Diplomacia pro derechos humanos

En el Consejo de Derechos Humanos, en Ginebra, Alemania impulsa la defensa de los derechos humanos en todo el mundo.

Coffrini/AFP/Getty Images

Por lo menos un punto de color en el cielo gris sobre Ginebra: la bandera azul de las Naciones Unidas ondea visible desde lejos sobre el techo del Palacio de las Naciones, la sede europea de la organización mundial. Del Parque Ariana, que rodea al imponente edificio, la mirada va sobre el Lago de Ginebra hasta los Alpes franceses. Pero este día, una cortina de niebla vela el panorama. La elegante Ginebra parece haber caído en hibernación. Algo poco usual en la ciudad de los bancos, los relojes y la política mundial.

Política mundial… se relacionaría más con Washington, Londres o Berlín, no tanto con Ginebra. Aquí, sin embargo, fue fundada en 1920 la Sociedad de Naciones, de la que surgieron en 1945 las Naciones Unidas (NN. UU.). Hoy, la segunda mayor ciudad 
de Suiza es la más importante sede de las NN. UU., después de Nueva York, y un importante lugar de la cooperación global. Más de 20 organizaciones internacionales tienen aquí su sede, entre ellas la Organización Mundial del Comercio, la Organización Mundial de la Salud, el Consejo de 
Derechos Humanos de la ONU y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. A ello se agregan 160 misiones o representaciones de Estados y numerosas organizaciones no gubernamentales. Más internacionalidad es casi imposible.

El centro diplomático se halla en la Plaza de las Naciones. Aquí se halla la “Silla rota”. Una de sus cuatro patas está tronchada. 
Esta escultura sobredimensionada fue proyectada por el artista suizo Daniel Berset, como monumento recordatorio de las víctimas de las minas terrestres. Simultáneamente es un llamado a los Estados del mundo a no cejar en sus esfuerzos en la lucha contra las peligrosas minas terrestres. La fuerza simbólica de la silla amputada irradia su influencia hasta la otra acera de la Avenida de la Paz, donde se halla la entrada principal del edificio de las NN. UU. y las banderas de sus 193 Estados miembros, que bordean el camino al Palacio de las 
Naciones. Ginebra y las organizaciones de las NN. UU. son un importante foro sobre todo cuando se trata de ayuda humanitaria, cuestiones de política de desarme y 
derechos humanos. Diplomáticos, representantes de Gobiernos de todo el mundo y personal de las organizaciones internacionales se reúnen en el complejo de edificios del Palacio de las Naciones todos los años para más de 9000 sesiones. En este momento, sin embargo, no se ve nada. Las grandes salas de conferencias están vacías. ¿El silencio de la diplomacia?

La impresión engaña. Actualmente se llevan a cabo los preparativos para la 22 Sesión del Consejo de Derechos Humanos, la institución central de las NN. UU. en cuestiones de derechos humanos, creado en 2006 por iniciativa del por entonces secretario general de las NN. UU. Kofi Annan, con el objetivo de fortalecer la política de derechos humanos de las NN. UU., sustituyendo a la Comisión de Derechos Humanos. El Consejo asesora a la Asamblea 
General y posee un vasto mandato para tratar violaciones de los derechos humanos. En el marco de un “Examen Periódico Universal” de Estados controla cada cuatro años, por ejemplo, la situación de los derechos humanos en cada uno de los Estados miembros de las NN. UU. Los 47 Estados miembros del Consejo sesionan oficialmente diez semanas por año en una sala especial: en su techo se despliega una obra de arte del español Miquel Barceló, que transformó mil metros cuadrados de la 
cúpula en un océano de colores, con olas que cuelgan del techo como estalactitas. El presidente federal de Alemania, Joachim Gauck, pronunció allí un discurso en febrero de 2013 con ocasión de la apertura del nuevo período de sesiones.

El tema de los derechos humanos y el trabajo del Consejo en Ginebra son una prioridad en la agenda de política exterior de Alemania. Alemania es desde comienzos de 2013 nuevamente miembro del Consejo de Derechos Humanos de las NN. UU. Ya había pertenecido a él de 2006 a 2009. La nueva candidatura fue apoyada en todo el mundo. La distribución de puestos en el Consejo se realiza proporcionalmente por regiones. Cada año se elige un tercio de 
los miembros para un periodo de tres 
años. Alemania es actualmente uno de los nueve Estados de la UE en el Consejo y 
pertenece al “Grupo Occidental”. En la votación realizada en noviembre de 2012 en Nueva York, de los 193 Estados miembros de las NN. UU., 127 apoyaron el ingreso de Alemania al Consejo.

“Un impresionante resultado de votación”, dice Hanns Heinrich Schumacher sobre la prueba de confianza. El diplomático es embajador alemán y Representante Permanente de Alemania ante las Naciones Unidas en Ginebra. Para la conversación en su oficina toma asiento en un sillón de cuero negro. “Alemania ha ganado prestigio internacionalmente y es percibida como una intermediaria honesta”, dice, describiendo el reconocimiento de que goza la política alemana de derechos humanos.

Es una buena señal que Alemania haya 
sido elegida para el Consejo de Derechos Humanos y asuma responsabilidad, dice el alemán Gerald Staberock, secretario general de la red internacional “Organización Mundial contra la Tortura” en Ginebra, que observa, desde el punto de vista de esa organización no gubernamental, críticamente el trabajo del Consejo de Derechos Humanos. Pero Staberock considera a su organización también como un socio. “Es necesaria la cooperación de Estados y ONG”, agrega. Con fondos del Fondo de Derechos Humanos del Ministerio de RR. EE. de Alemania, su organización abrió una oficina en Túnez, para apoyar a defensores de derechos humanos y documentar casos de tortura. ¿Qué espera este jurista alemán de la pertenencia de Alemania al Consejo? “Espero que Alemania se comprometa más en cuestiones controvertidas”.

El compromiso de Alemania en el Consejo de Derechos Humanos se concentra sobre todo en tres grandes cuestiones, explica Schumacher: el derecho al agua potable e instalaciones sanitarias, el derecho a una vivienda adecuada y la lucha contra la trata de personas. “Los temas del agua y la vivienda son dos componentes elementales de una vida humana digna”, subraya, “y por ello queremos destacar su importancia universal”. En el mejor de los casos, ello puede lo­grarse con una resolución política de las NN. UU. La senda hacía allí pasa la mayoría de las veces por intensas discusiones y negociaciones con otros Estados, en las cuales deben superarse diversos puntos de 
vista e intereses contradictorios. Más posibilidades de éxito tienen iniciativas suprarregionales, subraya el diplomático, que 
ya representó los intereses de Alemania 
en Bangkok, Helsinki y Windhoek. Esa 
estrategia puede ilustrarse con el ejemplo del derecho al agua: Alemania creó el “Blue Group”, un círculo de actualmente once Estados que impulsa la implementación del derecho al agua potable. También en la lucha contra la trata de personas Alemania tiene ya un aliado, las Filipinas, país con el que coopera estrechamente y trata de convencer a otros Estados de la posición común.

Schumacher es, no obstante, realista: “Las discusiones en el Consejo de Derechos 
Humanos son un proceso en el siempre surgen nuevos desafíos”. El trabajo del Consejo es dificultado sobre todo por el hecho de que de diversas regiones del mundo son notificadas casi diariamente nuevas violaciones de los derechos humanos. Por ello, dice Schumacher, para una creíble defensa de los derechos humanos es decisiva la actuación conjunta del mayor número posible de Estados: cuando más Estados 
lo apoyen, mayor es la autoridad moral 
del Consejo. ▪