“Donaciones 
para refugiados en Hamburgo 
y Erbil”

Corinna Walter ayuda como voluntaria a refugiados en Hanseatic Help.

Corinna Walter, voluntaria

Investigadores del Instituto Bernhard Nocht trabajan en Hamburgo y ayudan en el mundo. A pocos cientos de metros de distancia, siguiendo el curso del Elba, la situación es muy diferente. Allí, entre cajas de cartón, ropa y champú de coco, se intenta dar ayuda a quienes han venido de tierras lejanas a Hamburgo, como refugiados. Hanseatic Help es el nombre de la asociación que ocupa una enorme nave detrás de la lonja de pescado. Existe desde hace casi dos años.

En el verano de 2015, cuando decenas de miles de refugiados llegaban a Alemania, muchos ciudadanos de Hamburgo les dieron la bienvenida. Deseaban ofrecerles amparo, enseñarles alemán, donarles ropa y alimentos. Se reunieron en una sala del céntrico complejo ferial de Hamburgo. La población de Hamburgo empezó a traer en grandes cantidades aquello que necesitaban los recién llegados. Y los donativos crecían sin parar. En cuestión de días, todos los pabellones se llenaron de objetos, llegaron más voluntarios que se encargaban de recibir vestimenta, calzado, artículos de tocador o juguetes, para clasificarlos, embalarlos y llevarlos a refugiados. Fue la mayor campaña logística de voluntarios en Alemania en favor de refugiados. “Era algo alucinante”, cuenta Corinna Walter.

Corinna Walter tiene 37 años y trabaja actualmente en una tesis de doctorado sobre Brasil y su política de vecindad. Pero, en realidad, lo que hace es escribir correos electrónicos y coordinar el trabajo de voluntarios. Es parte del equipo de Hanseatic Help, que hizo frente a la fuerte afluencia de refugiados y coordinar la ayuda.

En el verano de 2015, Walter pensó que solo iba a “pasar un rato por ahí” y ayudar en el embalaje de cajas. Se ajustaba a su horario de trabajo. La asignaron al sector de material de higiene. Allí embaló durante horas y horas champú, cepillos de dientes, pasta de dientes, jabón de afeitar, cremas. Al día siguiente volvió y al subsiguiente también. En su tiempo libre Walter no hacía otra cosa que colaborar. Hoy ya reconoce las marcas de cremas para manos y champús tan solo por la tapa.

Y así como Walter había cientos de voluntarios que llegaban para ayudar y quedarse. Cada uno en su especialidad. Algunos clasificaban calcetines de niños, otros vaqueros. Otros, a su vez, desarrollaron un programa informático que permite poner orden en el caos y que ha sido perfeccionado desde entonces. Cuando tuvieron que abandonar las salas de la feria y mudarse a una nave del puerto, diseñaron nuevas secciones de modo que tuvieran logísticamente más sentido. En una mitad de la sala se aceptan, desembalan y clasifican donaciones. En la otra mitad se embalan cajas de cartón, etiquetan con código de barras y se apilan.

Las cajas son llevadas a un camión para su transporte a centros de refugiados, pero también a personas sin hogar de la ciudad y a otros necesitados. Y según relata Walter, lo que no se necesita en Hamburgo se transporta a otros países, a campos de refugiados en Sicilia e incluso a Erbil, en el norte de Irak. Hanseatic Help brinda ayuda rápida y eficiente. La asociación es algo más que una mera organización de ayuda humanitaria. Es una asociación que porta en su nombre aquello que define a la ciudad. Una asociación que reúne en sí las apreciadas virtudes que distinguen a Hamburgo desde hace siglos: el pragmatismo para la labor y el compromiso civil. //