¿Qué atrae del yihad a los jóvenes?

"La discriminación no es la única causa," resalta Claudia Dantschke de la iniciativa Hayat, que ayuda a jóvenes a abandonar grupos radicales.

Hayat Initiative
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Sra. Dantschke, ¿por qué es tan importante hoy en día un centro de asesoramiento como Hayat?

Desde hace varios años se observa una creciente radicalización en el área del salafismo político, en parte también del salafismo militante, el llamado yihadismo. El 11 septiembre de 2001 y los acontecimientos desde entonces han puesto en primer plano cuestiones como el Islam y la yihad. En los años siguientes, sobre todo entre 2002 y 2004, los salafistas radicales salieron de sus círculos conspirativos a conquistar la opinión pública, predicando en muchas ciudades. Y han descubierto para ello las redes sociales. Facebook, Twitter, servicios de mensajería y foros de debate han aumentado el alcance de sus mensajes y el círculo de destinatarios.

¿De cuánta gente se trata?

La Oficina Federal para la Protección de la Constitución clasifica a unas 10.000 personas en Alemania como pertenecientes al salafismo político, de las cuales unos 1600 son militantes y 690 potenciales terroristas. La Oficina estima que estos últimos podrían perpetrar atentados. Una gran parte de ellos ha viajado a Siria o a Irak.

Pero su difusión a través de redes sociales, la forma de abordar temas y el lenguaje visual, siguen las reglas de la cultura pop:

Usted ha acuñado el término "pop-yihadismo". ¿De qué se trata?

Desde 2011 se viene desarrollando una subcultura radical salafista entre jóvenes de Europa occidental, que es activa de forma autónoma, sin mentores ni jeques. Su mensaje es radical, pero su difusión a través de redes sociales, la forma de abordar temas y el lenguaje visual, siguen las reglas de la cultura pop: videos cortos con cánticos de fondo e imágenes de un juego de ordenador o de películas apocalípticas. Tienen un enorme atractivo. Sobre todo porque los autores son tan jóvenes como el grupo destinatario.

¿Cómo actúa Hayat?

La radicalización sucede a tres niveles. Hayat actúa en el “nivel micro”, es decir, en el entorno familiar directo. Buscamos el apoyo de padres, hermanos, parientes, así como en maestros y asistentes sociales, quienes son las primeras personas que notan la radicalización. Estamos en contacto directo con ellos y a través de ellos podemos conocer las causas. Entonces constatamos allí qué anda mal en ese plano y actuamos en su caso. El entorno familiar es clave para poder cambiar algo. Si lo conseguimos, hemos logrado mucho. Ese enfoque funciona tan bien que entretanto ha sido adoptado por muchos otros países europeos.

El “nivel meso” comprende el entorno social más amplio, en el colegio o en el centro juvenil. Aquí la pertenencia a un colectivo y el reconocimiento desempeñan un papel importante.

El “nivel macro” comprende el entorno más general, la política nacional e internacional. Debates polarizantes como "¿Es el Islam parte de Alemania?" pueden desestabilizar a un joven musulmán, que se podría preguntar entonces: ¿no soy entonces yo parte de Alemania porque soy musulmán? La discriminación a nivel meso y macro no basta por sí sola para el proceso de radicalización. Pero si alguien ya ha experimentado en el nivel micro una alineación, esto puede actuar como factor impulsor.

¿Qué factores favorecen la radicalización?

Hay dos estilos de educación familiar que se constatan con frecuencia en la radicalización de jóvenes: la educación autoritaria o, todo lo contrario, lo que yo llamo la alienación emocional. El adolescente depende solo de sí mismo y tiene la sensación de que nadie se preocupa por él. Esto puede suceder en caso de familias divorciadas. El rango crítico de edad es entre los 16 y los 20 años. La radicalización afecta a hombres y mujeres jóvenes de todos los orígenes, nacionalidades, culturas, con y sin antecedentes de migración, musulmanes o no musulmanes. Los salafistas ofrecen mucho a nivel emocional: reconocimiento, aceptación, singularidad, identidad, sensación de superioridad, sentido de pertenencia a un colectivo. El origen ya no es aquí decisivo para la aceptación, sino la cuestión de en qué medida uno está dispuesto a someterse a las reglas del nuevo grupo. Esto plantea una importante cuestión: debemos replantear como sociedad, cómo queremos rescatar a estos marginados. ¿En qué medida estamos dispuestos a aceptarlos de nuevo e reintegrarlos? ¿Qué perspectiva de futuro les ofrecemos?

Claudia Dantschke
Claudia Dantschke dpa

Claudia Dantschke fundó en 2011 la iniciativa Hayat, que significa "vida". El primer centro de asesoramiento en Alemania para personas radicalizadas por el salafismo o el yihadismo militante y sus familias se ha ocupado de casi 400 casos desde el 1 de enero de 2012. Desde 2012, el centro de asesoramiento para casos de radicalización de la Oficina Federal de Migración y Refugiados (BAMF) ofrece una línea telefónica de atención. Claudia Dantschke fue laureada en 2010 con el premio Ingeborg-Drewitz de la organización de defensa de los derechos civiles Humanistische Union (HU).

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