¡Distiéndete!

Durante década rigió en la política y la economía un severo código de vestimenta. Ahora es abolido desde bien arriba. Eso no les gusta a todos.

Hasta no hace mucho, vestirse en forma informal eran en Alemania un privilegio de las startups. A los jóvenes fundadores y fundadoras de empresas les estaba permitido, si bien no al gusto de todos, renunciar a la corbata, el traje y los tacos altos y tutear a sus interlocutores. Pero quien deseaba irradiar seriedad en los negocios debía vestirse “bien”.

Los tiempos cambian: Dieter Zetsche, CEO de Daimler, aparece de pronto con zapatillas deportivas blancas ­sobre la alfombra roja de una fiesta de beneficencia; Klaus Gehrig, CEO de Lidl, una cadena de venta al por menor tradicionalmente conservadora, le solicita al 
personal que lo tutee. ¿Qué está sucediendo entre los 
CEO alemanes? “Una nueva informalidad”, dice Clemens Graf von Hoyos, presidente del directorio de la ­Sociedad Knigge, una institución que vela por las reglas del buen comportamiento.

El nuevo código de vestimenta tiene sus razones. Se trata de impresionar. Los políticos quieren demostrar así su dinamismo y sencillez. Los CEO tienen a su vez en la mira a potenciales nuevos empleados jóvenes: ¡veis, no todo es tan jerárquico como parece! Que las empresas se transformen de esa manera tiene que ver con el cambio demográfico. El número de personas jóvenes desciende continuamente, los graduados universitarios pueden elegir en qué empresa quieren trabajar. A diferencia de la situación hace algunos años, el prestigio de una empresa no lo es todo. A la generación Y, que ama la libertad, le parece poco atractivo trabajar en un gran grupo económico, con sus jerarquías tradicionales y obligación de rendir informe permanentemente. Cuando los CEO se presentan en público en mangas de camisa, quieren dar a entender: parecemos viejos, pero interiormente somos jóvenes y dinámicos. Cuando Zetsche, CEO de Daimler, se apareció en la conferencia Noah, sobre Internet, en Berlín vestido con jeans y ­camisa, tuvo sus razones. Allí se iba a encontrar con Travis Kalanick, el joven fundador de la startup Uber, la empresa de transportes privados. El servicio no solo es una verdadera amenaza para el modelo de negocios de Daimler, sino que actualmente vale en bolsa casi tanto como el fabricante alemán de automóviles.

Pero Dieter Zetsche no es una excepción. Oliver Bäte, presidente del directorio del grupo financiero Allianz, se presentó recientemente ante sus accionistas con ­zapatillas rojas; Joe Kaeser, CEO de Siemens, eliminó el código de vestimenta en público. “Smart casual” se llama el nuevo estilo: algo más elegante que en casa, pero la transición del trabajo al tiempo libre se difumina. Para las mujeres, eso vale, sin embargo, solo con limitaciones. Mientras que en Estados Unidos, Marissa Mayer, CEO de Yahoo, y Sheryl Sandberg, directora operativa de Facebook, se presentan en público con trajes que resaltan su figura, las mujeres con cargos directivos en Alemania siguen por lo general vistiendo traje con pantalones: ­nada de experimentos cuando se trata de exigir ser tomadas en serio.

Con la nueva informalidad cambia en muchas empresas también el trato. Hans-Otto Schrader, presidente del ­directorio de OTTO, ofreció primero el tuteo a sus empleados (quien quiera puede llamarlo “Hos”). Luego, Norbert Winkeljohann, CEO de PWC, animó a sus ­empleados también a tutearlo. Y Klaus Gehrig, jefe de ­
los 375.000 empleados de Lidl y Kaufland, se hace llamar “el Klaus”. Suena bien y puede tener sentido en los grandes grupos económicos transnacionales, en los que de cualquier manera se usa normalmente el “you” y el nombre de pila, pero no todo empleado está encantado con tanta proximidad. “El tuteo no evita los conflictos, 
al contrario”, advierte Graf von Hoyos, “sino que a menudo los crea”. Por ejemplo, cuando “el Klaus” de Lidl dice lapidariamente: “Quien no tutea, se aísla. Esa es no es la gente que necesitamos”. ▪