Seis llegan a la meta

El historiador y catedrático Gregor Schöllgen sobre el proceso “Dos más Cuatro” y el camino desde la caída del Muro en 1989 hasta la unidad alemana en 1990.

picture-alliance/dpa

La división alemana es el castigo a Alemania por la campaña de conquista, saqueo y exterminio entre los años 1939 y 1945. Y es también consecuencia de la falta de consenso entre las naciones aliadas triunfantes sobre la cuestión alemana. Originalmente concebida como demarcación entre las cuatro zonas de ocupación: soviética, estadounidense, británica y francesa, la línea de Lübeck-Helmstedt-Eisenach-Hof se convierte con el correr del tiempo en una frontera entre dos Estados alemanes. En el verano de 1961, los mandatarios del régimen de injusticia de Alemania del Este fortifican la frontera por medio de muros, alambres de púas y campos minados hasta transformarla en una barrera prácticamente infranqueable.

La línea no sólo separa la República Federal de Alemania (RFA) fundada en mayo de 1949 de la República Democrática Alemana (RDA) creada pocos meses después. Quienes desean hacer el Muro menos impenetrable o incluso eliminarlo, deben reconocer los resultados de la Segunda Guerra Mundial y deben buscar el consentimiento de los Aliados. El primer paso lo da el Gobierno Federal de 1970 a 1972. En tratados con la Unión Soviética, Polonia y la RDA, Bonn confirma como hecho consumado la división de Alemania y acepta la frontera a lo largo de los ríos Oder y Neisse como frontera occidental de Polonia. El segundo paso requiere un cambio de actitud de la Unión Soviética frente a la cuestión alemana. Este cambio se considera imposible hasta que un nuevo secretario general del Partido Comunista, Mijaíl Gorbachov, comienza en 1985 con una reestructuración radical y transparente del imperio en crisis. Lo que se plantea al principio como una simple renovación interior, adopta pronto un dinamismo revolucionario que queda fuera del control del Kremlin. Las reformas generan un movimiento de secesión que termina afectando a todos los pueblos de la Unión Soviética y su esfera de influencia en Europa, incluida la población de la RDA.

Dado que la dirigencia del Estado y del partido en Berlín Oriental se resiste a la reforma, los ciudadanos buscan la salvación en el éxodo. Se dirigen a la vecina Checoslovaquia y de allí a través de Hungría pasan a Austria. Mientras que los reformistas húngaros demuestran su apoyo anunciando la apertura de la frontera con Austria el 10 de septiembre de 1989, la dirigencia de Checoslovaquia va por el camino contrario y cierra su frontera con Hungría.

La embajada de la RFA en Praga sirve de refugio para aquellos que desean huir. A finales de septiembre, la embajada alberga a 5000 personas. Algo similar sucede en Varsovia. Después de que Hans-Dietrich Genscher encuentra una solución durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York, en la noche del 30 de septiembre anuncia ante los refugiados reunidos en el parque de la embajada de Praga que podrán abandonar el país con rumbo a la RFA. El viaje se lleva a cabo, como es condición de la RDA, con trenes especiales que pasan por su territorio. Una torpe exigencia, porque los trenes de refugiados de Praga y Varsovia aumentan más la presión sobre el régimen. Incluso la caída de Erich Honecker, secretario general del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED en sus siglas en alemán) no logra detener el proceso.

Cientos de miles de personas pueblan las calles y demandan la libertad de viajar sin restricciones. El secretario de información del SED desea pronunciarse al respecto en una conferencia de Prensa en la tarde del 9 de noviembre de 1989. Cuando le preguntan cuándo entrará en vigor la ley que regula la nueva libertad de circulación, Günter Schabowski responde hacia las 7 de la tarde ante las cámaras, evidentemente abrumado por las circunstancias: “Inmediatamente, sin demora.” Con ello desata un éxodo masivo hacia el Muro y, a su vez, el principio del fin de la RDA. Sobre las 22:30 horas, los guardias fronterizos ceden a la presión de las masas y suben las barreras del paso de frontera de la Bornholmer Straße.

