¿Se puede aprender democracia?

Centro Federal de Educación Cívica: un exactivista de derechos civiles es responsable de la educación cívica. Lea aquí si él cree que la democracia puede aprenderse.

Thomas Krüger
Thomas Krüger bpb/Martin Scherag

Se puede aprender democracia, señor Krüger?

Thomas Krüger: La democracia es puesta ya en la cuna de cada ser humano. Cada uno tiene intereses propios y cuando los expresa en una comunidad, ya sean la familia, un círculo de amigos o el vecindario, se trata de procesos de negociación en los que hay que llegar a compromisos. Lo que sí hay aprender son los procedimientos y las normas de la democracia.

Y: ¿se puede enseñar democracia?

¡Sin duda! La historia de la educación cívica demuestra que ha sido una buena herramienta para cambiar mentalidades y actitudes en Alemania. Los Aliados se lo exigieron a Alemania después de la Segunda Guerra Mundial. En pocas palabras: querían convertir a los nazis en demócratas a través de la educación. Por supuesto, la enseñanza de y sobre la democracia ha cambiado y se ha desarrollado a lo largo de los años. El Centro Federal de Educación Cívica, y también los Centros de Educación Cívica de los Länder (estados federados), siempre se han orientado por los grandes temas debatidos en la sociedad. Al principio fue el debate sobre el pasado nacionalsocialista, luego vino el debate sobre la educación en los años setenta, el movimiento ecologista y pacifista en los años ochenta y, por último, las temáticas europeas desde los años noventa. Los temas de la formación cívica tienen que ver siempre con el estado de la sociedad alemana.

Debemos proporcionar educación cívica sin ser instrumentalizados por ningún partido político. La democracia se basa en el de­recho básico a la libertad... y la libertad siempre ofrece varias opciones.

¿Debió aprender usted también democracia?

Tuve que hacerlo y quise hacerlo. Tuve que hacerlo, porque “educación cívica” también se practicaba en la RDA, pero en forma de agitación y propaganda, para alinear a los ciudadanos con las directivas oficiales en el socialismo real. Sin embargo, también había una educación cívica informal, a la que yo aspiraba. Muchos alemanes del este se formaron políticamente en círculos de lectura, en círculos de discusión, en el vecindario. Lo mismo sucedió en mi caso: me moví constantemente en esos círculos en el marco de los movimientos de paz y oposición de los años setenta y ochenta. Tomamos nota de todas las posiciones, leímos todo lo que pudimos y a lo que tuvimos acceso. No hay que subestimar a los alemanes del este: está claro que se formaron políticamente con todas las fuentes a las que pudieron acceder.

¿Cómo enseñar democracia a personas poco interesadas y a quienes están en desventaja educativa?

Hay que tener un poco de cuidado con los términos, porque fácilmente pueden adquirir un tono peyorativo. Pero, por supuesto, la política se refleja en diferentes medios socioculturales a niveles muy diferentes. Por ello hemos desarrollado programas especiales, también para los diferentes tipos de centros de enseñanza y escuelas, con el fin de llegar asimismo a las personas que no leen mucho. A ellas nos dirigimos más con imágenes (también en movimiento) y menos con textos.  

Todos los niños en Alemania conocen los folletos del Centro Federal de Educación Cívica...

Probablemente. Pero los cambios en los medios de comunicación son también un desafío para la educación cívica. Sin embargo, hoy también llegamos a personas a las que antes era difícil llegar. Personas que a menudo experimentan la política como una desventaja y que han experimentado la educación (escolar) no como una historia de éxito, sino más bien como una historia de su propio fracaso. Ahora podemos hacerles ofertas de servicios formativos que antes no eran posibles. Por ejemplo, trabajamos con canales de televisión privados en series de televisión que a primera vista no tienen nada que ver con la política. Allí surgen y se dis­cuten temas como el extremismo, el extremismo de derecha, la exclusión y el racismo. Eso funciona muy bien. Nuestros mayores éxitos educativos, sin embargo, son los videos web en YouTube. Allí, los docentes profesionales son sustituidos por influentes, que llegan a determinados grupos destinatarios con una credibilidad propia completamente diferente. En ese contexto también se hace hincapié en analizar el salafismo, el extremismo, el extremismo de derecha o las consecuencias de la caída del Muro de Berlín.

