Ciudades lentas

Las “ciudades lentas” ofrece desaceleración pura.

dpa/Rolf Haid - Schwarzwaldgipfel des Kandels bei Waldkirch

“Desaceleración” es la consigna del momento. Pero, ¿cómo y dónde? El movimiento Slow Food, iniciado por Carlo Petrini, y el proyecto de agricultores Terra Madre fundaron en 1999 en Orvietto, Italia, una red que hoy se extiende por 25 países y clasifica a ciudades de menos de 50.000 habitantes como “Cittàslow” (del italiano città = ciudad y el inglés slow = lento), es decir, ciudades lentas. Cumpliendo con determinadas condiciones, esas ciudades pueden integrarse a la red. Se caracterizan porque sus habitantes “aprecian lo lento, el cambio de las estaciones, la autenticidad de los productos, las costumbres, el sabor y la salud”. Luego de Italia, Alemania es, con 16 “ciudades lentas”, el país con el mayor número de localidades que pertenecen a la red.

La pequeña ciudad de Hersbruck, en la región de Mittelfranken, fue la primera en sumarse al movimiento. Su participación tiene como consigna una cita del político francés Jean Jaurès: “Cultivar la tradición no significa conservar las cenizas, sino mantener las brasas encendidas”. Ese estilo de vida es celebrado el primer fin de semana de todos los años con la Fiesta del Casco Urbano Antiguo de Hersbruck, en medio de murallas, puertas, torres y un castillo del Medioevo. La segunda ciudad alemana que se adhirió al movimiento fue Waldkirch, en el estado federado de Baden-Wurtemberg. Un momento culminante en la ciudad de constructores de órganos a los pies de la Selva Negra es el Festival Internacional de Órgano, que tiene lugar cada tres años.

Reserva de biosfera y parque de estrellas

No son, sin embargo, las atracciones turisticas las que caracterizan a esas ciudades, sino, sobre todo, su ubicación y la conciencia de sus habitantes de la importancia de la sostenibilidad. Bischofsheim an der Rhön, por ejemplo, se destaca por sus caminos para senderistas. Conocido más allá de la región es el sendero premium “Hochrhöner”, con magníficas vistas sobre un paisaje de montañas medias. Sobre la ciudad se eleva el monte Kreuzberg, sobre que se halla el monasterio del mismo nombre, un antiguo lugar de peregrinación y hoy popular destino de senderistas. La región de Rhön está reconocida además desde 1991 como reserva de biosfera de la UNESCO y fue certificada en 2014 como parque de estrellas, es decir, un lugar en el que pueden observarse particularmente bien los astros celestes, porque el paisaje no está muy urbanizado y las ciudades emiten poca luz artificial.

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