“Este es nuestro seguro de vida”

Lucha contra el hambre: Stefan Schmitz dirige la Fundación Crop Trust, que en caso de emergencia podría asegurar la alimentación del mundo.

Stefan Schmitz guarda las semillas del mundo.
Stefan Schmitz guarda las semillas del mundo. Stefan Schmitz

El lugar de trabajo de Stefan Schmitz, de 64 años, se encuentra en un lugar histórico: en el antiguo edificio de oficinas de los diputados del Bundestag en Bonn. El tamaño de su oficina y la vista sobre el Rin permiten suponer que en su momento fue utilizado por un líder de partido. Schmitz no se dedica a la política, pero su trabajo es igual de importante. En el Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo (BMZ), dirigió la iniciativa “Un mundo sin hambre”, un programa de 1.500 millones de euros. Desde hace tres años recauda fondos como director ejecutivo de la Fundación Crop Trust para preservar la biodiversidad y la diversidad de las semillas de cultivos. Se trata también de asegurar la alimentación de la población mundial.

La  entrada al banco internacional de genes Svalbard Global Seed Vault (SGSV), en Spitsbergen.
La entrada al banco internacional de genes Svalbard Global Seed Vault (SGSV), en Spitsbergen.
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El Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos existe desde 2004 y hasta la fecha ha recibido 300 millones de dólares. Los intereses de ese capital se utilizan para subvencionar el funcionamiento de los bancos de semillas más importantes del mundo. El proyecto faro es la Cámara Global de Semillas, en Spitsbergen, Noruega. Allí se almacenan 1,1 millones de muestras de semillas diferentes. Una muestra se compone de unas 500 semillas. “Esto es algo así como un seguro de vida para el futuro suministro de alimentos del mundo”, dice Schmitz. Y agrega: “queremos estar preparados para cualquier posible desastre. No sabemos lo que viene”.

La Cámara de Semillas es el seguro de vida.

Stefan Schmitz, director ejecutivo de la Fundación Crop Trust

¿Qué podría ser? Enfermedades y plagas de las plantas, catástrofes naturales y guerras, como la guerra civil en Siria en 2011. Un importante banco de genes cerca de Alepo, que también suministraba semillas a los agricultores de las zonas secas de Oriente Medio, había enviado paquetes de semillas de antiguas variedades de trigo, lentejas, cebada y habas a la Cámara de Semillas poco después del estallido de la guerra. “Eso permitió que el banco de genes continuara su trabajo a pesar de su destrucción”, dice Schmitz.

La tarea de Crop Trust es enorme. Falta dinero, el cambio climático y la creciente necesidad de terrenos para asentamientos crean presión de tiempo. El reto es encontrar variedades que resistan la sequía, las altas temperaturas y las fuertes lluvias. “Los parientes silvestres de nuestras plantas de cultivo están desapareciendo antes de que podamos conseguir sus semillas”, dice Schmitz. Y aunque 300 millones de dólares es mucho dinero, se necesita el triple para cumplir la tarea, agrega.

Así se ve el banco de genes debajo de la tierra.
Así se ve el banco de genes debajo de la tierra. picture alliance / ZB

Pero Stefan Schmitz no se desilusiona: su lema sigue siendo “la diversidad importa”. Su cultivo favorito, por cierto, es el tomate. Ya ha empezado a cultivar tomates él mismo. ¿Las semillas de su granja también se almacenarán en Spitsbergen? Schmitz se ríe. “No, no. Yo soy geógrafo. En realidad solo me dedico al cultivo porque me gusta la cocina mediterránea y los tomates son muy saludables”.

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