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“La Narrenfreiheit —la libertad tradicional de los ‘locos’ del carnaval para burlarse del poder— es libertad de expresión”

Jacques Tilly es célebre por sus carrozas políticas de carnaval. En Rusia se sigue un proceso contra el escultor. ¿Cómo lo afronta? 

Ina BrzoskaIna Brzoska , 10.02.2026
El artista de Düsseldorf Jacques Tilly posa en su taller ante una figura de Putin con las manos ensangrentadas.
El artista de Düsseldorf Jacques Tilly posa en su taller ante una figura de Putin con las manos ensangrentadas. © picture alliance/dpa | Federico Gambarini

Cuando el presidente ruso se exhibe en una carroza de carnaval con testículos descomunales, las manos ensangrentadas o inquietantes delirios de poder, casi seguro es obra de Jacques Tilly. Con 62 años, figura entre los grandes nombres de la sátira del carnaval renano. Este año su sátira cobra una relevancia especial por el conflicto político, y más aún porque en Moscú ha provocado un enfado palpable. 

Desde hace más de 40 años, Tilly crea con cartón, pintura acrílica y malla metálica esas figuras con las que entusiasma a los carnavaleros y pone en jaque a los poderosos. El desfile del Lunes de Carnaval de Düsseldorf es su “exposición sobre ruedas”. “Putin, Trump, Erdoğan, los mulás en Irán: nadie se libra”, dice Tilly. Cuanto más provocadora, más política y más afilada es la idea, antes se lanzan él y su equipo a construir las carrozas. 

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En Alemania, ya sea en Colonia, Düsseldorf o Maguncia, el carnaval se vive como un auténtico estado de excepción con rituales inamovibles. Los desfiles del Lunes de Carnaval son en muchos lugares el gran momento culminante: Decenas de miles de personas festejan con disfraces ingeniosos y, al abrigo de la libertad de los Narren —los “locos” del carnaval—, sacan a la luz y caricaturizan los abusos políticos. 

Que estas imágenes traspasen las fronteras alemanas lo evidencia su eco internacional. En 2019, Tilly registró más de 1.500 informaciones en más de 100 países; el interés es especialmente alto en Corea del Sur. También en Japón, Taiwán y China se exhiben sus carrozas.  

En los últimos meses, Tilly también ha estado en el foco internacional por otro motivo. Rusia inició en 2025 un proceso penal contra él. “Desprestigio de los órganos del Estado” es el cargo que se le imputa, dicho de forma sencilla. En virtud del amplio código penal ruso, Tilly se arriesga a una multa o incluso a hasta diez años de cárcel.   

Putin es uno de los blancos favoritos de Tilly. Al presidente ruso lo escenificó no solo con las manos ensangrentadas, sino también en poses provocadoras. La acusación la califica de “absoluto disparate propagandístico”. El proceso se está tramitando en Moscú. No acudió a las vistas; asegura que ni siquiera recibió una citación. “Puede que una querella así asuste a más de uno. Pero los carnavaleros de Düsseldorf estamos hechos de otra pasta”, dice Tilly. “La Narrenfreiheit —la libertad tradicional de los ‘locos’ del carnaval para burlarse del poder— es libertad de expresión.” 

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La Narrenfreiheit —la libertad tradicional de los ‘locos’ del carnaval para burlarse del poder— es libertad de expresión 

En el carnaval también se trata de tomar partido. No es casual que, a las puertas de la nueva temporada, Tilly evoque su carroza favorita de 2017. Entonces se preguntó por qué tantos villanos políticos llevaban el pelo teñido de rubio. Así nació el lema: “Rubio es el nuevo marrón”.  

En la carroza se alzaban el presidente estadounidense Donald Trump, la ultranacionalista francesa Marine Le Pen y el populista neerlandés Geert Wilders, junto a un Adolf Hitler con el pelo teñido de rubio. 

Para Tilly, la vieja idea de que el humor alemán no tiene gracia ya está superada. “Cuando empecé, Alemania tenía bastante menos sentido del humor.” La sátira, dice Tilly, se veía como una forma de atacar al propio país. Eso ha cambiado. “Hoy puedo construir carrozas por las que en los años 80 me habrían lapidado”, dice entre risas. 

También su propia posición ha ido cambiando con el tiempo. “Hoy me sitúo con mucha más firmeza del lado de la democracia liberal. También es criticable: sí. Pero no se la puede poner en cuestión.”