Nuevo comienzo en Berlín

Venezuela enfrenta grandes desafíos. Tres venezolanos exiliados cuentan sobre su nueva vida en Berlín. 

Carlos Mora
Carlos Mora privat

Jóvenes venezolanos, sobre todo, buscan suerte en el extranjero. Las Naciones Unidas estiman que aproximadamente 1,5 millones de venezolanos viven fuera de su país. Organizaciones no gubernamentales dicen que probablemente sean tres millones. Berlín, la capital de Alemania, atrae a muchos venezolanos. En deutschland.de, tres de ellos cuentan sobre su vida cotidiana. 

Carlos Mora, 28 años, de Puerto La Cruz

“Mi primer contacto con Berlín fue en un curso de uno de mis profesores… y me enamoré inmediatamente de la ciudad. Berlín es para mí, como arquitecto, sumamente interesante. La gente es abierta y simpática. Luego de mis estudios de grado me trasladé hace tres años de Caracas a Berlín. Mis padres me apoyaron, por suerte. Ahora realizo estudios de máster en la Universidad de Potsdam. Hoy no puedo imaginarme más volver a vivir en Venezuela. Amo el país, sus maravillosos habitantes y grandes posibilidades. Pero en la calle se tiene permanentemente miedo: a los policías corruptos, a los atracos y la violencia. La situación económica se vuelve cada vez más precaria. Mi madre –con la que me comunico diariamente por teléfono– recibe el equivalente de un euro de jubilación por mes. Como comerciante independiente, ya no puede trabajar, porque la importación de productos no funciona. Faltan alimentos, medicinas e, incluso, papel higiénico. Quiero quedarme en Berlín, aunque no es fácil encontrar un trabajo como arquitecto. Estoy agradecido de poder estar aquí. Muchos de mis amigos ya no pueden salir de Venezuela, porque les falta el dinero para ello y es cada más difícil recibir la documentación necesaria”.  

Mahelin Rondon Fernandes, 31 años, de Caracas

Mahelin Rondon Fernandes
Mahelin Rondon Fernandes privat

“Fue el sueño de más orden y reglas lo que me trajo hace cuatro años a Berlín. En Venezuela, el caos era demasiado grande. No dudé mucho. Quería aprender un nuevo idioma, tenía un títulos en ciencias de la comunicación y era optimista en cuanto a encontrar rápidamente un trabajo. Obtener un visado fue fácil, gracias a mi ciudadanía portuguesa, porque mi abuelo es portugués. También tenía algunos ahorros, porque, desde mi juventud, siempre trabajé. Muchas amables personas me facilitaron el nuevo comienzo en Berlín. Me mudé a un piso compartido, fui a cursos de alemán y rápidamente conocía a muchos alemanes. Encontrar un trabajo, naturalmente, nunca es sencillo. En mi sector, el de la producción cinematográfica, siempre se necesitan contactos. Hoy formo parte de redes y no puedo quejarme de falta de trabajo. En la vida diaria tuve, primero, que acostumbrarme a algunas cosas: por ejemplo, cómo son los trámites en el Registro de Identificación Civil o que con un billete puedo entrar simplemente al autobús de larga distancia, sin tener que esperar el visto bueno del conductor. En Venezuela, siempre se es controlado. Volver a Venezuela no quiero, de ninguna manera. La situación empeora constantemente. Ya ni siquiera funciona el abastecimiento de alimentos. Familias normales deben mendigar algo de comer en la calle, como si fueran personas sin hogar. Es triste y me rompería el corazón”. 

Gerardo Bernal, 31 años, de Caracas

Gerardo Bernal
Gerardo Bernal Ben Livne Weitzman

“Un amigo alemán fue el que me dijo en Caracas, hace un par de años: ve a Berlín. Llegué en 2013 y fue impresionante, aunque experimenté el invierno más duro de mi vida, ¡qué frío! En Berlín me siento libre y seguro. Puedo trasladarme sin problemas a pie y en bicicleta. Y pronto hallé muchos amigos. A pesar de que al comienzo no hablaba alemán, mucha gente me ayudó. Como experto publicitario, en Venezuela había trabajado para una revista de moda. Pero, por el momento, no veo futuro allí. La economía está en ruinas y las empresas prácticamente no pueden funcionar. A pesar de que la gente está frustrada, hay cada vez menos protestas. El temor a ser detenido es demasiado grande. Yo también tenía cada vez más miedo en mi vida diaria. En Berlín estoy cursando ahora estudios de grado en marketing. Al igual que yo, casi todos mis amigos viven actualmente en el exterior. Todos quieren volver algún día a Venezuela, para transformarla en un país mejor. Pero hasta que vuelva la esperanza de cambios, Berlín es mi segundo hogar”. 

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