Líderes tecnológicos europeos

Cómo una empresa holandesa y dos alemanas se convirtieron juntas en líderes del mercado mundial de máquinas para la producción de súper microchips.

La milagrosa máquina que produce súper microchips
La milagrosa máquina que produce súper microchips Bart van Overbeeke

Cada vez más pequeño, cada vez más rápido: desde la invención de los microchips, ese ha sido el objetivo de los fabricantes. Eso significa que cada vez más transistores son integrados en la misma superficie. Los transistores son los elementos de computación de los ordenadores, por lo que su densidad aumenta la potencia de computación. Y son extremadamente pequeños: el teléfono celular iPhone 11 contiene siete mil millones de transistores que realizan billones de cálculos por segundo.

En algún momento, sin embargo, no va más. La Ley de Moore, un dogma de la industria de los chips, según el cual el número de transistores en una misma superficie se duplica cada pocos meses, alcanza sus límites físicos. Hasta que nuevas tecnologías, tales como las biocomputadoras o los ordenadores cuánticos, salgan al mercado, la industria está sujeta a esos límites físicos. Pero como la inteligencia artificial y la realidad virtual exigen rendimientos cada vez mayores, se necesitaba una nueva herramienta para montar aún más transistores en una misma superficie con la técnica actualmente a disposición.

Tecnología de empresas alemanas medianas

ASML, un fabricante holandés de sistemas de litografía y dos empresas alemanas –el grupo óptico Zeiss y el fabricante de láseres Trumpf– han desarrollado conjuntamente una herramienta de ese tipo: el iluminador NXE:3400B de litografía ultravioleta extrema (EUV), que pesa 180 toneladas y cuesta alrededor de 120 millones de euros. Su tecnología láser genera una luz ultravioleta extrema con la que se pueden producir chips mucho más potentes que hasta hace poco.

En los procesos de grabado de los chips de silicio desempeña un importante papel la longitud de onda de la luz. Cuanto más cortas son las distancias entre las ondas, más rica en energía es la luz y más precisos y finos son los grabados de las estructuras.

La luz del nuevo sistema tiene una longitud de onda de sólo 13,5 nanómetros. Hasta ahora, la industria había estado trabajando con 193 nanómetros. Esa inmensa reducción permite producir estructuras con un tamaño de unos cinco nanómetros. Una comparación demuestra su pequeñez: si se redujera un balón de fútbol a un nanómetro, sería como reducir la tierra al tamaño de un balón de fútbol. Solo Zeiss dispone del conocimiento para producir los espejos necesarios para ello y solo Trumpf domina la tecnología para fabricar los correspondientes láseres. Ambas empresas son consideradas líderes del mercado global en su área. La industria mundial de los chips depende ahora de sus innovaciones.

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