Un paraíso para jóvenes creativos

El mundo de las startups berlinesas es diverso y variopinto. Algunas empresas jóvenes tienen una plantilla numerosa y atraen a público internacinal.

dpa/Ole Spata - Startups

Naren Shaam nació en Bangalore, estudió en Harvard y en 2012 fundó una 
empresa en Berlín. Fue una decisión bien pensada, afirma el empresario de 31 años: “Me pregunté cuál es el mejor lugar para crear una empresa de éxito y la respuesta estuvo clara: Berlín”. No solo porque aquí vivir y trabajar sea más barato que en otras metrópolis europeas, además, la ciudad atrae sobre todo a muchos talentos como él de todo el mundo.

Shaam llegó a Berlín sin hablar una palabra de 
alemán y sin conocer mucho más que Alexanderplatz en el barrio de Mitte. En su equipaje llevaba una idea de negocio y dinero de inversores estadounidenses. La idea la había desarrollado dos años antes después de pasar tres meses viajando por 14 países de Europa. En aquel entonces quería llegar de A a B de la manera más rápida y barata posible, pero no le resultó fácil averiguar qué caminos y medios de transporte eran los más adecuados para ello. “Con frecuencia pasaba más tiempo planificando que viajando”, comenta Shaam. Quiso que esto cambiara y fundó el portal de Internet GoEuro que ofrece una búsqueda sencilla que muestra todas las alternativas de viaje, en autobús, tren o avión, inclusive las conexiones con el aeropuerto.

Según los cálculos del banco Investitionsbank 
Berlin, cada 20 horas se funda en Berlín una nueva empresa de Internet. Esto convierte a Berlín, además, en la capital digital de Alemania. Fundar una empresa vuelve a ser algo atractivo para la gente joven. En Berlín se puede apreciar este hecho en muchos sitios. Algunos jóvenes empresarios trabajan en sus ideas de negocio en el ya famoso Café Sankt Oberholz de la plaza Rosenthaler Platz en el barrio de Mitte o en espacios de trabajo compartidos como la Betahaus. Fundadores y autónomos pueden alquilar aquí oficinas o escritorios de forma asequible y flexible, e intercambiar ideas y establecer contactos con otros fundadores y creativos. Aquí hay programadores trabajando en oficinas contiguas con fotógrafos, arquitectos, diseñadores, abogados y periodistas.

Entretanto, todas las universidades importantes 
de la ciudad cuentan con su propio centro de fundadores y ya existen cátedras de Emprendimiento. Hay eventos para fundadores casi cada tarde en los que el mundillo de las startups se reúne y relaciona. Los grandes eventos como “Hy!”, la “Larga Noche de las Startups” o “Heureka” atraen también al público internacional. Hace tiempo que el mundo de las startups berlinés ha captado la atención de los inversores de dentro y fuera de Europa. Bill Gates es uno de ellos. El fundador de Microsoft invirtió en 2013, junto con otros financiadores, 35 millones de dólares en la startup berlinesa ResearchGate. En esta plataforma de Internet científicos de todo el mundo pueden intercambiar los resultados de 
sus investigaciones. “Cuando hace años le presenté la idea a mi profesor en Hannover, la consideró 
una tontería”, cuenta el fundador Ijad Madisch. De Hannover se fue a Harvard, allí encontró apoyo 
y en 2008 fundó ResearchGate. A Madisch también le pareció que la sede ideal para su startup era 
Berlín. La empresa cuenta hoy con más de 120 empleados y más de cinco millones de miembros. “Entretanto, mi profesor de Hannover es uno de ellos”, dice Madisch.

