El coronavirus y nosotros

El virus cambia nuestras vidas: Sarah Kanning, periodista de deutschland.de, escribe sobre su nueva vida cotidiana.

Teletrabajo con niño (imagen simbólica).
Teletrabajo con niño (imagen simbólica). picture alliance/KEYSTONE

Así que ahora nosotros también. De alguna manera esperé que las transformaciones que el coronavirus está generando actualmente en la vida cotidiana en otros países pasara de largo por Alemania. Pero cada nuevo día trae nuevos, generalmente deprimentes, anuncios: primero fueron cancelados todos los eventos con más de mil participantes, luego todos los eventos con más de 100 participantes, y finalmente todos en absoluto. Las escuelas y guarderías están cerradas desde el 16 de marzo. Y la mayoría de las tiendas, desde el 17 de marzo.

También nuestro hijo, que acaba de cumplir un año y medio, se quedará con nosotros en casa hasta mediados de abril: cinco semanas sin parques infantiles (clausurados), zoológico (cerrado), amigos (prohibido), abuela y abuelo (deben evitarse contactos). Mis padres están deprimidos porque no pueden darnos una mano, aunque casi todos trabajamos en nuestros ordenadores y portátiles desde casa y su ayuda sería un gran alivio. Solo unos pocos colegas continúan trabajando en la oficina. A través de los servicios de mensajería, mis padres dicen que se sienten en forma y están sanos, que no debemos tener miedo y que les gustaría que pudiéramos visitarlos. Están terriblemente aburridos.

¿Y si infectamos a nuestros padres?

¿Pero nos perdonaríamos si los infectásemos? Las malas noticias se aproximan cada vez más. Un cierto indefinible malestar nos acompaña permanentemente, aunque afuera la primavera estalla con toda su esplendor y nuestro hijo se comporta como si estuviésemos de vacaciones. Plantamos flores y escuchamos música, cocinamos juntos y jugamos a uno de los incontables juegos recomendados en los medios sociales. De alguna manera tenemos que mantener al pequeño contento, paralelamente trabajar y reprimir la idea de que solo es el el comienzo.

Nuestra vida discurre más lentamente

La vida no se detiene, al menos no todavía. Fuimos de compras el fin de semana y nos sorprendió la cantidad de gente en la calle. No sólo en el supermercado, sino asimismo en las tiendas de artículos eléctricos y bricolaje. También otras personas, al igual que nosotros, quieren abastecerse rápidamente de las cosas necesarias para aprovechar el tiempo las próximas semanas: tiempo en el que uno no puede hacer casi ninguna otra cosa que permanecer en la propia vivienda o ver series de Netflix.

Nuestra vida discurre más lentamente, todas las citas son canceladas, permanecemos en casa todo lo posible. Pero pocas veces antes he utilizado tanto mi teléfono móvil. Los medios sociales nunca han sido más valiosos para mí: quiero saber cómo están mis amigos y qué está sucediendo en el mundo.

Tenemos muchas preguntas y pocas respuestas: ¿cuánto tiempo sobreviven los coronavirus en los cartones de leche del supermercado, ¿pueden estar infectados?, ¿quién tuvo un paquete en la mano y tal vez tosió sobre él antes de que ponerlo yo en mi carrito de compras? Tenemos demasiado tiempo para pensar.

No obstante: tenemos suerte

Pero también debemos verlo positivamente. Tenemos suerte. Hasta ahora todos estamos sanos y disponemos de suficiente espacio, tenemos un jardín y detrás de él comienzan los campos. En estos tiempos, algo muy diferente a un apartamento en el centro de la ciudad, al que prácticamente solo se puede acceder por ascensor. Durante las próximas semanas deberemos redoblar nuestra creatividad para sobrellevar el encierro. Los canales de TV alemanes ya emiten más programas de entretenimiento y aprendizaje para niños y jóvenes. Yo me propuse desempacar una caja de mudanza cada día, porque todavía hay demasiadas llenas por todos lados, desde que nos mudamos aquí, en diciembre. Cuando estén todas vacías, espero que lo peor haya pasado.

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