“El complemento ideal”

Conversación sobre el aprendizaje digital con el profesor Christoph Meinel, director del Instituto Hasso Plattner e iniciador de la plataforma educativa openHPI.

Profesor Meinel, el Instituto Hasso Plattner (HPI), de Potsdam, está considerado uno de los pioneros mundiales del aprendizaje digital. Usted creó ya en 2012 la red de educación social openHPI. ¿Cómo se desarrolla el proyecto?

La plataforma se desarrolla magníficamente. Tenemos unos 125.000 usuarios de 180 países, varios de ellos realizan simultáneamente varios cursos. Acabamos de registrar la matriculación número 300.000. En cursos dirigidos a un vasto público, tales como “La seguridad en Internet” y “Java para principiantes” llegamos a tener más de 10.000 participantes, que no cabrían naturalmente ni en la mayor aula universitaria real.

El éxito se debe para usted en gran parte al factor “comunidad”. ¿Qué papel desempeña lo social en el aprendizaje digital?

El componente social es central. Puede que haya uno que otro autodidacta entre nosotros, pero todos los estudios prueban que el ser humano aprende más y mejor en grupo. Por eso es muy importante que, en el marco de los cursos, los participantes puedan interactuar. Esa interacción, que tiene lugar sobre todo a través de los medios sociales, es un componente esencial para el éxito de un curso. Las dudas que surgen pueden ser así aclaradas inmediatamente en el foro, ya por otros participantes o por el equipo docente. Nuestra experiencia nos dice que esa rápida respuesta es muy bien recibida. Surge así una comunidad ­virtual de aprendizaje que motiva a no abandonar los cursos. Las tasas de abandono son relativamente muy menores.

¿Será el aprendizaje digital el “non plus ultra” en el futuro? ¿Cuáles son las mayores diferencias y posibilidades de complementación con el aprendizaje convencional?

Los formatos digitales de aprendizaje son un complemento ideal y un enriquecimiento de los sistemas tradicionales de educación. No llevarán a que sean cerradas universidades, pero ofrecen una serie de ventajas que las universidades tradicionales no pueden brindar. Son independientes del tiempo y el ­lugar y, además, escalables: las ofertas educativas pasan a tener un alcance global. En el caso ideal, los profesores llegan a interesados en todo el mundo y no solo a “sus” estudiantes.

Los Massive Open Online Courses (MOOC) que ofrecen universidades y empresas están dirigidos sobre todo a adultos, que ya no van a la escuela. ¿Cómo puede mejorarse el aprendizaje digital para las jóvenes generaciones? Y ¿cuál es la mejor edad para comenzar?

Un proyecto que intento impulsar desde hace años es la “nube escolar”. La idea es eliminar los servidores y computadoras en las escuelas y poner a disposición contenidos digitales e interdisciplinarios en una nube. Para ello pueden ser utilizados los centros de datos ya existentes. Los escolares necesitarían entonces solo terminales, por ejemplo, sencillas tabletas, y podrían acceder permanentemente a los contenidos digitales, ya sea durante los cursos en la escuela o en casa. La ventaja para las escuelas: no tienen que comprar y mantener permanentemente nuevas computadoras ni ocuparse de las condiciones de licenciamiento e instalación de programas. Las ofertas digitales de aprendizaje podrían utilizarse ya desde la escuela básica.

En internet se encuentra un inmenso número de cursos, carreras y lecciones de apoyo para todas las edades. ¿Cómo pueden identificarse los mejores, que cumplan realmente con las exigencias de calidad?

Con respecto a ese tema dirijo actualmente un grupo de trabajo en el marco del Proceso de la Cumbre TI a nivel nacional. El objetivo es hacer accesible para todos a través de una nube educativa ofertas ya existentes y describir para los usuarios detalladamente los contenidos. Además sería bueno que existiera un sistema de evaluación: personas que participaron en cursos deberían poder evaluarlos. Esas evaluaciones de la comunidad han demostrado ya ser un buen control de calidad. Naturalmente, también en el área de ofertas educativas pueden ayudar los ­algoritmos. Funcionan, por ejemplo, como en la búsqueda de pareja en la red. Sobre la base de sus conocimientos previos y otros factores, un algoritmo de “coincidencias” puede proponerle la oferta en la nube más adecuada para usted.

Con su universidad en internet “Udacity”, el alemán Sebastian Thrun, exgerente de Google, quiso hacerle competencia a las universidades reales e incluso sustituirlas. El proyecto fracasó. Ahora apuesta por “nanogrados”, con los que los ­estudiantes obtienen cualificaciones para poder encontrar un trabajo en Silicon Valley. ¿Cuáles son las tendencias de futuro en el aprendizaje digital?

No veo en esa área opciones excluyentes. No se trata de querer sustituir a instituciones ya existentes, sino sobre todo de enriquecer la oferta educativa y de crear nuevas ofertas y formas. En numerosos estudios se identifican una y otra vez déficits en los sistemas educativos clásicos. Para la mí, lo esencial es hasta qué punto esos déficits pueden ser compensados con las nuevas tecnologías. Pienso, por ejemplo, en una mayor personalización de las ofertas educativas digitales, que puedan tener más en cuenta las fortalezas y debilidades individuales.

¿Qué papel desempeña para el HPI Hasso Plattner, cofundador de SAP y fundador y donante del instituto?

Da cursos y ofrece seminarios regularmente. Justamente hace pocas semanas, el profesor Plattner dijo públicamente que planea ampliar considerablemente el HPI y crear nuevos cursos. Eso naturalmente me alegra mucho. ▪