De la guerra al aula de clase

En Siria y otros países en crisis era experimentados maestros. Luego debieron huir. En Alemania desean volver a impartir clases. Fácil no es.

En una clase del Refugee Teachers Program en Potsdam
En una clase del Refugee Teachers Program en Potsdam Stephan Pramme

Alemania. En el curso, el tema de hoy es la computadora como medio didáctico. “La computadora posee una gran capacidad de almacenamiento y….” –el joven hombre titubea y pasa el dedo por su hoja de apuntes– posibilita la creación de platos de aprendizaje”. La docente lo corrige: “plataformas de aprendizaje”. Otros estudiantes hacen anotaciones, luego se continúa analizando el texto. La concentración es enorme.

La perspectiva de ser maestro auxiliar

Quien quiere seguir avanzando en los cursos del Refugee Teachers Program de la Universidad de Potsdam debe estar muy motivado. El proyecto piloto financiado por el Ministerio de Ciencia del estado federado de Brandeburgo y el Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD) tiene un ambicioso objetivo: refugiados que en su país de origen trabajaron como docentes se preparan para trabajar ahora como maestros en escuelas alemanas. Y ello en solo un año y medio. Para lograrlo asisten diariamente a clases de por lo menos cuatro horas: de gramática, vocabulario especializado y pedagogía. A veces asisten a clases junto con estudiantes alemanes de la carrera docente, otras veces trabajan en grupos propios. Quien aprueba el examen final recibe un contrato de trabajo por dos años como maestro auxiliar en una escuela en el estado federado de Brandeburgo.

“Antes no existía nada comprable”, dice Miriam Vock, profesora de Investigación Empírica sobre Docencia e Intervención de la Universidad de Potsdam, que desarrolló el programa. Pero las exigencias a los docentes en Alemania son grandes. Vock dice que desde el inicio del proyecto, en abril de 2016, también ella aprendió mucho. Al comienzo, los cursos tenían una duración de un año. Era muy poco tiempo para comenzar a trabajar en una profesión tan exigente en un país nuevo para los refugiados. Por ello, ahora los cursos duran medio año más. No obstante, no todos los participantes aprueban en el primer intento el examen de alemán de nivel C1, un requisito para poder trabajar como docente auxiliar. Algunos deben repetir la prueba.

Buenos interlocutores para niños refugiados

No obstante, los éxitos hablan por sí mismos: actualmente se está preparando ya el cuarto grupo para trabajar como docente en Alemania, incluyendo prácticas de varios meses en escuelas. “Los resultados son positivos para ambas partes, tanto para los participantes como para las escuelas”, dice Vock. La presencia de maestros refugiados facilita, además, la integración de los niños que pasaron por experiencias similares.

Es importante darles una oportunidad a los numerosos docentes cualificados entre los refugiados.

Miriam Vock, profesora de la Universidad de Potsdam

Quienes aprobaron el primer curso trabajan ya como docentes auxiliares. La demanda es grande, en muchas localidades de Alemania faltan maestros, sobre todo de determinadas materias. Además, dentro de cinco años habrá, solo en Brandeburgo, unos 293.000 alumnos con trasfondo inmigratorio, según cálculos del Ministerio de Educación de ese estado federado. Por ello, hay buenas posibilidades de que el Refugee Teachers Program tenga continuidad. Hoy ya existe otra oferta: la Universidad de Bielefeld lanzó, con el apoyo de la Fundación Bertelsmann, la iniciativa Lehrkräfte Plus (Docentes Plus). Miriam Vock espera que también otras universidades se interesen por el proyecto. “Es importante darles una oportunidad a los numerosos docentes cualificados entre los refugiados”, dice Vock.

En las clases, la concentración es grande
En las clases, la concentración es grande Stephan Pramme

Dos participantes en el Refugee Teachers Program relatan aquí sus experiencias:

Wahida Alomar, 33 años

Wahida Alomar era maestra de enseñanza primaria en Alepo
Wahida Alomar era maestra de enseñanza primaria en Alepo Stephan Pramme

Un frío día de febrero. Hace exactamente dos años que Wahida Alomar llegó a Alemania. Anteriormente había trabajado en una escuela primaria en Alepo. En 2016 huyó de Siria. “En enero de 2016 aún trabajé”, dice Alomar, de 33 años. “Entonces una bomba cayó sobre la escuela, matando a un hijo del director”.

Ser maestra siempre fue la profesión de mis sueños.

Wahida Alomar, maestra de enseñanza primaria, de Siria

Alomar se alegra ahora de estar en Potsdam. En su primer curso de alemán en Alemania, una docente le recomendó el Refugee Teachers Program, en el que ahora ya le falta poco para el examen final. Alomar está ansiosa de poder trabajar como docente auxiliar, pero también le teme un poco a lo que vendrá después. Espera fervientemente que el comienzo de sus actividades en Alemania sea todo un éxito. “Ser maestra siempre fue la profesión de mis sueños”, dice. La relación entre niños y maestros en Alemania es diferente a la que se da en Siria, agrega. En Siria, por ejemplo, es inusual que un alumno cruce los brazos y no responda a preguntas de su maestro, dice Alomar y ríe. En el marco del Refugee Teachers Program, estudiantes alemanes de la carrera de docencia le enseñaron mucho acerca de cómo tratar a niños que tienen ese tipo de actitudes en clase.

Lina Alkhalaf, 32 años

Lina Alkhalaf era profesora de química, física y matemáticas en Damasco
Lina Alkhalaf era profesora de química, física y matemáticas en Damasco Stephan Pramme

Poder volver a ejercer la docencia es también el gran objetivo de Lina Alkhalaf, de Damasco, Siria. Allí fue durante nueve años maestra de secundaria, de matemáticas, química y física. A pesar de que Alkhalaf, de 32 años, hace solo un año y medio que comenzó a aprender alemán, cuando lo habla solo se le nota un ligero acento. Alkhalaf describe también las diferencias que constató entre los sistemas educativos de ambos países.

Durante las prácticas, los estudiantes de secundaria siempre me trataron muy atenta y abiertamente. Aprendí mucho de ellos.

Lina Alkhalaf, profesora de enseñanza secundaria en Siria

“En la enseñanza secundaria, las clases en Siria son mucho más grandes que en Alemania, llegando a tener de 35 a 40 estudiantes. Y los estudiantes no pueden elegir ciertas materias y descartar otras”, dice. Agrega que los colegios alemanes cuentan, además, con muchos más aparatos técnicos y materiales pedagógicos. Y que, durante sus prácticas, los estudiantes de secundaria siempre la trataron muy atenta y abiertamente. “Aprendí mucho de ellos”, subraya. También Alkhalaf reflexiona acerca de qué le espera después de los dos años como docente auxiliar. “Si no tengo éxito como profesora, puedo trabajar como física en el área de la investigación”, concluye.