Calidad por definición

Bill S. Hansson, vicepresidente de la Sociedad Max Planck, sobre la excelencia y la internacionalización.

idw/Anna Schroll - Bill S. Hansson

Profesor Hansson, ¿por qué se decidió hace nueve años por una carrera de investigador en Alemania?
La oferta de investigar como director de un instituto Max Planck es algo singular a nivel internacional. En uno se deposita confianza para toda una carrera de investigación y no hay que presentar solicitudes cada dos o tres años. Quien aprueba el muy exigente proceso de selección entra en un entorno científico en el que cada área está marcada por sobresalientes investigadores. ¡Es maravilloso!

¿Cómo se benefician las universidades alemanas de esa excelencia?
La Sociedad Max Planck apuesta por la interconexión y las universidades están muy dispuestas a cooperar. Un muy importante instrumento de cooperación son las International Max Planck Research Schools (IMPRS), de las cuales existen ya 60 distribuidas por toda Alemania. Los institutos Max Planck forman allí junto con las universidades excelentes investigadores de las ciencias naturales alemanes y de otros países en la aproximadamente mismo proporción, ofreciéndoles magníficas condiciones para realizar un doctorado. A menudo se postulan unos 100 candidatos para un solo puesto en una IMPRS. A través de las Research Schools, las universidades quizás no muy conocidas todavía a nivel internacional pueden aumentar así su visibilidad. Solo la Universidad Friedrich Schiller de Jena, en la que soy profesor honorario, participa en tres IMPRS.

Los institutos Max Planck cooperan con universidades en toda Alemania, a menudo también con algunas fuera de las conocidas grandes ciudades. ¿Es esa variedad una fortaleza?
Alemania cultiva el principio de que debe ser posible obtener una buena formación científica en todo el país. Esa es también la razón por la que en Alemania no existe ninguna súper universidad como Harvard o Yale. Si la Sociedad Max Planck pudiera participar con sus mejores institutos en el ranking de Shanghái ocuparía aproximadamente el quinto lugar. Nosotros contribuimos a destacar los perfiles de investigación en algunas universidades, como por ejemplo la investigación demográfica en Rostock o las matemáticas en Bonn. La cooperación es muy buena, también a través de profesores universitarios relacionados con nosotros como fellows Max Planck o miembros científicos externos de un instituto Max Planck.

¿Dónde ve fuera de la Sociedad Max Planck ejemplos de destaque de la investigación en Alemania?
Alemania posee un sistema científico muy diferenciado, en el que las instituciones de investigación extrauniversitarias, con sus respectivas especializaciones –desde la investigación básica hasta la investigación aplicada– desempeñan un papel muy especial. La Iniciativa de Excelencia aumentó la visibilidad de las más descollantes universidades alemanas. Me parece muy bien que Alemania apoye el rendimiento y la excelencia. El talento, la capacidad y el duro trabajo son estimados y fomentados. Eso no es un sobreentendido. En los países escandinavos, por ejemplo, la financiación es repartida en forma muy pareja, en perjuicio de la investigación de punta.

¿Qué pueden mejorar aún los institutos alemanes de investigación para facilitar a científicos de otros países venir a Alemania?
Para nosotros la cuestión es sobre todo cómo atraer a más mujeres científicas de otros países. Por eso trabajamos para ofrecer a parejas de científicos más ofertas de “dual career”, en cuyo marco ambos pueden venir a Alemania a trabajar en diferentes instituciones. En esa área cooperamos también excelentemente con las universidades. Pero todavía queda mucho por hacer. Debo resaltar, sin embargo, que desde que llegué a Jena, en 2006, la sociedad alemana se ha transformado. En los últimos años se ha vuelto mucho más internacional y también más anglohablante.

Usted habla muy bien alemán. ¿Cómo fue su inserción en Alemania?
Muy buena. Mi esposa vino a Jena con nuestros dos hijos ya en 2007. Pero el idioma fue también para nosotros un desafío. Cuando vine a Jena no hablaba ni una palabra de alemán. La Sociedad Max Planck y el Instituto Max Planck de Ecología Química hicieron todo lo posible para que nos sintiéramos a gusto.

Aproximadamente un tercio de los directos de los institutos Max Planck no son alemanes. En el grupo de los posdoctorandos, la participación de extranjeros es incluso del 86 por ciento. No obstante, cuando usted fue elegido, en junio de 2014, vicepresidente de la Sociedad Max Planck, mencionó como una de sus tareas principales una mayor internacionalización. ¿Qué prioridades desea definir?
Con nuestros institutos Max Planck y nuestros centros Max Planck y sus institutos socios estamos presentes en todo el mundo. Pero justamente en Europa podemos aumentar aún más nuestra visibilidad. Por eso deseamos cooperar en el futuro más intensamente con otras instituciones de investigación líderes en Europa, desde la Universidad de Oxford, pasando por la ETH de Zúrich hasta el Instituto Karolinska, de Suecia. Simultáneamente damos gran importancia a un espacio común europeo de investigación. Pero para ello debe poder desarrollarse el potencial de investigación en Europa Oriental. Allí ofrecemos apoyo y proponemos nuestro modelo, en el que damos gran valor a la excelencia y a claros criterios de calidad.

Mirando hacia el futuro, ¿qué áreas de investigación estima usted que adquirirán una importancia central en los próximos años?
Mayor importancia adquirirán seguramente las cuestiones relacionadas con el uso sostenible de la energía y con el cambio climático. En mi propia área de investigación, la biología, constato una tendencia a una reducción del predominio de la biología molecular y una mirada más vasta sobre todo el organismo. El gran desafío en casi todas las áreas de investigación son, sin embargo, los “big data”: debemos hallar métodos para generar información relevante a partir de grandes volúmenes de datos. ▪

Entrevista: Johannes Göbel