“Un foro extremadamente importante”

Cuatro preguntas sobre la cumbre del G20 en Hangzhou, China, a la profesora Amrita Narlikar, presidenta del GIGA German Institute of Global and Area Studies.

Frank Eberhard/GIGA - Amrita Narlikar

Profesora Narlikar, los días 4 y 5 de septiembre se reúnen en China los representantes del G20. Cada vez más voces se levantan exigiendo una gobernanza económica mundial. ¿Es el G20 un foro adecuado para ello?

En mi opinión, el G20 es un foro extremadamente importante, porque facilita la cooperación a nivel global. Para hallar soluciones a los complejos problemas de nuestro tiempo, los jefes de Estado y de Gobierno de las mayores economías del mundo deben reunirse regularmente. Eso es imprescindible. Cuán importante es el G20 quedó demostrado, por ejemplo, después de la crisis financiera mundial de 2008. Esa crisis podría haberse transformado fácilmente en una crisis económica mundial, como en 1929: las turbulencias económicas derivadas de la “Gran Depresión” mantuvieron al mundo en vilo a través de todos los años 30. Una razón decisiva de por qué eso no sucedió esta vez es el G20. El grupo ofreció a las mayores economías del mundo un foro adecuado para reunirse, coordinar sus medidas, mejorar el control de los mercados financieros, reformar el sector de servicios financieros y, sobre todo, evitar toda forma de política de “beggar my neighbour”. Ese “empobrecer al vecino” agudizó en 1929 enormemente la crisis económica mundial.

¿Cuáles son los grandes temas actuales?

Naturalmente, la economía mundial se ve confrontada también hoy con muy grandes desafíos. Un ejemplo de ello es el bloqueo de las negociaciones en el marco de la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio. Otro ejemplo es la creciente actitud crítica en relación con el comercio mundial, que refleja un creciente rechazo a la globalización. Ese rechazo se registra en cada vez más economías, a pesar de que las estadísticas indican que los beneficios de la globalización son enormes para todos los países. En mi opinión, también  el brexit es un golpe contra la globalización. La crisis de refugiados fue abordada en gran parte por Europa, pero en realidad es un tema global, que exige una respuesta global. Se trata de problemas muy serios. Ningún país quiere ni puede solucionarlos solo. Y esa es la razón por la cual los jefes de Estado de las economías con relevancia sistémica –es decir, el grupo de los más importantes países industrializados y emergentes– se reúnen y buscan soluciones practicables.

No obstante, creo que hay que hacer dos salvedades. Primero: el G20 es visto muchas veces –erróneamente– como una representación o un reemplazo de organizaciones internacionales tales como las Naciones Unidas, la Organización Mundial del Comercio o el Fondo Monetario Internacional. No es así, de ninguna manera y nunca debería serlo. Malentendidos de ese tipo encierran el riesgo de que el G20 sea asociado con expectativas injustas y de que se le quiera dar un mandato prácticamente imposible de cumplir. Además, en ese caso surge la no poco considerable cuestión de la legitimidad y la responsabilidad. El G20 no es ninguna organización internacional. A través de las propuestas que elabora y presenta, el G20 fija prioridades, con respecto a las cuales las correspondientes organizaciones internacionales pueden luego quizás negociar y llegar a un consenso practicable.

Segundo: el G20 es un foro de alto nivel para las mayores economías del mundo. Pero también es más. Con el G20 están asociados otros procesos, por ejemplo, el del T20, el grupo de think tanks e institutos de investigación de los países del G20, y el C20, compuesto por representantes de la sociedad civil. Tanto uno como otro ponen a disposición recursos potencialmente valiosos, a los que puede recurrir el G20. Además son importantes mecanismos de comunicación, a través de los cuales los jefes de Estado y de Gobierno  pueden ponerse en contacto con las diferentes partes interesadas en sus respectivos países. Bien utilizados, esos procesos aportan por un lado ideas innovadoras en la lucha contra los problemas internacionales y, por otro, le conceden legitimidad y carácter participativo a las soluciones. Para que el G20 pueda agotar su verdadero potencial son imprescindibles eficientes mecanismos de retroalimentación entre el nivel gubernamental y el resto de los participantes en los procesos.

Los intereses de los países industrializados y los de los países emergentes no son necesariamente idénticos. ¿Cómo se los puede conciliar?

Eso depende del respectivo problema. No todo tema es un juego de suma cero, es decir, los beneficios para los países industrializados no van necesariamente en detrimento de los países en desarrollo o emergentes o viceversa. Es posible desarrollar estrategias de negociación y estructuras de beneficios que transformen juegos de suma cero en juegos de resultado positivo. Y a veces es importante reconocer y tener en cuenta los criterios k.o.: en determinados temas existe un conflicto tan profundo y básico que no es posible salvar las diferencias y nunca se podrá llegar a un acuerdo. En ese caso, los negociadores deben decidir si vale la pena poner el tema en la agenda. Pero, por suerte, muchos problemas a los que se aboca el G20 no pertenecen a la tercera categoría, la de los conflictos fundamentales, sino a las dos primeras. Y en el caso de temas de esas dos categorías –tales como el comercio, el control de los mercados financieros, la mitigación del cambio climático y sus consecuencias y el desarrollo sostenible– debería ser en todo caso posible llegar a un acuerdo entre los países económicamente más fuertes y los emergentes, más en un entorno como el del G20.

¿Cuál es desde su punto de vista el papel de Alemania en ese proceso internacional?

Alemania puede y debería desempeñar un papel clave. La próxima cumbre del G20 tiene lugar en 2017 en Hamburgo. Alemania debe participar ya hoy activamente en la definición de los temas para la  cumbre en China y planear el seguimiento de los temas tratados en la cumbre de Hamburgo y las futuras cumbres. Pienso que Alemania se sienta a la mesa de negociaciones con referencias muy convincentes. No solo es una importante economía, sino que también goza de una bien ganada fama como negociadora eficiente y confiable, como quedó demostrado, por ejemplo, con su importante papel en las negociaciones con Irán. Además se abren algunas grandes oportunidades, por ejemplo, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible: se trata, como se sabe, de un tema por el que Alemania se interesa y aboga desde hace mucho tiempo. Es incuestionable que Alemania puede lograr muy buenos resultados en el marco del proceso del G20. Y eso es tanto más importante cuanto el mundo necesita hoy urgentemente una iniciativa y un liderazgo tales como los que puede asumir Alemania.

Cumbre del G20, del 4 al 5 de septiembre de 2016 en Hangzhou, China

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