Apenas se abre el Muro, los ciudadanos de la RDA manifiestan claramente su voluntad. La política debe responder y el 28 de noviembre de 1989, el canciller federal hace una declaración ante el Bundestag que haría carrera como “Programa de diez puntos”. Con la historia en la mente, Helmut Kohl no cree que la “unidad alemana” sea una meta realizable a corto plazo. Le parece más factible crear “estructuras confederales”.

Ni siquiera ocho semanas después, la presión sobre los líderes políticos en Alemania y en el extranjero ha crecido a tal punto que la unidad ahora solo parece ser una cuestión de tiempo. A ello atienden los ministros de Relaciones Exteriores de las dos Alemanias y las cuatro Potencias Aliadas de la II Guerra Mundial cuando se reúnen en Ottawa. El motivo de la reunión son los debates de la OTAN y el Pacto de Varsovia sobre la cuestión de las inspecciones aéreas. El 13 de febrero de 1990, los Seis declaran que pronto debatirán “los aspectos exteriores de la unificación alemana”. Desde mediados de marzo, los directores políticos de los ministerios de Relaciones Exteriores preparan las conversaciones y el 5 de mayo los seis ministros de Relaciones Exteriores se reúnen en la Sala Mundial del Ministerio de Relaciones Exteriores en Bonn con motivo de la primera ronda de negociaciones.Además de Hans-Dietrich Genscher, anfitrión del evento, y Markus Meckel, ministro de Relaciones Exteriores del primer Gobierno libremente elegido de la Alemania del Este, participan James Baker por EE.UU., Eduard Shevardnadze por la Unión Soviética, Douglas Hurd por Gran Bretaña y Roland Dumas por Francia.

Los participantes de la ronda reflexionan sobre las ideas alemanas. Por ejemplo sobre la fórmula aplicada “Dos más Cuatro” –y no al revés. Este círculo reducido de países es de interés para Alemania. Así se pone de manifiesto que no se trata de negociar un tratado de paz, lo cual implicaría invitar a la negociación a todos los 40 países involucrados en la Guerra a la fecha de la rendición incondicional de Alemania. A esa reunión le siguen tres nuevas reuniones: el 22 de junio en Berlín-Niederschönhausen, es decir, en la parte oriental de la ciudad, el 17 de julio en París y el 12 de septiembre de 1990 en Moscú.

No siempre es armónico el encuentro y no siempre los Seis están de acuerdo. El ministro de Asuntos Exteriores soviético, por ejemplo, presenta en Berlín un proyecto de tratado, según el cual Alemania debe esperar varios años hasta obtener la plena soberanía exterior después de la unidad interior, una idea que rechaza de plano el ministro de Relaciones Exteriores de Bonn. Pero ello no cambia la buena relación entre ambas partes. La reunión de París es la única en la que hay un séptimo participante: el ministro de Exteriores polaco Krzysztof Skubiszewski. Con mucha razón, dado que la historia de Polonia desde el siglo XVIII ha estado marcada por ocupación, división y desalojos por potencias extranjeras. Y casi siempre estaban involucrados Prusia o el Imperio Alemán. Ya el 21 de junio de 1990, el Parlamento Federal (Bundestag) y la Cámara Popular de la RDA reafirman, en declaraciones idénticas, la “inviolabilidad” de la “frontera entre Alemania y Polonia, ahora y para siempre”. Con el compromiso del Gobierno Federal, de que la Alemania unida reafirmaría también en un tratado con Polonia la frontera a lo largo de los ríos Oder y Neisse en cumplimiento del derecho internacional, se daba vía libre a la aceptación de Polonia de la unificación.

