Todo fluye - El Elba, corriente de la unidad

¿Cómo ha cambiado la vida a orillas del río Elba desde la unificación alemana? Un viaje a lo largo de la antigua frontera.

Los ríos son considerados actores de reparto, meros escenarios para aquello que sucede a sus orillas. Que este papel no hace justicia ha sido comprobado a más tardar por Mark Twain. Para él, el Mississippi es la base de narración, es la fuerza que impulsa el desarrollo, el “grand old river”. En cuanto a tamaño, el río Elba, con sus 1094 km desde su nacimiento en el lado checo de las Montañas de los Gigantes hasta su desembocadura en el Mar del Norte, no puede competir con el Mississippi. Sin embargo ha desempeñado un papel importante en varias ocasiones. Ha contribuido a la prosperidad de ciudades, ha llevado la Reforma de Wittenberg al mundo y con sus inundaciones decidió una vez quizás las elecciones para el Parlamento Federal. Pero, sobre todo, ha sido durante años parte de la frontera entre las dos Alemanias.

“Un río mueve tanto bienes como ideas”, dice Ludwig Güttler. Su oficina en el casco antiguo de Dresde está a pocos pasos del río Elba. Desde aquí dirige la cercana Sociedad de Fomento de la Frauenkirche. Su ubicación no es casual, cree Güttler – el río asigna el espacio a la Iglesia de Nuestra Señora. Desde siempre los hombres han erigido especiales edificios en las leves elevaciones cerca del agua. “Es un lugar de poder positivo.” Un lugar de poder positivo pero que después de los ataques aéreos sobre Dresde, al final de la Segunda Guerra Mundial, fue durante décadas una herida abierta. Güttler, que en la década de los 1970 era trompetista de la Filarmónica de Dresde, pasaba por delante del montón de escombros en su camino hacia los ensayos. Comenzó una campaña para la reconstrucción de la iglesia, pero en la RDA no pudo poner la idea en práctica. “Cuando cayó el Muro, todos sabíamos: ahora o nunca.”

Aún tuvieron que pasar muchos años hasta la reinauguración de la “nueva” Frauenkirche en 2005. Hoy en día la iglesia es de nuevo una parte central del casco antiguo. Cuando Güttler mira por la ventana, ve a turistas de todo el mundo que acuden al edificio que representa como ningún otro la exitosa reconstrucción y la superación de la guerra y de la destrucción en Alemania.

Pero no todas las historias del Elba terminan tan bien como 
este patrimonio cultural de Dresde. Sobre todo la economía en la orilla oriental del Elba tuvo dificultades para abrirse paso 
en la Alemania unida. Demasiado adelantadas estaban las 
empresas occidentales tecnológicamente, muy poco estaban preparadas las empresas orientales para subsistir en un mercado globalizado y abierto. Sólo un puñado de grandes empresas sobrevivió. Una de ellas está a unos 30 km aguas abajo: la Fábrica Estatal de Porcelana de Meissen.

La tradición es muy importante en esta empresa fundada en 1710. El gerente Tillmann Blaschke sirve a los visitantes el agua mineral en tazas de porcelana. Y fue la tradición la que mantuvo viva a Meissen tras la caída del Muro, resalta Blaschke. “Como se 
trataba de un producto artesanal, no había tanta diferencia de productividad entre el este y oeste.”

Otra diferencia está está muy vinculada a la carrera de Liane Werner. La que es hoy gerente de ventas llegó en 1987 a la fábrica. Acababa de terminar sus estudios en la Universidad de Economía de Berlín Oriental – la única de la RDA en la que se podía estudiar comercio exterior. Escogió esa carrera porque “después te permitía viajar por el mundo”. Su futuro empleador era una fuente de divisas para la RDA. Por eso, Meissen era una de las pocas empresas que podría mantener relaciones comerciales 
internacionales. Para incursionar en la economía libre de mercado estaba así mejor preparada en 1990 que otras. “Para nosotros, la situación no cambió mucho”, explica Werner.

