“Nuestra responsabilidad nos obliga a ayudar”

Bärbel Kofler, delegada del Gobierno Federal para la Política de Derechos Humanos y la Ayuda Humanitaria, habla sobre principios básicos de la política exterior alemana.

dpa/Bernd Von Jutrczenka - Bärbel Kofler

Sra. Kofler, la actual crisis de refugiados demuestra dramáticamente cómo la ayuda humanitaria pueden desbordar a la política. ¿Qué posibilidades concretas tiene la política exterior para mitigar el sufrimiento humano?

En primer lugar, nuestra responsabilidad ética y nuestra solidaridad nos obligan a la ayuda humanitaria. En ese marco, la medida de todas las cosas debe ser proteger a los seres humanos en situaciones de emergencia y asegurar su supervivencia en dignidad, particularmente en escenarios de crisis olvidadas (véase recuadro en p. 31). Alemania es desde hace dos años el tercer mayor donante de ayuda humanitaria en el mundo. Que la mayoría de los refugiados de países como Siria, Irak y Afganistán vengan a Alemania no es casualidad. En esos países se produjeron graves violaciones de los derechos humanos mucho antes del comienzo de la crisis de refugiados. A ello se agregan el mantenimiento del poder a través de la opresión, la vigilancia por parte de los servicios secretos, una inimaginable brutalidad, tortura, detenciones arbitrarias y asesinatos en masa. En nuestra política exterior debemos exigir y fomentar una y otra vez el cumplimiento de los derechos humanos, haciendo así un aporte concreto para que no se produzcan las huidas. Naturalmente, para ello es necesario mucho más, por ejemplo, la cooperación para un desarrollo sostenible. 

¿Qué principios rigen la ayuda humanitaria llevada a cabo por Alemania en todo el mundo?

El Gobierno Federal es un donante humanitario confiable, que fomenta y, allí donde es necesario, exige el respeto absoluto de los principios de humanitarismo, neutralidad, independencia e imparcialidad. Hay numerosos otros estándares, por ejemplo, las “Doce Reglas Básicas de la Ayuda Humanitaria”, elaboradas por los miembros del Comité de Coordinación Ayuda Humanitaria, presidido por ­VENRO, organización techo de numerosas ONG y el Ministerio de Relaciones ­Exteriores. El Ministerio de Relaciones Exteriores exige de sus socios de proyecto el cumplimiento de esas reglas básicas. 

En el discurso que pronunció ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en marzo de 2016, usted criticó la represión de la sociedad ­civil observable en diversas partes del mundo. ¿Por qué es tan importante para usted ese tema?

La sociedad civil es un importante factor corrector en relación con la política, los medios y dentro de la propia sociedad de la que surgió. Países tan diferentes como Egipto, Rusia y China limitan duramente las posibilidades de acción de sus sociedades civiles. Comprendo que quienes gobiernan en esos países se sientan inseguros en vista de la evolución del mundo, también económica. Pero solo podrán solucionar los problemas junto con la población y no contra ella. Por eso deberían recurrir a la sociedad civil como intermediaria. Quiero difundir esa idea, también buscando el contacto con la sociedad civil en mis viajes y en Berlín, para fortalecerla haciéndola visible. 

Antes de ser nombrada delegada para la Política de Derechos Humanos y la Ayuda Humanitaria fue usted portavoz de Política para el Desarrollo del grupo parlamentario del SPD en el Bundestag y resaltó, entre otras cosas, la importancia de los nuevos Objetivos Globales de Desarrollo Sostenible. ¿Qué esperanzas deposita en la “Agenda 2030” de las Naciones Unidas?

La Agenda 2030 es sumamente ambiciosa y debe ser implementada decididamente. No solo en los países en desarrollo y emergentes, sino también en Alemania. Lo que se exige en los nuevos Objetivos de Desarrollo, y con razón, es la universalidad. Eso significa para la política concreta: no se trata solo de que nosotros en Alemania hagamos algo un poco mejor, sino de tener más en cuenta las interrelaciones entre lo que debe pasar en Alemania y lo que debe pasar a nivel internacional, ya sea en cuestiones comerciales o de derechos de los trabajadores, por ejemplo, el cumplimiento de las normas laborales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y hacer más para avanzar realmente y sacar a los seres humanos sostenidamente de la pobreza. Particular importancia tiene para mí, también en relación con los derechos humanos y la ayuda humanitaria, ­lograr el Objetivo 8, de fomento del trabajo decente y el 10, de reducción de las inequidades entre los países y dentro de cada país. Ello toca cuestiones decisivas de redistribución, lucha contra la pobreza y creación de trabajo decente en todo el mundo. 

