“Una contribución a la salud de todos”

Rolf Horstmann lucha desde Hamburgo por la salud mundial. Horstmann dirige el Instituto Bernhard Nocht.

Rolf Horstmann, experto en enfermedades tropicales

Un enorme despacho y vistas impactantes: el río Elba, los embarcaderos, el astillero de Blohm+Voss. Más Hamburgo que esto, imposible. Sin embargo, esté sentado detrás de un escritorio alguien que ‘da la espalda’ a Hamburgo, cuyos pensamientos no se quedan en la ciudad, sino que se orientan al mundo. “Instituto de Medicina Tropical” se puede leer en la entrada, aunque a Rolf Horstmann no le gusta el nombre. Le parece una “reliquia colonial”. En realidad, cree, debería lla­marse Instituto para las enfermedades de la pobreza. Pero el nombre es como es.

Horstmann es presidente del consejo directivo del Instituto Bernhard Nocht, donde trabaja desde hace 40 años. Básicamente, el instituto ha cumplido siempre dos funciones: ser, por un lado, algo así como un vigilante de enfermedades que podrían ser importadas a Alemania. Y, por otro, un especie de buen samaritano, aunque a Horstmann no le agrada tampoco ese término, le parece demasiado soberbio. Pero en el fondo se trata de una contribución de un país rico a la salud de todos.

La salud de todos: cuando en 2014 estalló la epidemia de ébola, el Instituto desempeñó un papel decisivo en la lucha. Empleados del Instituto viajaron a África occidental, y otros investigaron en Hamburgo este virus altamente peligroso en un laboratorio especial. Y cuando poco después apareció el virus Zika en Sudamérica y Centroamérica, 100 muestras eran traídas diariamente a Hamburgo porque los centros de investigación en los países afectados estaban saturados. “Trabajábamos al límite, pero era una buena sensación saber que lo que uno hace resulta útil.”

La tarea de Horstmann consistía en coordinar las operaciones a gran escala. Por lo demás se dedica a la investigación de base en África. Junto con la Universidad de Kumasi, en Ghana, creó un centro de investigación. Esa región está muy afectada por la malaria. Los empleados de Horstmann han estudiado los genomas de niños y han comparado 3000 pacientes de malaria con 3000 personas sanas. Investigaron a miles de adultos, la mitad enfermos de tuberculosis y la otra mitad, no afectados, a sabiendas de que el 90 por ciento de las personas infectadas por la tuberculosis no se llega a enfermar, debido a que el cuerpo se protege. Pero ¿cómo funciona esa protección? ¿Cómo es posible crearla en aquellos que no la tienen de forma natural?

El Instituto Bernhard Nocht ha dirigido durante muchos años el centro en Ghana. Esto pronto podría ser historia. Tres entidades participan en el proyecto: además del Instituto, la Universidad de Kumasi y el Ministerio de Salud de Ghana. “Cuando estas dos se pongan de acuerdo para que una de ellas asuma la dirección, daremos entonces un paso al costado”, explica Horstmann. Sería el último paso en el camino hacia una relación en pie de igualdad. Hay que acabar con el viejo pensamiento de que los países ricos apoyan a los pobres transmitiendo sus conocimientos, realizando sus investigaciones y estableciendo sus normas. El Instituto seguirá acompañando el desarrollo en Ghana, responderá consultas, pero Horstmann no desea imponer nada o reprimir iniciativas locales que puedan prosperar sin necesidad de apoyo. Para él es suficiente poder dar impulsos, si con lo que forja su instituto de Hamburgo puede ayudar a otros países.