federados, pone sus propios detectives, sus propios lugares del crimen y su inconfundible colorido local. Muchos comisarios acompañan además a los alemanes ya desde hace más tiempo que los propios cónyuges. Como por ejemplo el equipo de investigadores compuesto por Lena Odenthal y Mario Kopper, que, con 25 años en Ludwigshafen como lugar del crimen, conforman el dúo más veterano en esas lides.

Los casos contienen siempre también todo lo que conmueve y conmovió a los alemanes: la reunificación, el terrorismo, el tráfico de órganos, la globalización, el racismo, las drogas, los 
escándalos ambientales, el abuso de niños, la desocupación, los crímenes económicos, los problemas relacionados con los cuidados en la tercera edad y también la búsqueda de una relación amorosa. El “Tatort” no resuelve por cierto los problemas y las contradicciones sociales, pero generalmente sí el caso del que se trata y los alemanes se van a la cama tranquilos el domingo de que una vez más se ha hecho justicia. El “Tatort”, dice el crítico literario Jochen Vogel, es en realidad “la verdadera novela social de Alemania”.

En el lugar de trabajo se comenta el lunes 
por la mañana el último episodio del “Tat­ort”: otra razón para verlo, porque proporciona temas sobre los que todos pueden opinar. Los fans del “Tatort” se reúnen ya en bares y cafés, e incluso en salas de cine, para mirar juntos la serie. Tampoco podía faltar: para poder intercambiar opiniones en tiempo real desde casa, los alemanes recurren a Facebook y Twitter, como plataformas para comentarios en directo. Es como si todos los alemanes estuvieran 
mirando el “Tatort” en la misma sala de 
estar. Como una gran familia reunida delante del televisor, en la que algunos creen necesario exaltarse por tramas absurdas o porque el meritorio investigador es reemplazado por otro. Al fin y al cabo, solo la fricción genera calor. También por eso, una Alemania sin “Tatort” es tan impensable como una Alemania sin Oktoberfest o sin el castillo Neuschwanstein. Como en Alemania todo conflicto exige eternidad, naturalmente también el próximo domingo es tiempo de mirar el “Tatort”. Si un domingo se le cruza un extraterrestre por el camino en Alemania, no le haga caso. ▪

CONSTANZE KLEIS es periodista, escribe columnas y exitosos libros. Vive y trabaja en Fráncfort del Meno.