El proceso “Dos más Cuatro” en sentido estricto es, desde el comienzo, parte de una maratón de negociaciones. Se trata en particular la cuestión de la integración de la Alemania unida en las organizaciones internacionales a las que pertenece ya la República Federal. Ello no es problemático en el caso de la Organización de las Naciones Unidas, de la cual ya son miembros ambos Estados alemanes desde septiembre de 1973.

Más difícil se plantea la integración de Alemania del Este, como parte de la Alemania reunificada, en la Comunidad Europea. Es Jacques Delors, presidente de la Comisión Europea, quien prepara la adhesión sin necesidad de cambiar sus tratados. Por otra parte, la unificación de Alemania contribuye a acelerar la introducción de la unión económica y monetaria europea, aprobada en junio de 1989 y, con ella, la desaparición de las monedas nacionales, incluyendo el marco alemán. La reunificación alemana y la profundización de la integración europea son dos caras de la misma moneda.

Como el obstáculo más grande se presenta la pertenencia de la Alemania unida a la OTAN, la cual acuerdan el canciller Kohl y el presidente de EE.UU., George Bush, a finales de febrero de 1990 en Camp David. Si bien Gorbachov había insinuado el 10 de febrero de 1990 al Canciller Federal y al Ministro de Relaciones Exteriores su acuerdo, en principio, con la unidad, en marzo de 1990 declara “absolutamente inadmisible” la integración en la OTAN. El 15 y 16 de julio Helmut Kohl y Hans-Dietrich Gen­scher viajan de nuevo a Moscú y más tarde a la tierra natal de Gorbachov en el Cáucaso. El haber podido traer de vuelta el consentimiento a la adhesión a la OTAN se debe sobre todo a la voluntad demostrada por Bonn de ayudar económica y financieramente a la Unión Soviética sumergida en una profunda crisis. Así queda libre el camino para la reunificación. El 12 de septiembre de 1990, los seis ministros de Relaciones Exteriores suscriben en Moscú el “Tratado sobre el acuerdo definitivo con respecto a Alemania”. A los acuerdos sobre política exterior siguen los acuerdos sobre política interior. El 18 de mayo se firma entre los dos Estados alemanes un primer acuerdo para la unión monetaria, económica y social, el 31 de agosto el segundo sobre la reunificación de Alemania.

El denominado Tratado “Dos más Cuatro” no es un tratado de paz, aunque tiene esa función. Incluye las regiones de la República Federal de Alemania, la República Democrática Alemana y la totalidad de Berlín. Con el acuerdo, las cuatro Potencias “dan por terminados sus derechos y deberes con respecto a Berlín y Alemania” –a condición de que el acuerdo sea ratificado por todos los Estados signatarios, incluso la Unión Soviética. Pero ello no es seguro, ya que el gigantesco imperio se halla en estado de disolución. El 12 de junio de 1990 también Rusia se declara soberana y anuncia el fin de la Unión Soviética. El Soviet Supremo debería ratificar no sólo el Tratado “Dos más Cuatro”, sino también los tratados germano-soviéticos de buena vecindad, asociación y cooperación y sobre la retirada de las tropas soviéticas de Alemania. Cuando finalmente se firma el tratado el 4 de marzo de 1991 (para el retiro de tropas solo el 2 de abril), el alivio es grande. El 15 de marzo de 1991 se deposita en Bonn el documento de ratificación soviética del Tratado “Dos más Cuatro” y se consuma definitivamente la unidad exterior de Alemania en virtud del derecho internacional.

Por primera vez desde 1945 existe un Estado alemán unificado y plenamente soberano, con una responsabilidad sin precedentes, compromiso que reconoce el ministro de Relaciones Exteriores Genscher una semana antes de la celebración de la unificación el 3 de octubre al pronunciar un discurso ante las Naciones Unidas: “También la Alemania unida hará su contribución a la paz y a la libertad en Europa y en el mundo.”

Gregor Schöllgen es historiador y catedrático de Historia Moderna y Contemporánea en la Universidad de Erlangen-Nuremberg.