¿Por qué los finlandeses son tan felices?
Según el Informe Mundial de la Felicidad, los finlandeses son el pueblo más feliz. Kati Lehtinen-Hahn es finlandesa y vive en Alemania. Nos cuenta qué podemos aprender de los finlandeses.
Con 16 años, esta finlandesa llegó por primera vez a Alemania como estudiante de intercambio, y desde entonces volvió una y otra vez, hasta que en 2001 decidió establecerse allí de forma definitiva. Los finlandeses, dice, son un pueblo melancólico. Pero, según el Informe Mundial de la Felicidad, también son los más felices, lo cual suena contradictorio a primera vista.
Señora Lehtinen-Hahn, ¿cómo se explica esa contradicción?
Los finlandeses son un pueblo muy amable y siempre dispuesto a ayudar. Pero los largos y oscuros inviernos son duros. ¡Por suerte existen las saunas! Y además, los finlandeses se las ingenian para pasárselo bien: desde campeonatos de guitarra imaginaria y carreras cargando a cuestas con la mujer, hasta el hobby horsing, una curiosa disciplina que, por cierto, fue inventada en Finlandia. Por mucha que sea la oscuridad, siempre encontramos algo que nos haga reír.
Lleva 25 años viviendo en Alemania y conoce bien ambas culturas. ¿Qué pueden aprender los alemanes de los finlandeses?
En Alemania, la gente se queja mucho, algo que no conocía de Finlandia. Creo que con pequeños gestos se pueden lograr grandes cosas. Una vez, por ejemplo, una dueña de un comercio me preguntó por qué sonreía a todo el mundo. La respuesta es sencilla: cuando sonríes, la gente suele devolverte también una sonrisa. Después lo probó ella misma y me contó que, para ella, fue un auténtico punto de inflexión. Además, en Finlandia percibo una transparencia completamente distinta, por ejemplo, al hablar de los sueldos. Todo el mundo sabe cuánto gana una persona en el mismo puesto. Creo que en Finlandia la gente confía en su sociedad y en la política, y eso contribuye mucho a sentirse satisfecho y feliz.
Y aun así, todo el mundo tiene algún día malo. ¿Qué se puede hacer entonces para recuperar la felicidad?
Tengo una norma básica en mi trabajo: las emociones negativas las dejo fuera. Cuando cruzo la puerta, las dejo atrás. Y cuando siento que necesito recargar las pilas de verdad, solo hay una solución: viajar a mi tierra, a Finlandia. Allí tenemos una casa junto a un lago, en plena naturaleza y completamente aislada. Ahora, con electricidad, pero aún sin agua corriente. La calma y el silencio me ayudan a recargar las pilas.