El secreto del bosque

Los alemanes y el bosque siempre han mantenido una estrecha relación. Ahora, el guarda forestal y escritor Peter Wohlleben aporta una nueva visión de este anhelado lugar.

Peter Wohlleben, de 1,98 metros de altura, fibroso y barbudo, se apoya en un haya y acaricia el tronco con la mano derecha. Las hayas también son peligrosas durante las tormentas, aunque incluso un dicho campesino afirme lo contrario, dice él. Alrededor de la lisa estructura de la corteza se forma una película de agua por la que circula la electricidad. Por eso, si cae un rayo no se ven, como en el caso del roble, cicatrices 
de rayos. Wohlleben mira hacia arriba, el viento refresca y arrastra las nubes sobre el bosque, su bosque. Sonríe y dice: “La gente relaciona los árboles con expendedores de oxígeno y de sombra, filtradores de agua y proveedores de madera, pero nadie piensa en los seres vivos tan fantásticos que son”. Peter Wohlleben es el guarda forestal del pequeño municipio de Hümmel in der Eifel. Pero también es autor de superventas como su libro “La vida secreta de los árboles”, seguido en la lista de bestsellers por su nuevo título “Das Seelenleben der Tiere” (La vida interior de los animales). Todas las licencias en el extranjero están vendidas. Wohlleben dice: “El éxito me ha sorprendido tanto como a todos los demás”. Cuando él y su mujer buscaron el libro sobre los árboles en la librería poco después de su publicación, lo encontraron en la estantería de literatura esotérica. A Wohlleben le resulta divertido.

Peter Wohlleben se agacha, toma una hoja del suelo cubierto de follaje. “Básicamente estamos caminando sobre papel higiénico“, afirma. “Antes de que llegue el invierno, 
el árbol se desprende de sustancias superfluas, que caen al suelo con las hojas“. Cita incluso a Peter Maffay: “La frase del cantante de pop alemán que dice: y cuando me voy, solo se va una parte de mí, podría haber sido escrita por un árbol”. El cuerpo muerto es imprescindible para el ciclo vital del bosque. A lo largo de siglos ha absorbido nutrientes del suelo y los ha almacenado en su madera y corteza. “Constituye un valioso tesoro para sus descendientes”.

Ahora se dice con frecuencia que Wohl­leben les ha devuelto su bosque a los ale­manes. De nuevo los alemanes y el bosque. Goethe, Tieck, Eichendorff, testimonios de embeleso no faltan. Una persona no es persona hasta que no se halla bajo un cielo de hojas, escribió Tieck acerca del bosque como refugio. Desde hace 20 años, Peter Wohlleben guía a gente por el bosque, muestra, explica, cuenta. La gente quiere historias. Y sentimientos. La eficacia de la estrategia retórica de la personificación que usa Wohlleben está demostrada. En realidad, Wohlleben no les devuelve a los alemanes su bosque. Les explica el árbol para que puedan entender mejor el bosque. No pregunta, como los románticos, qué puede hacer el bosque para sanar nuestro espíritu, sino qué podemos hacer nosotros por el bosque.

Wohlleben ha demostrado en numerosas entrevistas la habilidad con la que transmite conocimientos científicos en un lenguaje cotidiano, y la simpatía, la autoridad y el fino sentido del humor con que lo hace. Habla una y otra vez de los hongos, que actúan como los cables de fibra de óptica para Internet. “Atraviesan todo el suelo del bosque y transmiten también en parte impulsos eléctricos. Al mismo tiempo distribuyen soluciones de azúcar. Una cucharadita de tierra del bosque contiene varios kilómetros de estos finísimos hilos”. A esta estructura de red se la conoce en la ciencia como “Wood Wide Web“.

Los árboles pueden, según él, hasta contar. En marzo ya hay a veces días calurosos, pero los árboles esperan para echar hojas. ¿Por qué? Porque puede volver a helar. “La Universidad Técnica de Múnich ha comprobado que los árboles cuentan el número de días por encima de los 20 grados. Hasta que estos no superan un número determinado, no echan hojas”. Wohlleben no es un esotérico, es un ilustrador.

Cuando aún trabajaba para la administración forestal estatal era un optimizador de plantaciones. Su tarea se centraba en explotar el bosque. En la cabeza de 
Wohlleben, los árboles se convertían en madera procesada. Cada día tasaba hayas, abetos, robles o pinos según su valor de mercado. ¿Qué árboles servían para contrachapado de calidad? ¿Cuáles valían solo para leña? No veía los árboles por lo que eran, sino por aquello en que podían convertirse.

Desde el punto de vista económico, la gran desventaja del bosque es su lentitud. Pasa una eternidad hasta que un árbol ha crecido del todo. La evolución prevista por la naturaleza no encaja en los tiempos de hoy, por eso el guarda forestal ayuda aportando más luz a los árboles jóvenes que se ven frenados por los grandes, para que así engrosen antes y estén listos para la recolección. Esto se denomina rejuvenecimiento del bosque en lenguaje oficial. “Tala rasa”, dice Wohlleben. Impensable en su bosque. Antes, Wohlleben sufría porque eran términos como eficiencia, flexibilidad y maximización de beneficios los que dictaban su relación con la naturaleza. En 2006, Wohlleben dejó su trabajo, a los 42 años, casado y con dos 
hijos. Su actual empleador, el municipio de Hümmel, está convencido como él de que un uso cuidadoso del bosque y los beneficios no se excluyen. Cuando más tarde, ya en casa, Wohlleben se sienta a la mesa, cuenta que ahora podría viajar por la República y dar una charla cada día. Pero no tiene tiempo para ello, puesto que Peter Wohlleben es ante todo el guardián de su bosque. ▪