Elecciones: un preciado bien

Por qué acuden a las urnas las personas de origen inmigrante en Alemania. Tres de ellas comparten sus razones aquí.

Esperando ante la mesa electoral (foto de archivo 2020)
Esperando ante la mesa electoral picture alliance/dpa

El 26 de septiembre, Alemania elegirá un nuevo Bundestag. 60,4 millones de personas tienen derecho a voto. Se calcula que más del doce por ciento, unos 7,4 millones de personas, tienen un origen migratorio. Tres de ellas nos cuentan aquí por qué van a votar.

“Cuando pude votar por primera vez, me emocioné mucho”, dice Alexander Davydov. “Lo hice para que mi voto contara y la sensación fue que realmente importaba”. A los cinco años, en 1993, sus padres llegaron a Alemania con él y su hermano desde San Petersburgo. Tras el colapso de la Unión Soviética, los judíos se vieron expuestos a un creciente antisemitismo, y como “refugiados de contingente” muchos de ellos pudieron emigrar a Alemania. El padre, ingeniero, hablaba alemán, lo había aprendido en la escuela. Pronto encontró trabajo en Dortmund, donde creció Alexander. El voto siempre ha sido muy importante en la familia. “Mi padre siempre votó a los partidos que apoyaban a las familias, quería que estuviéramos seguros y que accediéramos rápido a una casa unifamiliar”, dice Davydov, que trabaja como periodista deportivo en Fráncfort. A los 13 años, la familia se nacionalizó. Tras el bachillerato, Davydov hizo el servicio militar y posteriormente viajó por todo el mundo, como mochilero: por Asia, Oceanía, África Occidental y Oriente Medio. Le sigue gustando viajar. “He estado en más de 70 países del mundo, he estado en dictaduras y reinos. Para mí, vivir en democracia y poder votar después de cada viaje es como el primer sorbo de agua potable del grifo: incomparablemente precioso”.

Para mí, vivir en democracia y poder votar es incomparablemente precioso.

Alexander Davydov, periodista deportivo

Sevgi Sanna viajó con su madre siendo un bebé, desde la costa sudoriental del Mar Negro, en Turquía, a Alemania a principios de la década de 1970. Su padre trabajaba en la construcción en Baden-Wurtemberg y trajo a su familia a Alemania. “Una historia típica de trabajador inmigrante”, dice Sevgi, de 48 años. Hoy vive cerca de Fráncfort del Meno. “Me hice alemana a los 19 años”, relata. Su madre y sus siete hermanos también optaron por la nacionalidad alemana en la década de 1990. El padre no lo hizo. “Siempre se vio a sí mismo solo como un invitado en Alemania y más tarde también regresó a su antiguo país de origen”. Murió en Turquía antes de que se cumpliera el sueño de disfrutar de los frutos de su duro trabajo. La madre vaciló durante mucho tiempo, pero al final se quedó en Alemania con los hijos y nietos. Sevgi terminó el bachillerato, estudió y ahora trabaja en un banco. “Cuando pude votar por primera vez, fue muy importante para mí sentirme realmente en casa en Alemania y pertenecer a ella”, dice. Ahora participa en todas las elecciones. “Los turcos son muy sensibles políticamente, hablan mucho de política en sus familias e incluso cuando te encuentras con conocidos”, agrega. Su madre les preguntaba a menudo a ella y a sus hermanos sobre los programas de los partidos políticos. “Se enteró de los contenidos por nosotros y luego votó, aunque ella misma nunca aprendió bien el alemán”.

Poder votar fue muy importante para mí, para sentirme realmente en casa en Alemania y pertenecer a ella.

Sevgi Sanna, empleada

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“Pocos conocimientos de alemán” fue lo que impidió a Amina Chebli acudir a las urnas durante mucho tiempo. Esta marroquí de 40 años vive desde hace 20 años en Alemania y está nacionalizada desde 2013. Amina Chebli tiene cuatro hijos, el mayor de 18 años y el menor, de cinco. “Soy ama de casa”, dice. Pero también es comisionada honoraria para la Integración Deportiva y, durante la pandemia del coronavirus ha sacado a mujeres inmigrantes de la zona del Rin-Meno de sus estrechos pisos para que pudieran hacer ejercicio y practicar algún deporte. Con la familia, los amigos y los vecinos suele hablar sobre a qué partido es mejor votar. Pero, “¡todo el mundo dice algo diferente!” Amina proviene de una familia comprometida políticamente: su hermano es alcalde en Marruecos. Mientras tanto, ha aprendido mejor el alemán y quiere votar por primera vez en elecciones federales. Sin embargo, tiene una sugerencia de mejora: “Me gustaría ver más información de los partidos también en árabe”.

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