Impresas en lugar de atadas: cómo un estudiante reinventa las zapatillas
Una idea descabellada de un estudiante se convierte en la marca Zellerfeld: Cornelius Schmitt fabrica zapatillas deportivas con impresoras 3D, que también llevan estrellas como Justin Bieber.
La historia de esta marca emergente no empieza en un garaje ni en un laboratorio, sino en una habitación de estudiante. Y comienza con una obsesión: “Me encantan los zapatos”, dice Cornelius Schmitt, fundador de la nueva y exitosa marca Zellerfeld. Hace unos diez años, cuando tenía poco más de 20, construyó él mismo sus primeras impresoras 3D y programó el software necesario. Para hacer realidad una idea descabellada: zapatillas fabricadas íntegramente con una impresora 3D. “Era simplemente un proyecto de aficionado cuando era estudiante”, cuenta Schmitt.
Eso que suena un poco friki se convirtió en la esencia de la marca Zellerfeld, que lleva el nombre de Clausthal-Zellerfeld, la localidad de Baja Sajonia donde Schmitt estudió. Schmitt observó en las redes sociales cómo los diseñadores y diseñadoras experimentaban con formas y siluetas innovadoras, con más audacia que las grandes marcas. Les hizo una oferta pragmática: “Tú me das tu diseño y yo te lo imprimo gratis, pero a cambio también me lo puedo quedar”. Así, un diseño siguió a otro y la idea causó sensación.
Del experimento a la plataforma de diseño
Actualmente hay más de 1000 modelos entre los que elegir, desde los más extravagantes hasta los más clásicos. Y tienen muy buena acogida, incluso entre famosos aficionados a las zapatillas: la antigua estrella del baloncesto Shaquille O’Neal encarga docenas de pares en la talla 60; la estrella del pop Justin Bieber, el rapero Drake o el músico Will.i.am también son fans de Zellerfeld.
La clave está en la tecnología: en lugar de 30 materiales, la zapatilla se imprime a partir de un único hilo de plástico, cuya estructura se “teje” de forma más densa o más aireada según las necesidades. El resultado pretende dar una sensación menos de plástico y más de tejido, inspirada en “los calcetines de lana de la abuela”, como cuenta Schmitt. ¿Y el plazo desde el diseño hasta el lanzamiento al mercado? Lo que normalmente lleva hasta 24 meses, aquí se reduce drásticamente: a 24 horas.
Gran demanda
La gran demanda obliga a Zellerfeld a ampliar su capacidad. En Hamburgo ya hay más de 200 impresoras 3D y Schmitt ha montado una segunda nave de producción en Austin, Texas. Se prevé que los costes de producción bajen pronto a entre 10 y 20 euros por zapatilla. “De repente, cualquier puede hacer un zapato. Y esa es precisamente la energía que queremos aportar al sector”, afirma Schmitt. Detrás de esta visión ya no hay un único fundador, sino que el equipo ha crecido hasta alcanzar una plantilla de tres cifras. Además: en colaboraciones, como las primeras impresiones 3D multicolores realizadas junto con Nike, Schmitt ve “otro gran avance e hito”. (con dpa)