La nueva 
madurez del lector

Internet transforma la literatura: cada vez más a menudo se lee y se escribe conjuntamente.

dpa/Dedert - Self publishing, social writing

En el siglo XXI, el autor y el lector se han aproximado. El lector ha madurado y aparece como miembro de una comunidad digital de lectura. Lo que diferencia a círculos literarios en Internet tales como “Goodreads” o el proyecto “Sobooks”, creado por el conocido bloguero alemán Sascha Lobo, de sus predecesores analógicos es a menudo una relación simbiótica entre el “productor” y el “consumidor”, particularmente en la literatura de género. En “LovelyBooks”, la mayor plataforma alemana de lectura social, no es inusual que 
una autora de novelas históricas pida consejos a sus lectores: “Cada indicación de mis lectores me ayuda concretamente a mejorar mi libro”. La literatura de género siempre vivió de 
su potencial identificativo. La participación de los lectores permite potenciar ese principio. El autor no solo puede solicitar ideas al lector, sino, de ser necesario, también contactarlo directamente: una encuesta entre clientes en tiempo real.

La nueva relación entre el lector y el autor alienta, también más allá del género, a experimentar con nuevas formas de producción y recepción, como, por ejemplo, en el proyecto 
de libro “Una nueva versión está disponible”, de Dirk von 
Gehlen. Los lectores que apoyaron su libro a través del sistema de financiación colectiva pudieron acompañar su surgimiento y recibieron del autor regularmente actualizaciones en las que era documentado el proceso de escritura. Se trató de participantes mudos, que se correspondían con los receptores en el sentido original del término mucho más que en los círculos digitales de lectura. No obstante, su presencia modificó la forma de escribir de von Gehlen: “Uno se siente expuesto. Son publicados (en ese círculo cerrado) resultados no im­primibles. Esa es justamente la diferencia con respecto a la escritura analógica: existen diversas versiones de un mismo texto”. El autor parece volverse más vulnerable. ¿Es la visualización de diversas etapas de la producción de un texto en la era digital posiblemente también el último clavo en el ataúd del concepto de genio literario?

Esa escritura en “diversas versiones” quiso hacer explícita también un grupo de escritores que a comienzos de 2015 se reunió en el blog “Hundertvierzehn” para escribir juntos la 
novela “Dos muchachas en la guerra”. Por semanas surgieron 
tres textos, procesados en forma pública y comentados por 
los otros autores. “¿Son mis textos –ya que cada autor tiene acceso a ellos– tachados, sobrescritos o retocados?”, pregunta Kathrin Röggla al comienzo de los comentarios. Y “¿es el material ya un tema?” La autora critica con ello no solo la idea 
de la cultura como software, que von Gehlen tomó como base para su proyecto, sino también la cuestión central de la autoría en el marco de una simultaneidad virtual. ¿Tienen la novela y la autoría aún un futuro en el espacio colectivo atemporal que es Internet?

El concepto de literatura ha sido ampliado en la última década y no siempre a favor de la calidad literaria, haciendo surgir 
un nuevo tipo de escritor que sondea las posibilidades y los límites de un público de nuevo tipo. El espacio digital experimental para autores, lectores y editoriales es vasto y aún no se ha llegado al límite de sus posibilidades. ▪