“La persona es un animal auditivo”
Cantar genera sentimientos, une y fortalece el sistema inmunológico. El neurólogo Eckart Altenmüller nos muestra por qué no hay otros seres vivos que escuchen, sientan y suenen como nosotros.
Professor Altenmüller, en su carácter de neurólogo y músico ha estado investigando el efecto del canto en las personas durante 30 años. ¿Qué siente usted cuando canta?
A mí me genera un gran bienestar. Me hace sentir empoderado, me genera alegría por la salud de mi cuerpo y por las emociones que puedo generar con mi voz. Me libera y me hace feliz.
¿Eso quiere decir que las personas cantan para ser felices?
También, pero cantar es mucho más. Es un sistema de comunicación ancestral. Nuestros antepasados utilizaban sonidos melódicos y rítmicos para compartir emociones y coordinar grupos. No existe otro ser vivo que pueda almacenar y producir tantos patrones acústicos como las personas. La persona es un animal auditivo. Probablemente, en algún momento haya sido una estrategia de supervivencia. Hay una teoría de que nuestros antepasados se mantenían activos durante la noche y se comunicaban a través de sonidos.
De todos los estudios que ha leído, ¿qué información es la que más le ha sorprendido?
El grado de influencia del canto en la salud y lo poco que lo aprovechamos. Al cantar con otras personas, aumenta el nivel de inmunoglobulina A en la saliva, un importante anticuerpo que nos protege de agentes patógenos. El efecto está relacionado, en particular, con la alegría y el efecto emotivo positivo de cantar con otras personas. De este modo, se observa la repercusión inmediata que tiene la actividad musical en los procesos físicos.
Los primeros sonidos de los bebés son una muestra sumamente clara de esto: producen patrones melódicos y rítmicos mucho antes de desarrollar el lenguaje.
¿A partir de qué momento de la vida puede observarse realmente esta conducta tan básica?
Ya desde el útero. Los primeros sonidos de los bebés son una muestra sumamente clara de esto: producen patrones melódicos y rítmicos mucho antes de desarrollar el lenguaje. Los padres de todo el mundo pueden comprender intuitivamente estos patrones y generar un efecto en sus bebés al cantarles. Eso demuestra lo profundo que está anclado el canto en nosotros. Estructura emociones, genera unión y forma parte de nuestros mecanismos fundamentales de supervivencia.
¿Por qué a algunas personas entonces les cuesta tanto simplemente ponerse a cantar sin más?
En nuestra cultura occidental, estamos intentando siempre ocultar nuestro interior porque creemos que nos hace vulnerables. En Alemania, incluso, asignamos al acto de cantar una exigencia como de especialización. En muchas culturas, cantar forma parte de la vida cotidiana normal. Entre las etnias africanas o los aborígenes, hay cantos rituales y la vergüenza es inexistente. Cantan como hablan. En nuestro caso, por el contrario, se ha desarrollado una búsqueda de la perfección que inhibe a muchas personas.
¿Qué le infunde esperanza al observar el futuro del canto?
El acto de cantar con otras personas está en un momento de auge. Los coros de proyectos, el canto en grupo, los nuevos festivales: se están generando formatos abiertos en todos lados, en los que puede participar cualquier persona. Las personas buscan esta forma de comunidad. Si fortalecemos a las nuevas generaciones de directores y directoras de coro, el canto tendrá un buen futuro.
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El Prof. Dr. Eckart Altenmüller
es neurólogo, músico y uno de los investigadores del efecto de la música y del canto de mayor reconocimiento a nivel mundial. Fue director del Instituto de Fisiología Musical y Medicina para Músicos en Hannover durante muchos años y estudia desde hace décadas cómo influye el canto en el cerebro, las emociones y la salud.