Economía sostenible

Christian Patermann, pionero de la bioeconomía, explica el potencial y los límites de una economía que apuesta por materias primas biológicas.

Industria y sostenibilidad no se excluyen mutuamente.
Industria y sostenibilidad no se excluyen mutuamente. Shutterstock

El Dr. Christian Patermann, de 78 años, fue director del Programa de Biotecnología, Agricultura y Alimentación de la UE desde 1996 hasta su jubilación en 2007 y miembro fundador del primer Consejo de Bioeconomía de Alemania, de 2009 a 2012.

Dr. Christian Patermann
Dr. Christian Patermann

Sr. Patermann, a usted se le considera un pionero de la bioeconomía. ¿Por qué?

En 2004, en un informe de la OCDE nos llamó la atención a mí y a mis colegas que ya se habían acumulado enormes conocimientos sobre cómo se pueden hacer útiles animales, plantas, insectos, microorganismos, enzimas o proteínas. Además, éramos conscientes de que esos recursos biológicos tenían toda una gama de propiedades prácticamente únicas: su capacidad de renovación, su compatibilidad con el clima y su potencial económico. Los nuevos materiales fabricados a partir de recursos biológicos suelen ser menos tóxicos y para su producción se requieren menos agua y energía. Todos esos factores nos llevaron a preguntarnos: ¿es posible pensar en una economía basada en materias primas predominantemente biológicas? Sin embargo, fuimos modestos e inicialmente creímos que podría ser solo un importante nuevo tema dentro del 7º programa de investigación de la UE, a saber, la bioeconomía. Pero las cosas resultaron diferentes.

Prefiero hablar de bioeconomías que de bioeconomía.

Christian Patermann, pionero de la bioeconomía

Nos lo podría explicar…

Muy rápidamente, varios países desarrollaron en los años siguientes sus propios planes de acción, hojas de ruta y estrategias bioeconómicas, que iban mucho más allá de nuestros planes de investigación. Actualmente, más de 60 países tienen programas de bioeconomía muy diferentes. Por lo tanto, prefiero hablar de bioeconomías que de bioeconomía. En Francia, Irlanda, Italia, los países del Benelux y particularmente Finlandia ya existen grandes líneas de producción bioeconómica en los sectores de la química, la silvicultura y especialmente en la producción de biocombustibles. Lo mismo vale para China, Tailandia, Malasia, Indonesia, Japón, Canadá y Estados Unidos.  

Sin embargo, el uso de recursos renovables también puede dar lugar a nuevos conflictos, por ejemplo, en lo que respecta a si se cultivan alimentos, piensos o plantas para biocombustibles.  

Sí, lamentablemente en muchos países de la UE el debate bioeconómico de los últimos años se ha centrado demasiado unilateralmente en los biocombustibles. Esa nunca fue nuestra intención. Siempre hablamos de cuatro componentes de igual relevancia: alimentos, pienso, fibras y combustible. La solución debería ser simplemente que la materia prima para biocombustibles se cultive en suelos áridos o semiáridos o provenga de desechos, es decir, que no compita con la producción de alimentos. Hay que investigar aún mucho en esa área. En todo caso, me alegra que actualmente se vuelva a hablar más de materiales no energéticos, es decir, justamente de los cuatro componentes.

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