“La mano tiene que volverse inteligente”
Ingeniería, fabricación de precisión, investigación: Bettina Schön-Behanzin, de Agile Robots, analiza las fortalezas de Alemania en el ámbito de la robótica.
Señora Schön-Behanzin, ¿qué hace falta para construir robots de alto rendimiento?
Tres cosas: hardware, inteligencia artificial y datos. Se necesitan brazos robóticos para tareas específicas, plataformas móviles y humanoides, es decir, robots con forma humana. A eso se suma el software, el “cerebro” del robot, que indica a la máquina, por ejemplo, cómo sujetar un objeto frágil. Eso funciona mediante modelos de inteligencia artificial. Para ello, a su vez, se necesitan grandes cantidades de datos de calidad con los que entrenar esos modelos. También se habla en estos ámbitos de IA física.
¿Qué se entiende por IA física?
Inteligencia artificial integrada en un cuerpo físico. Hace posible que las máquinas perciban y comprendan lo que ocurre a su alrededor y actúen por sí mismas. Así conecta el mundo digital con la robótica. A diferencia de los modelos de lenguaje, que se entrenan con enormes cantidades de texto, los datos disponibles para entrenar interacciones físicas son todavía muy limitados. Por eso, estos conjuntos de datos se construyen de forma específica a partir de simulaciones, datos obtenidos de robots reales y vídeos en los que personas muestran cómo realizar distintas tareas. Así, un robot aprende a manipular objetos, manejar herramientas y ejecutar procesos complejos con seguridad.
¿Qué tal está posicionada Alemania en este ámbito?
La verdad es que muy bien. Nuestra fortaleza reside en la combinación de una formación de primer nivel en ingeniería, fabricación de precisión y desarrollo de software. Alemania reúne universidades punteras, décadas de experiencia en ingeniería mecánica y automoción, y una investigación de excelencia, como la del Centro Aeroespacial Alemán (DLR). Pocos países cuentan con una base como esa.
¿Cómo se traduce eso en el desarrollo de robots?
Un buen ejemplo de ello es la mano de un robot humanoide. Es, con diferencia, el componente más complejo. Para dotarla de la precisión de movimientos necesaria, se requiere una compleja combinación de articulaciones y sensores. Así, el robot es capaz de distinguir si está sujetando un objeto duro o blando. Desarrollar esa precisión de movimientos supone un auténtico desafío de ingeniería. En ese ámbito, Alemania está entre los líderes mundiales. Y después hay que coordinar todo el sistema para que la mano actúe con inteligencia. También en este campo, Alemania acumula años de investigación puntera.
Agile Robots nació como una spin-off del Centro Aeroespacial Alemán (DLR), y su fundador y consejero delegado llegó desde China para realizar allí su doctorado. Eso también dice mucho a favor de Alemania como emplazamiento para innovar, ¿no?
Así es, y no solo por la excelencia de su investigación. Desde el principio tuvo claro que quería construir una empresa realmente internacional. No solo producimos en Alemania, sino también en China y la India. Desde hace poco, también contamos con una oficina en Silicon Valley.
Lo que sin duda podemos aprender de China es su apertura a las nuevas tecnologías, su capacidad de innovación y, sobre todo, la rapidez con la que actúa.
Bettina Schön-Behanzin es Vice President External Affairs and Communications en la empresa de robótica muniquesa Agile Robots. Antes pasó 27 años viviendo y trabajando en China, donde, entre otros cargos, se convirtió en la primera presidenta de la Cámara de Comercio Alemana en Shanghái.