El maravilloso mundo de los bosques

Factor económico, generador del clima y espacio natural fascinante con infinitas facetas – Un vistazo a los bosques alemanes.

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Alemania es un país forestal. Una tercera parte de este país industrializado y densamente poblado está cubierta de bosques, en total unos 11,1 millones de hectáreas. Y por increíble que parezca, ello no es menos que a comienzos del siglo XVI. Esta cifra se hace más patente cuando se tienen en cuenta los bosques más conocidos, como la Selva Negra, el Fichtelgebirge o los bosques del Harz, de Turingia y del Palatinado, que contrastan con los grandes centros urbanos e industriales. La mayor área boscosa continua de Europa Central es el Bosque Bávaro, que está unida al Bosque de Bohemia en la República Checa. En el interior del Bosque Bávaro se encuentra el Parque Nacional Bosque Bávaro, el más grande de Alemania, con una superficie de más de 12.000 hectáreas, que también está unido más allá de las fronteras con el parque nacional del lado checo. Ambos parques juntos constituyen la mayor reserva forestal de Europa Central.

La mayor parte de los bosques alemanes, un 60 por ciento, está constituido por coníferas, sobre todo píceas y pinos. Entre los árboles de hoja caduca, el más abundante no es el famoso roble alemán sino la haya. Los extensos bosques de hayas, entre cuyos lisos y grisáceos troncos se cuela y refleja la luz del sol, se encuentran entre los más bellos de Alemania. Cinco antiguos bosques de hayas, colmados de ancianos y gigantescos ejemplares, fueron declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2011. Los cinco hayedos ocupan en total unas 4400 hectáreas. Uno de ellos es el bosque de Grumsin, de 600 hectáreas, en la reserva de la biosfera de Schorfheide-Chorin, a sólo a una hora al norte de Berlín. Para los visitantes, Grumsin ofrece un viaje por el tiempo, que permite apreciar las huellas de la edad de los glaciares. El caminante recorre un terreno accidentado de elevaciones y hondonadas. Precisamente este escabroso paisaje resultó durante siglos la mejor protección contra la deforestación. Por entre sus árboles surgen a la vista del visitante pantanos, charcas y lagos. Grumsin es un verdadero monumento natural de bosques y aguas. Pero el visitante no siempre halla la absoluta tranquilidad aquí: los mosquitos atacan a los caminantes como si quisieran asegurarse de que los laureles de la UNESCO no atraigan a demasiados visitantes a la reserva.

Las Naciones Unidas han proclamado 2011 como Año Internacional de los Bosques. Con ello se desea llamar la atención mundial sobre la enorme importancia de estos hábitats para nuestro planeta y para la humanidad. Los bosques desempeñan un papel esencial en los sistemas climáticos: regulan el agua y la generación de oxígeno, son grandes depósitos de carbono, así como espacios de biodiversidad insustituibles para la fauna y la flora. De los bosques dependen económicamente más personas de lo que a veces se supone. El Año Internacional de los Bosques contribuye sobre todo a difundir la conciencia sobre todas estas funciones del bosque.

El interés de los ciudadanos por los bosques en Alemania es ya de por sí elevado. El Parque Nacional Müritz, por ejemplo, acoge cada año a alrededor de medio millón de visitantes. En el Año Internacional de los Bosques, la curiosidad se satisface con una oferta adicional de ricas experiencias en bosques. Bajo los auspicios del Ministerio Federal de Alimentación, Agricultura y Protección de los Consumidores, se celebran en toda Alemania unos 5000 eventos, como paseos y excursiones por bosques, conciertos y plantaciones de árboles. El Museo Histórico Alemán de Berlín inaugurará el 2 de diciembre de 2011 la exposición “El bosque alemán. Una historia cultural”, en la que se exhibirán universos forestales literarios y pictóricos, una “imagen idealizada de la naturaleza” puesta excelentemente en escena aunque, a veces, algo sobrecargada (hasta el 4 de marzo de 2012).

La conciencia sobre los bosques en Alemania es probablemente tan sensible debido a que los alemanes utilizan asiduamente estos “pulmones verdes” para la recreación y el deporte. El 50 por ciento de los ciudadanos en Alemania afirma pasear por bosques al menos cada dos semanas, según ha revelado una reciente encuesta. Corriendo, trotando o caminando por el bosque, en los espacios verdes los alemanes buscan un descanso de su agitada vida. Un soplo de aire fresco llama la gente a aquello que los científicos describen más precisamente como “microclima forestal”: el bosque ofrece protección contra el sol y el ruido, humedad reconfortante y mucho más.

