Una idea educativa 
recorre el mundo

El estudiante finlandés Toni Tirkkonen acumula cuatro semanas de experiencia en Alemania en el marco de Erasmus+.

De Kouvola a Kerpen 
con Erasmus+

En un aparcamiento al borde de una mina a cielo abierto de Renania hay abierta una columna de carga para vehículos eléctrico. Agachados junto a ella con una caja de herramientas roja, mono azul y equipamiento de protección, tres hombres ensimismados analizan el fallo. Toni Tirkkonen mira con curiosidad a sus compañeros Timo Amend y Florian Grosch por encima del hombro. El joven finlandés está haciendo unas prácticas en la compañía energética RWE. En su país, está a punto de terminar su formación como técnico de automatización. Durante cuatro semanas está acumulando impresiones en Alemania sobre otra manera de trabajar y descubriendo cosas nuevas, más allá de la columna de carga: “Algunas de las piezas ya las había visto en mi formación, pero no todo un sistema así”.

¿Apenas 18 años, en medio de la formación e irse al extranjero? A muchos estudiantes aún les cuesta hacerse a esta idea. Sin embargo, las prácticas se financian en el marco del programa Erasmus+ de la Unión Europea, al igual que el popular programa de intercambio. No existen datos exactos del número de practicantes que llegan a Alemania por esta vía. En general, no obstante, cada vez se hace mayor uso 
del programa, según el Instituto Federal de Formación Profesional (BIBB) de Bonn. El número de estudiantes alemanes que pasan una temporada, de dos semanas a doce meses, en el extranjero mediante Erasmus+ casi se ha duplicado en el plazo de cinco años hasta más de 18.000 en el año 2015.

Casi un tercio de ellos aprendieron en Gran Bretaña. Otros destinos en auge son España, Francia e Irlanda. El país natal de Tirkkonen atrajo nada menos que a casi 700 aprendices. Su motivación es acumular experiencia, conocer cosas nuevas y mejorar sus oportunidades laborales. “Siempre había querido trabajar alguna vez en el extranjero y en tercero había la posibilidad”, dice Tirkkonen.

En su hogar en Kouvola, a medio camino entre Helsinki y la frontera con Rusia, Tirkkonen aprende en una empresa de cuatro empleados. En Alemania está en un taller de servicio de RWE en Kerpen, cerca de Colonia, que cuenta con 15 empleados. Los técnicos se ocupan de 300.000 contadores de luz, 50.000 de gas 
y agua, 550 contadores de calefacción a distancia, además de las columnas de carga para vehículos eléctricos. La tecnología a veces es nueva para Tirkkonen, quien también tiene que adaptarse al modo de trabajar. En el mundo de un grupo empresarial como RWE, las listas y protocolos forman parte del día a día. “Aquí todo se apunta y documenta, en Finlandia simplificamos las cosas”.

Para que el intercambio funcione sin problemas, 
como en este caso, también ha de funcionar bien la comunicación entre la empresa y la escuela de formación profesional. El Instituto de Formación Profesional Adolf Kolping de Kerpen se ha consagrado al diálogo europeo y desarrollado una cierta rutina en el intercambio de aprendices. En la última convocatoria, 20 estudiantes de la escuela aprovecharon la oportunidad de ir al extranjero y viceversa, numerosos estudiantes internacionales fueron invitados a Renania. Como interfaz entre las empresas, la escuela se encarga de la organización y se ocupa, por ejemplo, de que los jóvenes como Tirkkonen encuentren un apartamento que alquilar temporalmente.

Aún le quedan algunos meses de formación en Finlandia, después le tocará hacer el servicio militar. A continuación, Tirkkonen quiere estudiar ingeniería 
y tras algunos años de experiencia volver a su escuela actual como profesor. ¿Y cuando algún día sus alumnos le pregunten si tiene sentido hacer unas prácticas en el extranjero? “Sin duda se lo recomendaré”, afirma con rotundidad. ▪

Manuel Heckel