No faltan cumbres ni acuerdos internacionales. En mayo tiene lugar en Estambul la I Cumbre Mundial Humanitaria. ¿Cómo participa concretamente Alemania en la cooperación internacional a ese nivel?

Alemania apoyó decididamente desde un principio la iniciativa para realizar una Cumbre Mundial Humanitaria. El año pasado, el Ministerio de Relaciones Exteriores organizó dos importantes reuniones preparatorias a nivel de expertos. Alemania aboga desde hace tiempo por un cambio de paradigma en la ayuda humanitaria: pasar de la mera reacción a catástrofes ya producidas a un accionar previsor, una planificación y una puesta a disposición de fondos a largo plazo. Nosotros hemos impulsado activamente desde 2011 el debate internacional sobre esa problemática en el marco de nuestra “Pre­paredness Initiative” y de nuestro compromiso internacional de muchos años en ­organizaciones humanitarias internacionales. Un resultado de la Conferencia ­sobre los Refugiados en Berlín 2014 fue el llamado a una financiación de varios años para la ayuda humanitaria, que Alemania ya lleva a la práctica. Disponer vinculantemente de fondos para varios años permite planificar mejor la ayuda humanitaria y aumentar decididamente su eficiencia. Alemania asume un papel líder en la financiación humanitaria, que, a propósito, será un tema prioritario en la Cumbre Mundial Humanitaria. 

El Gobierno de Alemania exige también la inclusión del sector privado. ¿Qué espera de ese diálogo?

Una serie de empresas alemanas ha reconocido que hay muchas razones para defender los derechos humanos y que además eso es una ventaja competitiva. No obstante, hay quien teme que limitemos su libertad de accionar a través de reglas estatales, por ejemplo, en el marco del Plan Nacional de Acción “Economía y Derechos Humanos”. Quiero salirle al paso a esa percepción: con claras reglas, el Estado solo asegura claridad y ofrece apoyo para la implementación de los derechos humanos. Importante es que surja un “level playing field”, que incluya reglas válidas para todos los actores. La iniciativa #CSRhumanitär, creada por el Ministerio de Relaciones Exteriores, tiene como objetivo fomentar el intercambio entre los actores humanitarios y el sector privado. En contextos de crisis humanitarias actúan hoy también numerosos actores no humanitarios. Actualmente se observa que el sector privado quiere asumir un mayor compromiso. El objetivo central de la iniciativa es que ese compromiso no se limite a donaciones únicas, sino que se desarrollen vínculos de largo plazo. El sector privado es un valioso socio de la ayuda humanitaria particularmente por la posibilidad que tiene de aportar recursos específicos, tales como personal e infraestructura.  

Viendo su compromiso político hasta ahora llama la atención que usted siempre ha prestado gran atención a la defensa de los derechos de los trabajadores. ¿Por qué?

Yo misma me beneficié en mi vida de numerosas posibilidades educativas, desde la escuela básica hasta el doctorado. La aplicación y el talento solos no bastan,  no son suficientes. Sino pregúnteselo a una costurera en Bangladesh, que gana 20 euros por mes y teme permanentemente perder el empleo, además de vivir con el justificado miedo a que se produzcan accidentes laborales en cualquier momento o que el patrón la agreda sexualmente. Cuando la persona se ve obligada a emplear todo su tiempo y fuerzas en asegurar su supervivencia de nada sirven las posibilidades educativas. Si los sueldos solo aseguran la supervivencia, el Estado debe intervenir y crear espacios para el desarrollo personal. Una sociedad justa significa para mí que todos puedan aportar sus capacidades y su trabajo bajo condiciones equitativas. Eso debe ser asegurado también a través de los derechos de los trabajadores. ▪

Entrevista: Johannes Göbel