"Upcycling" se pone de moda

Crear cosas útiles a partir de residuos. Ésta es la idea detrás del "upcycling", que beneficia tanto al medio ambiente como al bolsillo.

Bildagentur Zoonar GmbH/shutterstock - Upcycling

Desechar ya es el pasado, reciclar es el futuro. "Upcycling" es la nueva tendencia. Lo que suena novedoso, en realidad existe ya desde hace mucho tiempo: las cosas viejas o desechadas asumen una nueva función y se revalorizan. ¿Ejemplos? Chancletas playeras hechas con neumáticos, bolsas con botellas de plástico o sillones con paletas. En muchos países en desarrollo, el upcycling ya es algo cotidiano. Y también en Alemania las generaciones mayores vieron cómo en los años de posguerra, por ejemplo, se fabricaban candados para bicicletas con cables eléctricos, demostrando la frase que: "la necesidad agudiza el ingenio".

Nueva función para un producto usado

La causa de que en Alemania y otros países industrializados en los últimos años el upcycling sea cada vez más popular hay que buscarla en el deseo de la gente de una mayor individualidad y singularidad. Todo lo relacionado con la creatividad, el trabajo manual y el bricolaje atrae tanto como nunca antes. Upcycling toca el nervio de la época. Es lo que también reconocieron a tiempo Stanislaus Teichmann y Eric Pieper de "Upcycling Deluxe", en Berlín. En su tienda, en la Kastanienallee, venden desde hace tres años gorros hechos con sacos usados de café, pendientes con piezas de Lego, colgadores de llaves con libros y billeteras con material de envasado. "Queríamos llevar adelante algo sostenible", cuenta Teichmann. A diferencia del “recycling”, en el “upcycling” se revaloriza la materia prima original y se la reincorpora así al circuito de mercancías, explica el dueño de la tienda.

Alemania está a la vanguardia de la recuperación de residuos. En ningún otro país europeo se recicla más: más del 70 por ciento de todos los envases desechables. Sin embargo, según un estudio reciente, los ciudadanos de Alemania también generan 614 kg de residuos por año, 131 kilogramos más que la media europea. Es decir, quien en el futuro use el barril de vino como caseta de perro, la antigua cuchara de plata de la abuela como gancho de pared o el ordenador en desuso como buzón, no solo tendrá objetos originales, sino que también hará algo por el medio ambiente.

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