Berlín vista con otros ojos

Recorrido guiado por Berlín con el sirio Hamdi Kassar. También otros refugiados muestran la ciudad.

Hamdi Kassar
Anika Büssemeier

Alemania. Antes, Hamdi Kassar ascendía a menudo al Monte Qasioun, junto a Damasco. Desde allí podía ver su ciudad desde las alturas: el laberinto de callejuelas, la mezquita y el casco antiguo con los mercados. En Berlín debió buscar algún tiempo hasta encontrar un lugar similar: una colina en el Viktoriapark, en el barrio de Kreuzberg.

Este caluroso domingo de fines del verano lo encontramos, sin embargo, en el barrio de Neukölln, donde se dio cita en la calle Karl Marx con un grupo de berlineses y turistas. Con un “hola, soy Hamdi” saluda Kassar, vestido con camisa azul y zapatillas deportivas, en inglés a sus invitados. “Debo advertirles algo”, agrega, acomodándose las gafas y sonriendo, “ya mi madre decía: 'Hamdi puede hablar sin interrupción'”.

La calle Karl Marx me recuerda mucho a Damasco.

Hamdi Kassar

Las visitas guiadas, que llevan el nombre de “Refugiados le muestran Berlín”, son organizadas por la asociación Querstadtein, que también ofrece tours guiados por personas que viven en la calle. El proyecto es apoyado por el Centro Federal de Educación Cívica. En el recorrido con Kassar, nadie espera que le muestren las tradicionales atracciones turísticas. Kassar y otros siete refugiados llevan a los visitantes a lugares que han adquirido importancia para ellos y los han marcado.

Que la calle Karl Marx, con un denso tráfico, restaurantes de comida rápida y polvorientas obras en construcción sea uno de esos lugares, puede sorprender al principio. Allí, sin embargo, siente Kassar muy fuertemente la nostalgia por su tierra y, simultáneamente, un cierto consuelo. “El adoquinado, la mezcla de edificios viejos y nuevos: este lugar me recuerda mucho a Damasco”, dice Kassar, entrando en una calle lateral.

Selfis de la huida

El guía relata a los participantes también su historia personal. Cómo, a pesar de la guerra, no quiso al principio abandonar Siria, pero que, después de una peligrosa experiencia, sí huyó, sin una meta concreta, “solo con la esperanza de hallar un lugar donde poder vivir en paz”. En Turquía se subió a un bote de goma repleto de refugiados en dirección a Grecia, luego, temiendo por su vida, atravesó Hungría y, en el verano de 2015, llegó a Berlín. Más de uno de cada diez refugiados sirios viven hoy en Alemania, pero la familia de Kassar y su prometida se hallan aún en Damasco.

Kassar muestra selfis de la huida: vemos a un joven hombre con barba de seis días, agotado, pero optimista. La mayoría de los sirios conoce su rostro: “Muchos me conocían como presentador del programa mañanero 'Buenos días, Damasco' y como reportero de la TV nacional siria”, dice Kassar, cuando estamos llegando a la avenida Sonnenallee.

Participantes del barrio de Neukölln

Un merendero sirio, un supermercado árabe, un alojamiento para refugiados: Kassar se detiene ante diferentes lugares y explica cuán importante es la avenida Sonnenallee para él y otros sirios. Los refugiados la llaman, a menudo, la “calle árabe”, porque en ella hay muchas tiendas libanesas y sirias.

Kassar ama las visitas guiadas. Son importantes para él, para aprender alemán e intercambiar ideas. “Así veo mi propio barrio con otros ojos”, dice una participante, que vive en Neukölln e invitó al recorrido a sus padres, que viven en Wurzburgo y están de visita.

A pesar de la satisfacción que le deparan los recorridos por la ciudad, Kassar quiere seguir ejerciendo su verdadera profesión. Actualmente trabaja en el Departamento de Prensa e Información del Gobierno alemán y realiza prácticas en la Deutsche Welle. Ya ha entrevistado también a Angela Merkel, la canciller federal. Pero dice que pasará aún mucho tiempo hasta que domine el alemán con tanta seguridad como para poder trabajar en ese idioma como periodista en Alemania.

 “No es fácil integrarse en una nueva sociedad”, dice Kassar antes de la despedida. Empezando por la comida y las bebidas. “He probado ya vino con especias. Pero con la salchicha al curry no he podido”.

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