Rompiendo el círculo vicioso de la crisis

Europa enfrenta la crisis financiera y de la deuda con una unión bancaria.

picture-alliance/Klaus Ohlenschläge - Financial Crisis, Skyline Frankfurt

Cinco años después del estallido de la crisis financiera en otoño de 2008, Europa sigue en dificultades. La crisis es tan persistente entre otras razones porque los problemas de los bancos y de los Estados están relacionados entre sí. En el punto más álgido de la crisis del euro, se observó un círculo vicioso: los bancos en dificultades eran rescatados con fondos públicos, lo que impulsaba a su vez los niveles de deuda de los Estados en crisis. Esto generaba desconfianza en los mercados financieros y la caída de las cotizaciones de los bonos del Estado, lo cual a su vez suponía una carga para los balances de los bancos. Como consecuencia, la crisis financiera se profundizó cada vez más, hasta que Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), calmó a los mercados con su promesa en julio de 2012 de salvar el euro a cualquier precio. También quedó claro que el anunciado programa de compra de bonos del Estado solo consigue eliminar síntomas de la crisis.

Hoy los políticos y responsables de bancos centrales admiten que Europa ha dilatado el proceso de ajuste de la crisis bancaria. El mercado no confía en los bancos, los cuales han ocultado demasiados créditos incobrables en sus libros. Según un reciente estudio realizado por la consultora Ernst & Young, el porcentaje de créditos no reembolsables en los plazos previstos ha alcanzado el nivel récord del 7,8 %, con un total de 940 mil millones de euros. De éstos, la mayor parte se encuentra en las carteras de bancos en España (12 %) e Italia (11,5 %), y la menor parte, en Alemania (3,2 por ciento). Muchos bancos en dificultades apenas pueden conceder créditos.

Sin embargo, Europa acaba de poner en marcha un ambicioso plan de depuración: una unión bancaria que permita dar apoyo a la frágil unión monetaria del euro. “Una unión monetaria necesita una unión bancaria - entre otras cosas porque un sector bancario estable es un complemento indispensable de una moneda estable”, opina el luxemburgués Yves Mersch, miembro del Comité Ejecutivo del BCE. La nueva arquitectura financiera deberá sostenerse sobre tres pilares: en primer lugar, una supervisión bancaria común, segundo, un sistema de liquidación uniforme de bancos inviables y, tercero, una garantía de depósitos a nivel europeo. Cada uno de estos tres elementos ha sido objeto de acalorados debates. Sobre todo existe una fuerte resistencia contra una garantía europea de depósitos. La mayor parte de los preparativos son para la supervisión bancaria, y los procedimientos de liquidación (Resolution Mechanism) fueron aprobados por los jefes de Estado y de Gobierno poco antes de fin de año.

Una arquitectura de unión bancaria estable, así esperan los políticos, corregirá los defectos de la unión monetaria. Por eso, primero será importante detectar los puntos débiles del sector financiero. Los bancos en dificultades deben ser recapitalizados, los bancos inviables deben ser liquidados. Y el primer paso en este sentido es una auditoría completa de los 128 bancos más importantes por parte del BCE, la cual se ha iniciado en noviembre de 2013. Sabine Lauten­schläger, la vicepresidente del Deutsche Bundesbank, designada para integrar al directorio del Banco Central Europeo, destaca la importancia de esta auditoría de balances: “Con este auditoría queremos sobre todo aumentar la transparencia e identificar posibles puntos débiles.” Solo así se podrá recobrar la confianza y disipar “todas las actuales sospechas sobre dudosos balances de los bancos”.

La auditoría se compone de varias partes: primero se identifican las carteras de mayor riesgo en cada uno de los bancos, por ejemplo, créditos hipotecarios en España o los numerosos créditos dudosos para buques en Alemania que existen en los libros de algunos bancos públicos regionales y del Commerzbank. A continuación los auditores del BCE revisan el valor real de los activos. Además, la Autoridad Bancaria Europea llevará a cabo pruebas de resistencia en 2014. En ellas se simula una crisis económica con pérdidas para los bancos. Después de la prueba, los bancos deben contar con un “colchón” financiero suficiente: un ratio de fondos propios de como mínimo un 8 por ciento. Esto es incluso algo más de lo que exigirán las normas internacionales de ­Basilea III del G-20. En octubre de 2014 se darán a conocer los resultados de estas pruebas.

Para algunas entidades los resultados podrían ser problemáticos. Si hay falta de capital, los bancos deberán obtener el capital necesario en primer lugar a través de inversores. Los ministros de Finanzas de la UE han resuelto una “responsabilidad en cascada” para futuros rescates bancarios: primero deberán asumir los riesgos los accionistas y acreedores, así como los titulares de cuentas con más de 100.000 euros, es decir, un “rescate interno” por inversores en lugar de un “rescate externo” por los contribuyentes. En segundo lugar los Estados nacionales deberán sostener a las entidades tambaleantes. Como explica el director Mersch: “La Unión Europea no debe ser una unión de redistribución por la puerta trasera. Cada país debe resolver sus propios problemas.” Estas normas de rescate “interno” se aplicarán en futuras crisis bancarias, aunque solo a partir de 2016, un año después del comienzo de la supervisión bancaria.

Al BCE le preocupa la posibilidad de que los fondos privados y nacionales no alcancen para la recapitalización de los bancos. Por eso el Banco Central Europeo contempla el establecimiento de una red de seguridad europea (“backstop”). El Mecanismo Europeo de Estabilidad (ESM) podría asumir esta función. Esto haría renacer sobre todo en Alemania, las preocupaciones de una “socialización” europea de los problemas bancarios.

Este tema ha generado una fisura en el seno de la comunidad europea: en los Estados más gravemente afectados por la crisis del sur de Europa, como España e Italia, pero también en Francia, muchos desean que la recapitalización se financie a través de un fondo europeo, como el ESM. En Alemania, en cambio, esta idea ha dado lugar a protestas de numerosas economistas. Además, para los partidos políticos de Berlín fue un preocupante toque de alerta el hecho de que el nuevo partido contrario al euro “Alternativa para Alemania” casi llegara a acceder al Parlamento en las elecciones de 2013.

Tras las resoluciones de los jefes de Estado y de Gobierno de finales de 2013 – en la que Alemania se impuso con sus demandas principales, aunque también hizo concesiones - se introducirá de forma gradual una puesta en común de fondos naciones de liquidación. Después de diez años, estos recursos comunes, que servirán para cubrir la liquidación de bancos, ascenderán a 55 mil millones de euros. Muchos economistas se muestran escépticos a la hora de juzgar si ello alcanzaría para superar una crisis bancaria de gran envergadura.