Pero los últimos 25 años no han sido fáciles para esta fábrica que pertenece al Estado de Sajonia. “La cultura alemana de 
mesa ha cambiado” dice el gerente general Blaschke. El juego de porcelana para las grandes celebraciones ya no forma parte natural de todos los hogares. Por eso, Meissen ha ampliado su gama de productos, y hoy también vende moda, joyas y accesorios para el hogar, y quiere ser más atractiva en los mercados emergentes del mundo. Blaschke acaba de inaugurar en mayo en 2015 un nuevo “flagship store” en Shanghái.

De Asia volvemos al Elba y seguimos nuestro recorrido hasta Torgau. Allí, en 1945, se tomó la famosa fotografía de soldados soviéticos y estadounidenses dándose la mano en un puente destruido sobre el río Elba. Pero ese momento de paz que captó el fotógrafo entonces apenas se mantuvo. Con la fundación de la RDA en 1949 el Elba se convirtió en frontera internacional. Después de la construcción en 1961 del Muro de Berlín, el río también se transformó en franja de la muerte. El término “muertos de Muro” casi hace olvidar que aquí también murieron los que intentaban cruzar a nado el río Elba o burlar los puestos de frontera. “94 kilómetros de largo tenía la frontera del Elba desde Lütkenwisch/Schnackenburg hasta Boizenburg/Lauenburg, al igual que la valla de metal construida en las zonas de diques de contención del lado oriental”, escribe Uwe Rada en su libro “Die Elbe”. “En el margen derecho la gente podía oír la corriente cuando rompían las olas, pero ya no podían verla.“

En Wittenberg, en el km 214 del río, la exposición “Haus der Ge­schichte” recuerda cómo era la vida cotidiana en la RDA, incluyendo Trabi y Sandmann. Parece que aún tanta “ostalgia” es necesaria. Esta mañana hay pocos visitantes en el museo, en general la ciudad es un sitio muy tranquilo. Como si estuviera reponiendo fuerzas para el gran aniversario, en 2017. Entonces se cumplirán 500 años desde que Martín Lutero clavó sus 95 tesis de la puerta de la Iglesia del Castillo. Salvo el histórico portal, la iglesia está cubierta con lonas, porque el edificio está siendo saneado. De la torre cuelga un cartel que dice: “Conservamos un sitio del patrimonio mundial – lo conservamos para su curiosidad.”

Sigamos el cauce del río, donde algunos ciclistas pasean en este día soleado. El Elba como área recreativa fue durante mucho tiempo algo inconcebible. Sus aguas eran consideradas un caldo tóxico, del que había que mantenerse alejado. En Dessau hay gente que sabe mucho del tema pues aquí está desde 2005 la Agencia Federal de Medio Ambiente. Con su inusual arquitectura y colorida fachada, la “UBA” no se puede pasar por alto. Por su diseño sostenible con sistema fotovoltaico, paneles solares e intercambiador de calor geotérmico ya ha recibido premios. En el interior parece como si un adulto hubiera hecho realidad su sueño de la infancia de una gigante casa del bosque. Los 900 empleados llegan a sus oficinas a través del jardín interior, escaleras y puentes flotantes. Sobre las puertas se puede leer “Protección de los Mares” o “Protección del Ártico y la Antártida”. Jens Arle es responsable de aguas continentales. Hoy ocupa a los biólogos la cuestión de cómo la Directiva Marco del Agua de la UE puede ser implementada en Alemania. Hasta 2027, todas las aguas deberán estar en un “buen estado”. Al Elba le queda aquí aún un largo camino por recorrer.

“Hasta 1990 el Elba era uno de los ríos más contaminados de Europa”, cuenta Arle. La concentración de plomo y nitrógeno, por ejemplo, era muchas veces mayor que en otros ríos. Los peces morían, el ecosistema colapsaba y el Elba estaba casi muerto. Desde entonces ha pasado mucho. “Empresas industriales altamente contaminantes de la RDA han cerrado o han adoptado tecnologías más modernas. Se introdujeron leyes medioambientales y también las plantas de tratamiento de aguas residuales son ahora mucho más eficientes”. El nivel de contaminación baja y los habitantes del Elba regresan. “Peces migratorios como el esturión y el salmón habían desaparecido, ahora ya hay programas de reasentamiento.” El paciente Elba ha sido reanimado pero aún no se encuentra plenamente recuperado.

