El cambio energético viene

Luego de la catástrofe atómica en Japón, Alemania planea abandonar la energía ­nuclear en un plazo de una década.

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La decisión se tomó antes de lo esperado y es una clara señal a nivel internacional: Alemania abandona la energía nuclear. A más tardar en 2022 será cerrada la última de las actuales 17 centrales atómicas. Así lo decidió la coalición de Gobierno, formada por CDU/CSU y FDP. Con ello se implementa la recomendación de la Comisión de Ética “Abastecimiento Energético Seguro”, convocada por el propio Gobierno. La comisión cree que es posible renunciar a la energía en diez años. “Queremos que la energía del futuro sea segura, pero también confiable y pagable”, dijo Angela Merkel, la canciller federal, a fines de mayo, al recibir el informe de la comisión, encabezada por los profesores Matthias Kleiner, presidente de la Fundación Alemana para la Investigación Científica (DFG), y Klaus Töpfer, exministro alemán de Medio Ambiente y exdirector del programa ambiental de la ONU (PNUMA). En 48 páginas, sus 17 miembros exponen cómo es posible lograr la ambiciosa meta. Por razones éticas, las centrales atómicas seguirán funcionando en Alemania sólo mientras no puedan ser sustituidas por fuentes de energía menos riesgosas. Ya ahora serán cerradas las siete plantas nucleares más antiguas y la de Krümmel, ya que sus 8,5 gigavatios de potencia pueden ser suministrados por otras fuentes menos riesgosas. Paso a paso serán cerradas luego otras centrales atómicas. El orden del cierre obedecerá al riesgo de cada una de las plantas y su importancia para la respectiva red eléctrica regional. La mayoría de las plantas dejarán de funcionar hasta el 2021. Como máximo tres reactores permanecerán disponibles, para el caso de que el cambio energético lleve más tiempo de lo planeado. La potencia que se pierde será compensada con un más eficiente uso de la energía, la expansión de las energías renovables, un aprovechamiento innovador de los portadores fósiles de energía y una nueva concepción de los “mercados de capacidades”. La comisión subraya que el abandono de la energía nuclear es posible sin reducir la protección del clima.

El abandono de la energía nuclear es una consecuencia directa de los acontecimientos en Japón. A comienzos de marzo de 2011, en la planta nuclear de Fukushima se produjo un serio accidente debido a un terremoto y un tsunami, que no pudo ser dominado con los mecanismos de seguridad previstos. La conmoción en Alemania por los catastróficos efectos del terremoto, el maremoto y el accidente nuclear para el ser humano y el medio ambiente fue grande. Los alrededores de la planta atómica quedaron tan contaminados que desde entonces existe un área de exclusión de 20 kilómetros y 85.000 personas debieron ser evacuadas.

“No podemos pasar simplemente al orden del día”, dijo Angela Merkel, la canciller federal, a mediados de marzo en Berlín. El accidente de Fukushima llevó en Alemania a una revaloración de los riesgos de las centrales atómicas. El Gobierno federal anunció el 15 de marzo de 2011 una moratoria para las siete plantas nucleares alemanas más antiguas, siendo retiradas de la red en principio por tres meses. La razón: esas centrales comenzaron a generar energía en los años 1970 y su nivel de seguridad es menor al de las centrales construidas posteriormente. El diseño de algunas de ellas, con los reactores de agua en ebullición más antiguos, es tendencialmente similar a las más viejas plantas de Fukushima. Durante la moratoria fueron revalorados los riesgos. El Gobierno federal encargo de ello a dos comisiones: la “Comisión de Seguridad Nuclear” (RSK), subordinada al ministerio de Medio Ambiente, y la “Comisión de Ética”. La “Comisión de Seguridad Nuclear” analizó críticamente las 17 plantas. Los expertos emitieron valoraciones muy detalladas sobre cada una de las centrales. En general, las plantas tienen un “alto grado de robustez”, dijo el profesor Rudolf Wieland, presidente de la RSK. No obstante, ninguna de las plantas nucleares alemanes cumple con el nivel 3 de seguridad de conformidad con los criterios de la RSK: poder resistir la caída de un gran avión de pasajeros. Casi todas las centrales pueden resistir la caída de un avión militar y un avión comercial mediano. La tarea de la “Comisión de Ética” fue responder a una pregunta de la canciller federal: ¿cómo abandonar la energía nuclear de tal forma que la transición a la era de las energías renovables sea practicable y sensata?

Con la nueva estructura energética, Angela Merkel quiere transformar a Alemania en un modelo internacional. Alemania puede ser el primer país industrializado en asumir un papel pionero en el cambio a las energías renovables, dijo la canciller federal el 30 de mayo en Berlín. No obstante, para ello deben ser aprobadas por el Bundestag algunas modificaciones de leyes, por ejemplo la Ley sobre la Energía Atómica, la Ley sobre Aceleración de la Ampliación de la Red Eléctrica, la Ley sobre el Abastecimiento Energético, el Código de Construcción, el Fondo de Energía Ecológica, la Ley sobre Cogeneración de Energías Eléctrica y Térmica y la Ley sobre Energías Renovables. La “Comisión de Ética” subrayó los enormes potenciales económicos y técnicos que el cambio energético ofrece a la economía alemana. “Alemania puede mostrarle a la comunidad internacional que un abandono de la energía atómica es ‘la’ opción para una economía de alto rendimiento”, se lee en el informe. Merkel había tematizado ya en la cumbre del G8 en Francia la cuestión de la seguridad nuclear. Los países industrializados líderes occidentales y Rusia acordaron verificar regularmente los estándares de seguridad de las plantas atómicas y realizar pruebas de estrés de acuerdo con las normas de la UE. Italia indicó que se aspira a realizar referéndums. Japón se manifestó a favor de las energías renovables y más eficiencia energética.

Las posibilidades de éxito del cambio energético en Alemania son grandes. La “electricidad verde” ya estaba en auge antes de 2011. Su participación en el abastecimiento energético pasó de cinco por ciento en 1990 a 17 por ciento actualmente: la más alta a nivel internacional. La meta del Gobierno es alcanzar un 35 por ciento hasta el 2020. Para ello se planea aumentar la ­generación de energía eólica, particularmente con parques off shore en los mares del Norte y Báltico, y ampliar la red de alta tensión en un diez por ciento. La corriente ecológica generada en el norte podrá ser transportada así más fácilmente a los puntos de alto consumo en el sudoeste de Alemania. También se prevé expandir los programas para el aislamiento térmico de edificios. Ello tiene particular importancia: los edificios consumen un 40 por ciento de la energía, por lo que un mejor aislamiento térmico aumenta la eficiencia energética y reduce las emisiones de anhídrido carbónico. Además disminuye así el consumo de gas natural, que puede ser empleado para la generación de electricidad. Las centrales termoeléctricas de gas, que pueden ser activadas y desactivas rápidamente, son las más adecuadas para compensar las oscilaciones de la alimentación en red de la corriente generada en plantas eólicas y solares.