El interés de grandes grupos de empresas en las startups berlinesas es enorme, como también se aprecia en muchos sitios. Microsoft ha establecido su representación en la capital en el paseo Unter den Linden. Abajo hay un café para todos los públicos, en las plantas superiores espacio comercial y en el ático toda una planta para startups. Quien tenga una idea, puede presentarla, recibir junto 
con su equipo apoyo intenso por parte de expertos durante cuatro meses, hacer uso de las instalaciones y la tecnología, y así convertir su idea en un plan 
de negocio. Y su competidor Google hace otro tanto. La compañía participa en Factory, un campus de startups en el que se han asentado, entre otras, 
la plataforma musical Soundcloud y la desarrolladora de aplicaciones 6Wunderkinder. También Deutsche Telekom, el grupo mediático Springer, el grupo químico Bayer o la empresa de software SAP tienen sus propias incubadoras. La vieja economía busca el contacto con el mundo de las startups para beneficiarse de las jóvenes e innovadoras empresas y no perderse ninguna tendencia.

La más famosa, probablemente también la más polémica, y sin duda la mayor incubadora de la ciudad es Rocket Internet. Los tres hermanos Marc, Oliver y Alexander Samwer, que ganaron mucho dinero con la venta de su casa de subastas por Internet Alando y del proveedor de tonos de llamada Jamba, han profesionalizado la fundación de empresas y han convertido Rocket Internet en una fábrica de startups. Tan solo en 2013 ya reunieron dos mil 
millones de euros de inversores. Rocket cuenta entre tanto con más de 20.000 empleados en más de 100 países. Pero la central está en Berlín. “Soy el hombre más agresivo en Internet”, dijo de sí mismo una vez Oliver Samwer. Sus métodos de negocio 
son criticados con frecuencia. De hecho la primera empresa que fundaron, Alando, ya fue una copia del modelo estadounidense Ebay.

Muchas otras empresas del entorno Rocket son 
clones de otros modelos de negocio probados con éxito. Esto ha granjeado a Berlín la poco favorecedora fama de ser la metrópoli de la imitación. No obstante, el trabajo de los Samwer ha contribuido de forma decisiva a que haya tantas startups de 
éxito en Berlín. Muchos antiguos empleados de Rocket y compañeros de camino de Samwer han fundado sus propias empresas. Wooga es un ejemplo: monstruos de rico colorido decoran las paredes de las luminosas oficinas en la antigua fábrica de pan en la frontera entre los barrios de Mitte y Prenzlauer Berg. Rincones de madera clara y cojines de colores invitan a los empleados a alejarse de vez en cuando de los ordenadores. Wooga ha tenido que remodelar y ampliar sus oficinas una y otra vez, puesto que la empresa ha crecido vertiginosamente desde su fundación en enero de 2009. Wooga desarrolla juegos para todos los públicos y para los ratos libres. Los desarrolladores no tardaron en colocar sus juegos en los smartphones, con éxito. La empresa da empleo hoy en día a más de 250 empleados de 40 nacionalidades. Y 50 millones de personas se entretienen con juegos de Wooga cada mes.

La startup más conocida de la capital es proba­blemente Zalando. El comerciante de moda en Internet ha crecido con la ayuda de los hermanos 
Samwer y salió a bolsa en octubre de 2014. Este 
fue un paso importante, no solo para Zalando, sino para todo el ámbito, puesto que el capital de riesgo solo fluye donde los inversores ven la posibilidad de recuperar su dinero con beneficios en unos años. Por eso fue importante ver que la vía bursátil estaba abierta para jóvenes empresas innovadoras. Cuando Oliver Samwer se encontró hace poco en Berlín con Angela Merkel, su mensaje más importante a la canciller fue: “Fundadores con buenas ideas tenemos suficientes. Lo que falta es capital 
de riesgo para que las empresas puedan hacerse realmente grandes”.

Capital no le falta de momento a Naren Shaam. En verano reunió 27 millones de dólares estadounidenses para su empresa GoEuro en una segunda ronda de financiación. El joven empresario tiene ya más de 70 empleados de 25 naciones. Hace tiempo que el equipo tuvo que trasladarse a nuevas oficinas. Hasta ahora, GoEuro abarca Alemania, Italia, España, Gran Bretaña, los Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo. El siguiente gran objetivo: “Queremos integrar en nuestro sistema lo más rápido 
posible todas las rutas de transporte dentro de 
Europa”, afirma Shaam. ▪