Que a los habitantes de Dessau les gustaría tener de nuevo un río sano delante de su casa se puede ver todos los años en la fiesta de la natación (Elbebadefest). El biólogo Arle no está 
generalmente entre los nadadores, él prefiere explorar los humedales. Pero como era una zona marginal tanto para la República Federal como para la República Democrática Alemana, 
la orilla del río se mantuvo casi intacta. La hoy reconocida “Reserva de la Biosfera Fluvial Paisaje del Elba” por la UNESCO está estrechamente ligada al Jardín Real de Dessau-Wörlitz. Quienes caminan hoy por los parques reales del patrimonio mundial, contemplan castillos, lagunas y diques. La gestión de riadas forma parte de la vida a orillas del Elba. Por eso, para la gente de lugar, hay años que se recuerdan de forma especial, por ejemplo 2013 y 2002.

Al igual que muchas ciudades a orillas del Elba, también Magdeburgo, a 60 km río abajo de Dessau, experimentó en junio de 2013 el mayor desastre de inundaciones de su historia. Y eso que ya las riadas de agosto de 2002 se habían declarado como la “inundación del siglo”. Entonces, el canciller alemán Gerhard Schröder viajó a las zonas afectadas, y poco después ganó con la coalición de SPD y Alianza 90/Los Verdes las elecciones del Bundestag.

El riesgo de inundación no es el único desafío que tiene que enfrentar Magdeburgo. Muchas ciudades de la antigua Alemania Oriental tienen que lidiar con el éxodo de su población. También Magdeburgo, de la que Otón el Grande hizo una gran ciudad de la Edad Media, se está encogiendo. Desde 1990, la población ha caído de 290.000 a 230.000 habitantes. En 2000 casi una de cada cuatro viviendas estaba vacía. Johannes Wöbse es responsable de desarrollo urbano en la oficina de ordenación urbana. Él y sus colegas deben diseñar un traje a medida para “Otto”, como la gente de marketing local llama a la ciudad. El atavío actual le queda demasiado grande.

“En la época de la RDA se construyeron inmensas urbanizaciones” comenta Wöbse, mientras conduce su coche por Neu Olvenstedt, barrio situado en el noroeste de Magdeburgo y que hoy tiene la mitad de los habitantes que tenía antes de la unificación. Tristes e inmensos monoblocks marcan la imagen. Neu Olvenstedt es el distrito con la población de más edad y con los mayores problemas sociales. El Gobierno municipal y los propietarios de estos edificios ya han hecho 
mucho: algunos han sido demolidos para crear espacio para 
viviendas unifamiliares, otros han sido modificados con fondos de un programa de financiación de desarrollo urbano, de modo que hoy apenas se identifican como tales. Sin embargo, Neu Olvenstedt en Magdeburgo sigue siendo una fuente de preocupación.

Muy diferente es la situación de Buckau, junto al río. El antiguo pueblo de pescadores pasó de zona industrial a barrio de moda y es el distrito más nuevo de Magdeburgo. A los antiguos edificios reformados se mudan familias, tiendas antes vacías se transforman en galerías o boutiques, y a orillas del Elba propietarios realizan su sueño de vivir al lado del agua. “Buckau se ha adaptado a la época”, resalta Wöbse.

Vivir a orillas del río. En Hamburgo, a sólo 100 km de la desembocadura del Elba, es algo cada vez más atractivo. En 2024, la Ciudad Libre y Hanseática podría dar un salto de calidad, dado que se ha postulado como sede de los Juegos Olímpicos. Los atletas –según los planes– se alojarían en cruceros atracados en el puerto. El Elba como parte de una gran fiesta del entendimiento entre los pueblos. Sería un gran honor para este río europeo, que desde hace mucho tiempo se encuentra de nuevo en el centro de Alemania. ▪