Un artista que polariza

Joseph Beuys polariza, también en el 100 aniversario de su nacimiento. Pero es, sin duda, un artista excepcional. Una retrospectiva.

Beuys-Graffiti in Düsseldorf
Beuys-Graffiti in Düsseldorf picture alliance/dpa

Solo una vez se quitó públicamente el sombrero de fieltro. Fue en 1972 en Kassel, cuando Joseph Beuys boxeó contra su alumno David Christian-Moebuss en la Documenta 5. El artista había instalado en la Documenta 5 una "Oficina para Democracia Directa y Referéndum". Antes del combate de boxeo, que ganó en tres asaltos, pasó tres meses debatiendo con su público sobre el arte y la abolición de los partidos políticos. Joseph Beuys tenía entonces poco más de 50 años y era una estrella de la escena artística alemana. Con su fedora y su chaleco de pescador, se convirtió en una figura icónica, reconocida también en la calle tras sus apariciones en programas de entrevistas en TV. En EE. UU. cobró fama por una acción artística a mediados de los años 70, durante la que pasó varios días en una galería de arte con un coyote. Se reunió con el Dalai Lama y plantó 7.000 robles en Kassel. Se presentó como candidato por el entonces recién fundado Partido Verde y apareció en televisión con una canción pop política.

Joseph Beuys, que habría cumplido 100 años el 12 de mayo, hizo todo eso en nombre del arte. Lo hacía, decía, para, con una fe implacable en el arte, salvar a la humanidad de las imposiciones de la modernidad y curarla de sus heridas y temores. Para ello, estaba dispuesto a utilizar casi cualquier medio. Quizás el dibujante, escultor, activista, profesor y chamán del arte que acuñó la frase “Todo ser humano es un artista” sería hoy una estrella de YouTube. Beuys se convirtió en el artista alemán más influyente de la posguerra y, como Andy Warhol, en una figura del siglo. Beuys, que murió en 1986, fue amado y admirado por sus seguidores y alumnos, y objeto de burlas por parte por sus adversarios, que lo odiaban. Era un hombre que polarizaba. Y también será así en este año del 100 aniversario de su nacimiento, que se celebra a lo grande, especialmente en Renania del Norte-Westfalia. 

La leyenda de los tártaros

Porque fue allí, en Krefeld, donde nació Joseph Heinrich Beuys el 12 de mayo de 1921 como hijo de un comerciante. Pasó su niñez y juventud en Kleve y más tarde estudió escultura monumental en la Academia de Arte de Düsseldorf, donde también fue profesor desde principios de la década de 1960. En los años intermedios tuvo lugar la Segunda Guerra Mundial, que desempeña un papel importante pero también glorificado en su biografía. Joseph Beuys fue miembro de las Juventudes Hitlerianas y participó en la quema de libros en Kleve, en el patio de su instituto. Se alistó en la Luftwaffe (Fuerza Aérea) por doce años y, como artillero de un bombardero en picado, probablemente disparó a mucha gente. Que los tártaros lo atendieran, lo untaran con grasa animal y lo mantuvieran caliente con fieltro tras un accidente aéreo en Crimea en marzo de 1944 se considera actualmente una leyenda. Según Beuys, se trató de su “segundo nacimiento”, que luego utilizó para explicar su preferencia por la grasa y el fieltro como materiales artísticos.

La historia con la bañera

La grasa y el fieltro pueden almacenar energía y mantener el calor, y para Beuys, el calor era el catalizador de la creatividad. Solo a través de la creatividad, decía, podía el ser humano encontrar la libertad y encontrarse a sí mismo, para luego ejercer un papel activo en la sociedad. Además del fieltro y la grasa, que utilizó en obras famosas como la "Bañera", limpiada por error por dos mujeres que la encontraron en un depósito, para Beuys eran material artístico también la cera, la miel y los huesos de animales, las acciones, las ideas y los pensamientos. A ello se refería también en su “concepto ampliado de arte”, entendiendo la conformación artística de la sociedad como “escultura social”. Dos términos que fueron muy importantes para Beuys.

La proximidad a la antroposofía

La idea de que el arte cura las heridas psíquicas podría remontarse a su vez a experiencias de Beuys en los años cincuenta. El artista sufría por entonces de una fuerte depresión, debido a la ruptura de su compromiso con su novia y probablemente también a la por él no superada época del Tercer Reich. Apoyo encontró en la familia van der Grinten, a la que ayudó en su granja de Kleve, así como en libros y textos teóricos. Nietzsche, Goethe, Hamsun e ideas religiosas y ecológicas se convirtieron en sus puntos de referencia. Pero lo que más influyó sobre Beuys fueron Rudolf Steiner y la antroposofía. Cuando Beuys habla del “alma”, la “curación”, la “resurrección” o el "genio alemán", resuena el pensamiento de Steiner. Entonces se convierte en algo esotérico y extraño. Y como en los textos de Steiner también se encuentras tendencias racistas, una de las cosas que se critican hoy en día en Beuys es su cercanía a la antroposofía.

La recepción actual

Pero también existe Joseph Beuys apasionado conferenciante y profesor que, con Katharina Sieverding, Jörg Immendorff y Blinky Palermo, ha influido sobre toda una generación de artistas. Existe Beuys, el activista que cambió nuestra idea del arte. Que demostró que el arte no es una cuestión de material, sino de actitud. Por ello, en una exposición actual en Düsseldorf, se le sitúa en la vecindad de Edward Snowden y Greta Thunberg, mientras que otros, como discípulo de Steiner y opositor a la democracia parlamentaria, quieren situarlo en el rincón de los "conspiranoicos”. Por cierto, Beuys también tenía sentido del humor y era un excelente dibujante. La tarea hoy es conciliar todas esas facetas y contradicciones. Lo cual no es fácil, aunque solo sea porque en la obra de Beuys el arte no puede separarse del artista. Eso es también parte de su legado. Además, Beuys, que podía debatir durante horas sobre su obra, el arte y la sociedad con quien lo quisiera, hoy ya no puede responder a las preguntas. Ahora tenemos que hablar sobre él. Su centenario es una buena ocasión para hacerlo.

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