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Once amigos, 84 millones de seleccionadores

Wolf ZinnWolf Zinn, 23.06.2026
Football in Germany
© Fazit/Anton Vierietin/iStock

Durante estas semanas del Mundial, hay dos tipos de personas en Alemania. Por un lado están los que conocen cada estadio, cada entrenador y cada jugador, con sus puntos fuertes, sus puntos débiles y su historial de lesiones. Si les preguntas, por hacer la gracia, qué tiempo hacía en la tercera jornada del Mundial de 1974, te responderán: “Ligeramente nublado, pero tácticamente interesante, sobre todo cuando en el minuto 69 Günter Netzer sustituyó a Wolfgang Overath”.

Estas enciclopedias futbolísticas con patas y seleccionadores nacionales por vocación te explican la regla del fuera de juego en un par de horas y son capaces de pedir un crédito en cuestión de segundos para comprar una entrada para el Mundial, que cuesta lo mismo que un coche pequeño. Y siempre llevan encima el álbum de Panini. Los cromos que les faltan los “consiguen de forma estratégica”. En la oficina te susurran: “Ya tengo al defensa central derecho de Ecuador, ¿qué me ofreces a cambio?”.

El aficionado ocasional 

Y luego están los otros. Saben de fútbol más o menos lo mismo que el VAR de empatía. Pero suelen ser lo bastante listos como para no reconocerlo. Van a las pantallas gigantes porque allí se puede beber, animar y entregarse sin complejos a la euforia colectiva. Lo peligroso llega después del descanso, cuando preguntan: “¿Por qué de repente corren en la dirección equivocada?”.

El aficionado ocasional más espabilado se las arregla siempre con tres frases: “Tiene que pasar el balón antes”, “Eso no es una estrategia” y “Contra un equipo así hay que jugar de otra manera”. Estas frases siempre encajan, da igual si Alemania va ganando, perdiendo o si el portero está dando entrevistas en ese momento.

Lo que más rabia da es que son precisamente esos ignorantes los que acaban ganando todas las porras. Mientras Manuela argumenta, basándose en los datos de goles esperados (xG), la altura de la presión y la evolución del rendimiento del lateral izquierdo, que un 0-1 es “muy probable”, Peter apuesta por un 4-1 porque “las camisetas le gustan más” y, por supuesto, acierta de pleno.

Messi juega con los benjamines 

Por supuesto, el espíritu del Mundial también se deja notar en los campos de fútbol de barrio. Allí están los padres cuyos hijos de cinco años todavía confunden el pie derecho con el izquierdo al ponerse las botas, pero a los que ya se les considera “nuestro próximo Messi”. Los padres gritan “¡Distribución del campo!”, mientras Paul-Luca examina una margarita. Y no es raro que el entusiasmo culmine en peleas y expulsiones… de los padres. Qué no se hace por el rey fútbol.