“Alemania apoya totalmente 
el proceso de paz”

Tras cinco décadas de guerra civil en Colombia, un acuerdo parece posible. Entrevista a Tom Koenigs, delegado especial del ministro de Relaciones Exteriores Frank-Walter Steinmeier para el proceso de paz

Sr. Koenigs, en septiembre de 2015 el Gobierno colombiano y las FARC firmaron un acuerdo para establecer una “jurisdicción especial para la paz“. ¿Qué importancia tiene este acuerdo para el proceso de paz?

Una gran importancia. Alcanzar ese acuerdo fue particularmente difícil porque las opiniones más encontradas se referían justamente al tema de la jurisdicción. El apretón de manos entre el presidente colombiano y el jefe negociador de las FARC simboliza el hecho de que se desea obtener en un futuro próximo un resultado. Sin embargo, todavía hay algunas cuestiones pendientes, por ejemplo, cómo estará compuesto el tribunal especial y hasta qué punto pueden llegar las amnistías.

¿Cuáles son los próximos pasos hacia un tratado de paz?

El siguiente paso ya se perfila: un alto el fuego de ambas partes. Ambas partes desean que ocurra en el corto plazo. No es algo utópico. Esto se ve, por ejemplo, en el hecho de que el número de víctimas por conflictos militares ya ha disminuido de manera significativa: en los últimos 50 años han muerto alrededor de 170 personas por mes, actualmente son solo de 30 a 40.

¿Dónde se ve riesgos de que el acuerdo fracase?

En el ámbito militar siempre hay personas mal intencionadas que tratan de soslayar acuerdos. Hasta abril de 2015 se registraron esas provocaciones, que llevaron el proceso de paz a casi a un punto muerto. Esto puede suceder en cualquier momento – en particular, porque aún no hay una instancia imparcial de control de la reducción de las hostilidades y, más tarde, del alto el fuego.

¿Cómo podría ser esa instancia de control?

El Presidente colombiano Juan Manuel Santos ha anunciado que hará todo lo posible para obtener un mandato para una misión de observación en el Consejo de Seguridad de la ONU. Aún se discute cómo esa misión debería trabajar y quién debería participar en ella. Hay un deseo de implicar a organizaciones de América Latina, además de las Naciones Unidas. La guerrilla aboga por la participación de UNASUR, una unión de Estados con Gobiernos de orientación izquierdista. La preferencia del Gobierno es la Organización de los Estados Americanos, que incluye a Estados Unidos.

Aparte de las partes en el conflicto ¿apoya la población el acuerdo?

Hay escepticismo – y una fuerza en el parlamento que articula estas preocupaciones: el partido Centro Democrático del ex presidente Álvaro Uribe se opone masivamente al proceso de paz. Desea impedirlo a más tardar con un referéndum. En la población, este partido tiene seguidores en ciertos estratos sociales y grupos. Pero las asociaciones de víctimas no pertenecen a este partido, en su mayoría apoyan el proceso de paz, incluyendo el acuerdo de una justicia de transición. Lo que me llama la atención en el debate es que todos los que están en contra del proceso de paz, lo justifican con argumentos del pasado. Tienen pocas ideas para el futuro.

Los partidarios del proceso de paz, en cambio, se plantean cómo integrar a los numerosos exguerrilleros después de la desmovilización. ¿Cómo se puede conseguir?

Hay que integrar de 10.000 a 12.000 combatientes, esto es sin duda un gran esfuerzo. Pero Colombia no es un país pobre. Cuenta además con una fuerte sociedad civil. El problema mucho más importante – y la razón de que la guerrilla exista y de que se haya mantenido tanto tiempo – es el descuido de regiones que no se han beneficiado del auge económico. La reforma y modernización de la economía en estas áreas supone un reto, comparable en algunos aspectos a la integración económica de la antigua RDA en la nueva República Federal de Alemania. A esto se suma algo inusual para la democracia colombiana y es la posibilidad de que en el parlamento exista, y pueda existir, una oposición significativa de izquierda contra las élites tradicionales de poder.

¿Cómo apoya Alemania el proceso de paz y los cambios sociales?

Colombia sigue muy atentamente la evolución de Alemania y se siente ligado al país por vínculos de amistad. Políticos y visitantes alemanes son acogidos de forma muy abierta. Hay un intercambio académico muy intenso, con 160 acuerdos de cooperación entre universidades e instituciones educativas de ambos países. También en la cooperación para el desarrollo hay una larga tradición común. Todo esto constituye una base importarte. Lo más importante en este momento es que Alemania apoye claramente el proceso de paz, lo cual no es algo natural. Estados Unidos, por ejemplo, siempre ha apostado por las soluciones militares, hasta la administración de Obama. La posición política de Alemania es un explícito apoyo a la paz negociada.

Cuando se habla de “responsabilidad alemana” se tiende a pensar no tanto en América Latina sino más en focos de conflicto de Medio Oriente o en la pobreza en África. ¿Es una percepción errónea?

Alemania nunca fue un poder colonial en América Latina, por eso obviamente se nos ve allí de forma diferente que a España o Portugal. Pero hay una responsabilidad de las empresas alemanas en Colombia, que importan materias primas colombianas. Es un tema muy controvertido, porque la industria minera colombiana se ha beneficiado más bien de la guerra y de los conflictos. Aquí es necesario asumir la responsabilidad. Tratamos ahora de resolver con medios pacíficos un conflicto existente desde hace décadas. Hoy más que nunca las empresas exportadoras e importadoras se deben comprometer en el proceso. ▪

Entrevista: Helen Sibum