Son todos temas muy complejos...

Muchas formas de participación democrática, de participación ciudadana, son inicialmente complejas. Tienen que ver con procedimientos complicados, tales como los proyectos de obras públicas. Estudios demuestran que las personas más educadas tienen más probabilidades de participar. Pero las formas de participación también pueden ser menos complejas. Un ejemplo es la aplicación web Wahl-O-Mat, con la que, a partir de la evaluación de 38 tesis, los ciudadanos pueden ver qué partido tiene más probabilidades de representar su opinión. Esa es una oferta que sintetiza didácticamente los programas de los partidos y ofrece un enfoque lúdico de la política. La aplicación Wahl-O-Mat llega a muchos millones de personas y se ha convertido en una especie de deporte popular democrático, también para personas que no se ocupan de la política a diario. Nuestra tarea consiste en desarrollar formatos que tengan umbrales bajos y permitan a la gente participar en la democracia, en lugar de excluirla.

¿Cómo mide el éxito de su trabajo?

Medir el impacto es difícil, porque la aceptación de la democracia no depende solo de la educación cívica. Pero podemos medir si la gente hace uso de nuestras ofertas y servicios. También creo que la educación cívica desempeña un papel más bien cualitativo. Por ejemplo, el debate sobre el clima, que moviliza e inspira a muchas personas, a menudo jóvenes. Muchos se han formado su opinión con materiales del Centro Federal de Educación Cívica, como lo demuestran claramente las consultas y las cifras de acceso. Nosotros proporcionamos información de fondo, datos e interrelaciones. La formación cívica contribuye a elevar la calidad del debate y a analizar los argumentos. Muy cerca de la exigencia del filósofo Immanuel Kant: “ten el valor de usar tu propio intelecto”.

¿Están satisfechos los políticos en Alemania con el trabajo del Centro de Educación Cívica?

Esa cuestión no se plantea para nosotros. Debemos proporcionar educación cívica sin ser instrumentalizados por ningún partido político ni por el Gobierno. Describimos tanto las posiciones del Gobierno como las de la oposición. En términos organizativos, también estamos protegidos contra la influencia de diversos organismos. Además, nuestro trabajo desde la década de 1970 está basado en tres principios. La “oferta de controversia” nos obliga a reflejar de manera polémica todo lo que es polémico en la sociedad. La “prohibición
de lo abrumador” nos exige que brindemos informemos sin agitación, sin propaganda y con parcialidad. Por último, la orientación hacia los educandos exige reflejar adecuadamente la capacidad de análisis político de las personas en función de sus capacidades y su nivel educativo. La educación cívica no debe ser un proceso elitista. Los ciudadanos deben conocer suficientes argumentos como para poder formarse su propia opinión y poder fundamentarla. La democracia se basa en el derecho básico a la libertad... y la libertad siempre ofrece varias opciones.

Entrevista: Arnd Festerling

CENTRO FEDERAL DE EDUCACIÓN CÍVICA

El Centro de Educación Cívica (BpB) está adscrito al Ministerio Federal del Interior y tiene por objeto “fortalecer la conciencia democrática y la disposición a participar en la política”. Una de sus publicaciones más importantes es “Información sobre educación cívica”. Además, el BpB pone a disposición abundante material y ofertas educativas para niños, jóvenes y adultos en forma impresa y digital, videos y boletines informativos. El BpB organiza seminarios y congresos. A nivel internacional, participa en las redes de educación cívica en Europa (NECE) y en el mundo árabe (NACE).

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