Alrededor del 15 por ciento de las tierras forestales en Alemania están cubiertas de hayas y casi un diez por ciento de robles. Sin la intervención humana, según creen los botánicos, las hayas cubrirían casi toda la superficie (excepto en las regiones montañosas). El predominio de las coníferas –la pícea (28 por ciento) y el pino (23 por ciento)– es el resultado de la mano del hombre. El rápido crecimiento anual de la pícea y su idoneidad para múltiples usos prometían una provechosa explotación de la madera y rápidos beneficios. Surgieron los temidos monocultivos, los cuales eran particularmente vulnerables a temporales, enfermedades y plagas. Sin embargo, la recuperación de los bosques ha comenzado con el propósito de reducir los riesgos a los que ya hoy están expuestas las áreas forestales. Cada vez más superficies son reforestadas con especies frondosas y se incrementa el porcentaje de los bosques mixtos. Para el sector forestal, esta tarea no es nada fácil, pero se trata de tener en cuenta ya hoy en la elección de las especies, los impactos futuros del cambio climático. Lo que actualmente parece seguro es que la pícea va a perder terreno, ya que no soporta largas temporadas de sequía y de calor. La haya, el pino y el roble son mucho más resistentes en esas condiciones.

Los informes forestales anuales y los llamados inventarios forestales nacionales ofrecen información sobre la situación de los bosques alemanes. Sobre todo en robles y hayas, es muy alta la proporción de árboles dañados con baja frondosidad de sus coronas. Si bien la llamada “muerte de los bosques”, tan temida en la década de los años 80 del siglo pasado, no ha llegado a materializarse, la atenta vigilancia de los árboles sigue siendo esencial. El bosque es hoy más que nunca un importante objeto de estudio científico, tanto en lo que se refiere al impacto de la contaminación del aire y la utilización excesiva de fertilizantes, como a la evaluación de procesos en los suelos del bosque o al comportamiento de bacterias y hongos.

El bosque es también un importante factor económico: la silvicultura y la industria maderera se encuentran entre los mayores sectores de la economía alemana. Esta área de actividad da empleo a más de 1,2 millones de personas y genera una facturación anual de 170.000 millones de euros, cifras que son, por cierto, sorprendentes. Alemania es uno de los países más boscosos de Europa. Cada segundo, los árboles producen en Alemania un cubo de madera con una longitud lateral de 1,55 metros. Pero los bosques alemanes no están sobreexplotados, porque el crecimiento es superior al aprovechamiento y quedan reservas disponibles para su uso energético. La explotación de los bosques podría cambiar pronto radicalmente. Especialmente en el contexto del cambio climático, uno de los temas centrales es la madera. Por su mayor empleo en construcciones, su uso energético como biomasa y en la generación de calor, al igual que en muchos productos de uso cotidiano, la madera puede, y debe, contribuir a mejorar el balance de CO2 en la atmósfera. Como proveedor de energía, la madera ofrece todas las ventajas de los recursos renovables. Si las metas propuestas se implementan, se espera un aumento significativo de la demanda de madera. Tampoco será tarea fácil satisfacer las exigencias de protección de bosques y preservación de la naturaleza, manteniendo a la vez suficientes espacios forestales protegidos y conservando suficiente “madera muerta” para los gusanos, escarabajos e insectos que habitan el bosque. La explotación sostenible de la madera no es, por fortuna, un concepto nuevo. El término sostenibilidad existe desde hace casi 300 años y fue acuñado en 1713 por el jefe de guardia forestal de Sajonia Hans Carl von Carlowitz.

Los bosques en Alemania y del mundo constituyen unas de las más importantes áreas de trabajo del futuro. Sin embargo, los árboles tienen una escala temporal diferente a la del hombre. Los árboles crecen durante décadas y siglos. Esto implica que ya hoy se deben sentar las bases para las generaciones futuras. La madera se ha vuelto un tema complejo. Y a quienes “los árboles no les dejan ver el bosque”, como dice un proverbio alemán, le recomendamos que, en busca de relajación y orientación, disfruten de un prolongado paseo por el bosque, entre añejos troncos y bajo el techo protector de frondosas hayas.