Aquí vive 
el alemán 
promedio

Hassloch, en el Palatinado, está considerada la comuna promedio por excelencia en Alemania y es ideal para realizar estudios de mercado

Jonas Raterman - Hassloch

Nueve de la mañana. La panadería está llena de gente. Algunos clientes compran panecillos para el desayuno, otros beben un café recostados a mesitas altas. La atmósfera es vivaz. Si se cerraran los ojos, podría opinarse que se está en un bar de café expreso en una ciudad del norte de Italia… si no fuera por el idioma: el dialecto alemán del Palatinado. Seis damas de edad media conversan sobre sucesos locales y las 
últimas novedades. Comentan mudanzas de vecinos y un fallecimiento. “¡Mi Dios, no!”

Un par de cientos de metros más allá, el mundo parece haberse detenido. No se ve a nadie y reina un singular silencio. Raramente se escucha un auto, 
solo de cuando en vez pasa una bicicleta. Las fachadas de las casas están pintadas de colores pastel. 
Sobre los techos gorjean algunos gorriones, a lo lejos canta un gallo. Algunas cortinas se mueven. Alguien se halla detrás. Bienvenido a Hassloch, en el corazón del Palatinado.

La comuna tiene 21.000 habitantes y crece. “Para familias con hijos es muy atractivo vivir aquí”, dice Michael Rossdeutscher. Agrega que la nueva urbanización 
en la margen sur del pueblo goza de gran aceptación, ya que la comuna ofrece todo lo que se necesita. Rossdeutscher es director del depósito de máquinas y materiales de construcción de la comuna y vive en Hassloch desde 1982. “Tenemos 103 asociaciones, todos los tipos de escuela, una piscina y estamos junto a la autopista”, resalta. También las conexiones de tren son buenas. Una gran parte de la población activa 
trabaja en Ludwigshafen, a unos 25 kilómetros de distancia, en BASF, el mayor grupo químico del mundo. En Hassloch se está desarrollando un nuevo parque empresarial. La comuna tiene una gran dinámica.

No son, sin embargo, esos aspectos los que ponen 
a Hassloch una y otra vez en los titulares de los 
medios. La aldea es famosa en toda Alemania como área de tests de la empresa de investigación de mercados GfK. En Hassloch se prueba la viabilidad de mercado de muchos nuevos productos. Con clientes y tiendas reales. El muestreo abarca 3500 de los algo más de 11.000 hogares de Hassloch, explica Göran Seil, director del área de Mercados de Prueba en GfK. “Esa muestra es una imagen reducida de todos los hogares en Alemania”, agrega. La estructura 
etaria del grupo de prueba es similar a la de toda Alemania. Los hogares unipersonales de personas menores de 30 años, por ejemplo, son el 10 por ciento, lo que se corresponde casi exactamente con el promedio alemán. “También la distribución de los ingresos es la misma”, agrega Seil. El índice de poder de compra es en Hassloch de 101 puntos, mientras que en Alemania es de 100. Un paraíso para los expertos en estadística y condiciones ideales para los investigadores de mercado.

Todo comenzó en 1985. Fue el año en que llegó a Alemania la televisión por cable. Hassloch fue una de las primeras comunas conectadas a la red. La televisión por cable abrió la posibilidad de emitir spots de televisión solamente para Hassloch, sin que los viera el resto de Alemania. Ese enfoque continúa aplicándose hasta hoy. Los espectadores no saben, sin embargo, qué spots están dirigidos especialmente a ellos. En los supermercados de la aldea nada llama la atención. “Realizamos unas 15 pruebas de nuevos productos por año”, dice Göran Seil. En Alemania son introducidos en el mercado unos 30.000 nuevos productos por año. Quien en Hassloch quiera descubrir entre 
el gran número de productos aquellos que están a prueba, debe mirar muy detenidamente.

Los tests de prueba de productos en condiciones reales son muy caros. Con los tests puede ahorrarse, sin embargo, mucho dinero: cuando un producto no se impone en el mercado a nivel de toda Alemania, es mucho más caro. Una pasta dentífrica que poca gente compra o una nueva golosina que no da con el gusto del público son para las empresas más caras que un test de mercado local. Esa es la ventaja de Hassloch como laboratorio de pruebas, resalta Göran Seil. “Lo que no les gusta a los habitantes de Hassloch tampoco va a gustar en el resto de Alemania”, agrega. Ello es confirmado por 29 años de éxito: “Aún no hemos errado ni una sola vez”. Los clientes de GfK pueden analizar en Hassloch también la eficacia de diferentes estrategias de publicidad. ¿Cuán eficaz es una combinación de avisos publicitarios en medios impresos y spots de televisión? ¿Qué ventaja supone ofrecer degustaciones en los comercios? 
Seil resalta que en Hassloch es calculable incluso 
la relación costos –beneneficios de una campaña 
publicitaria a nivel nacional.

A los participantes en las pruebas se les ofrece algunos incentivos. Manuela Ruffer, vendedora en una carnicería, y su familia pertenecen al grupo de prueba desde hace 20 años. “Todas las semanas recibimos de regalo una revista con la programación de televisión”, dice y se ríe. Descuentos en las cuotas de la televisión de pago, por el contrario, ya no se conceden. Las compras de los Ruffer son registradas a través 
de una tarjeta con un chip, al igual que las de todos 
los participantes en las pruebas. La tarjeta debe ser presentada con ocasión de toda compra que realizan en uno de los supermercados que participan en el 
sistema de pruebas: consumidores transparentes al servicio de la economía de consumo.

Pero, ¿es Hassloch realmente una aldea promedio, tal como los estadísticos dicen? ¿Existe algo así como 
un sentimiento de vida propio de Hassloch? Jasmin Özdüzenciler, que nació en Landau, Palatinado, se mudó hace cuatro años a Hassloch por motivos laborales. Trabaja para la Oficina de Turismo local y alaba la política de la comuna favorable a las familias. En 
la localidad existe también un fuerte sentimiento 
de identificación. “La cohesión entre los habitantes 
de Hassloch es grande”, dice. Y agrega que también hay muchos comercios para ir de compras.

La oferta es quizás incluso demasiado grande. Göran Seil ha observado en los últimos años también cambios en los comercios de Hassloch. Se constata una tendencia a la sobreoferta y probablemente una competencia destructiva, dice el investigador del GfK. Los que más sufren la competencia de los grandes 
supermercados son particularmente los pequeños comercios en el centro. Manuela Ruffer sabe de las penurias de los comerciantes. Dos carnicerías debieron cerrar, dice, mientras envuelve fiambre detrás del mostrador. Su propio jefe, por el contrario, le ha declarado la guerra a los productos baratos que ofrecen los supermercados. Compra carne de primera 
calidad de la región de Hohenloher Land y produce con ella sus propios productos. Muchos clientes lo saben apreciar, resalta Ruffer. También esas tendencias son constatadas en Hassloch. ▪