Con otros ojos

Desde que la joven estadounidense Rachel trabaja en Buchenwald sabe que la gente necesita lugares de la memoria.

Stephan Pramme - Rachel Bryant

Uno de los lugares más aterradores aquí en Buchenwald es el antiguo crematorio. Los espacios están dominados por el silencio. 
A los visitantes se les pide que no hablen en voz alta. Cuando inicié mis servicios voluntarios no podía entender esto. Para mí, todo Buchenwald es un lugar de sufrimiento. Las reglas especiales para el crematorio eran para mí como una orden de sentirse más afectado aquí que en otros lugares.

Pero gracias a mi labor he aprendido que la gente necesita lugares físicos para recordar a las víctimas. Yo mismo no tenía antes de mi llegada una relación muy emocional con el Holocausto, pero después tuve que aprender que había gente que sufría mucho. O que un visitante de Libia observa las imágenes de los cadáveres con otros ojos, porque quizás conoce ese tipo de imágenes del presente en su país. Esa vigencia actual me parece importante. Me pregunto cómo puedo ayudar a otros a que aprendan del pasado y a impedir violaciones de derechos humanos. Espero encontrar pronto una respuesta.” ■

RACHEL BRYANT // BUCHENWALD

Después de sus estudios universitarios de lengua y cultura americana en su ciudad natal norteamericana de Saint Louis y una estancia en Nueva York, esta joven de 24 años de edad decidió prestar un servicio voluntario que consiguió a través del Servicio de Conciliación de Acción por la Paz (ASF) en el antiguo campo de concentración de Buchenwald, cerca de Weimar. Aquí trabaja desde otoño de 2013, guiando a los visitantes por el lugar de la memoria. Hasta la liberación en abril de 1945, estuvieron detenidas aquí más de 250.000 personas de más de 50 naciones, y unos 56.000 prisioneros murieron. Acerca de la historia de campo informa este centro mediante muestras permanentes. En la foto se ve a Rachel delante del antiguo campo de concentración.

Protocolo: Clara Görtz, Helen Sibum, Foto: Stephan Pramme