Pro & Contra
¿Sigue teniendo sentido viajar en avión?
Viajar en avión acerca a personas y culturas, pero deja huella en el clima. Una experta en aviación y una científica debaten sobre quién debe asumir la responsabilidad y si tenemos que replantearnos nuestra forma de volar.
Señora Frommberg, señora Senkpiel, ¿podemos seguir viajando en avión con la conciencia tranquila?
Sí. Por supuesto, ante la crisis climática debemos preguntarnos qué vuelos son realmente necesarios y cuáles podemos justificar. Pero, al mismo tiempo, en muchos países resurgen los nacionalismos y crece el aislamiento frente al exterior. Precisamente por eso, considero fundamental acercar a personas de distintas culturas. Para viajar a lugares lejanos, muchas veces el avión es la única opción viable. Creo que, conocer de verdad otras culturas pasa por conocer a su gente y vivir de cerca su día a día. Eso es algo que difícilmente se puede conocer desde lejos.
En general, tengo mis reservas. En Friburgo hemos alcanzado los 38 grados y llevamos unos dos meses y medio sin apenas lluvia. El cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos que provoca, como lluvias torrenciales, sequías, tormentas e incendios forestales, son ya una realidad. Por eso, también me pregunto: ¿Qué estilo de vida queremos y cómo encaja en él nuestra forma de viajar? El avión es el medio de transporte con mayor impacto climático por kilómetro recorrido. Los datos no dejan lugar a dudas. Además, la aviación recibe importantes ayudas, mientras que las alternativas más sostenibles apenas cuentan con apoyo.
¿En quién recae la responsabilidad de viajar de forma más sostenible: en los viajeros o en los gobiernos?
Por supuesto, todos deberíamos plantearnos cuándo es realmente necesario viajar en avión. Pero hay situaciones urgentes en las que el avión permite llegar rápidamente a destinos lejanos. Hace dos años tuve que ir a un funeral y, de no haber volado, no habría llegado a tiempo. Recientemente tuvimos una boda de un familiar en Bilbao. Como tenía que trabajar hasta la semana anterior, decidí ir en avión. Otros invitados optaron por el coche: tardaron tres días y pagaron 220 euros solo en peajes, sin contar la gasolina. Yo, sencillamente, no podía permitirme ni ese tiempo ni ese gasto. Además, viajar en coche o en barco no siempre es más sostenible que volar.
Echo en falta que se tenga más en cuenta el tiempo y el dinero que puede permitirse cada persona. Viajar en tren nocturno, coche o ferri puede costar mucho más que coger un avión. Así que no todo el mundo puede permitirse dejar de volar, ya sea por tiempo o por dinero. Por eso, la responsabilidad de lograr una movilidad más sostenible no puede recaer únicamente en los ciudadanos. Los gobiernos deben crear las condiciones necesarias para que las alternativas más sostenibles sean asequibles y fáciles de utilizar.
Por supuesto, la política también tiene un papel importante: debe crear las condiciones para que viajar de forma más sostenible sea una opción más fácil y atractiva. Pero eso no exime a cada uno de su responsabilidad. Creo que lo primero es tomar conciencia: ¿qué necesito realmente, cuánto tiempo tengo y cómo puedo llegar a mi destino? Hay muchas plataformas donde encontrar ideas para viajar y descubrir cómo llegar a nuestro destino sin coger un avión. De hecho, las estadísticas indican que apenas un 10 % de la población vuela con regularidad. Aun así, los viajes en avión son responsables de hasta el 5 % del calentamiento global. Esto refleja un dato interesante: este calentamiento se debe al estilo de vida de un grupo relativamente reducido de personas. Por eso, quienes viajan en avión también tienen su parte de responsabilidad.
¿No podría ser también la solución volar de forma más sostenible?
Sí. No podemos esperar que la gente deje de volar por completo por voluntad propia. Para conseguirlo habría que recurrir a prohibiciones de gran alcance, y no creo que ese sea el camino. En su lugar, debemos apostar por una aviación más sostenible. El sector destina grandes inversiones a aviones más eficientes, combustibles alternativos y nuevas tecnologías, por encima de muchas otras industrias. Habrá que analizar con lupa si se consigue la neutralidad climática y cuánto se tarda en alcanzarla. Pero dejar de volar no puede ser la solución. La aviación es clave para la movilidad, el comercio y millones de puestos de trabajo.
Las tecnologías más respetuosas con el clima pueden contribuir a ello. Sin embargo, hay tres aspectos fundamentales que conviene tener en cuenta: en primer lugar, la producción de combustibles sintéticos para la aviación consume mucha energía. En segundo lugar, distintos sectores competirán por unos recursos energéticos cada vez más limitados y, en tercer lugar, los combustibles sintéticos tampoco eliminan las emisiones no relacionadas con el CO2. Por tanto, para cumplir los objetivos del Acuerdo de París de 2015, debemos cambiar de rumbo y reducir los vuelos en lugar de aumentarlos. Por eso, también debemos cuestionarnos cuánto volamos y si realmente necesitamos hacerlo con tanta frecuencia. Para mí, no vale decir que Alemania representa una parte tan pequeña del tráfico aéreo mundial que lo que hagamos apenas importa. Alemania es una gran potencia industrial y, como tal, tiene una importante responsabilidad en las emisiones globales. Conozco a mucha gente que dice: ahora me voy una semana a Portugal y luego otra a Estados Unidos. En Alemania, como en muchos otros países occidentales, nos hemos acostumbrado a viajar en avión con total normalidad. Pero ¿de verdad es tan normal viajar en avión?
¿Qué ha influido en su forma de ver los viajes en avión?
De pequeña, mis padres ya me llevaban de viaje a lugares lejanos. Esas experiencias dejaron una profunda huella en mí. Ahora veo algo parecido en mi hija, con la que también he hecho viajes largos, el último a México para asistir a una boda y pasar después unas semanas en el interior del país. Está descubriendo que hay personas que hablan, comen y piensan de otra manera. Y aprende que todas esas diferencias pueden convivir perfectamente. Subirse a un avión y descubrir otra cultura pocas horas después permite ver el mundo con otros ojos, algo difícil de lograr desde la distancia.
Un solo vuelo a Estados Unidos genera el doble de emisiones que una persona en Nepal durante todo un año. Viajar en avión supera con creces el presupuesto anual de emisiones por persona compatible con el objetivo de 1,5 grados de París. Estas cifras me afectan personalmente, porque me preocupa el planeta que dejaremos a las próximas generaciones. Para mí, esto deja claro que necesitamos una fiscalidad que haga pagar de forma justa el daño medioambiental, porque no podemos seguir viviendo por encima de los límites del planeta.